Levantera. Por Fernando Santiago

26 de agosto 2016 - 07:07

En 1935 José María Pemán escribió una obra de teatro costumbrista titulada “Noche de levante en calma” donde desarrolla una trama a partir de la alteración de la conducta provocada por este contumaz viento que nos ha azotado toda la vida, y de manera especial este verano. En Cádiz hay toda una tradición de manías vinculadas a la irrupción del levante, desde los seminaristas a la llegada de un circo, con especial reflejo en el carnaval como la chirigota “Ojú, ya saltó el levante”, el preciso pasodoble de “Los buscavidas “ “Cádiz es mujer con dos novios, el poniente y el levante” o el célebre tango de “Hay moros en la costa” en 1984: “hasta el pan del día lo pone duro, no dan pie con bola los tarjajosos (…) con este viento no hay, quien lea en la calle ese pedazo de Diario de Cádiz”. Hay un profundo debate sobre si la persistencia del levante altera la conducta hasta tal punto que pueda dar una explicación a la proliferación de lo que en Cádiz siempre se llamaron los picaítos, aunque el reputado siquiatra Leonardo Casiais defiende la tesis contraria. El Barrio tituló su último álbum “Hijo del levante” , como se llamaba el libro que recopilaba los famosos personajes callejeros de la ciudad que servían de diana para la crueldad infantil y llenaban de simpatía las calles . Durante mucho tiempo se sostuvo que el levante y los militares consiguieron que la costa de Cádiz no se pareciese a la Costa del Sol aunque la proliferación de practicantes de Kite Surf ya ha conseguido que algunos promotores inmobiliarios pongan sus ojos en Tarifa. El perfil de la provincia se ve ahora cubierto de aerogeneradores, como recogió Antonio de Felipe en sus pinturas e incluso sirvió para la promoción turística. A mi entender quien mejor ha retratado el influjo del levante en Cádiz fue Rafael Alberti en un célebre soneto, cuyo original se conserva en la Diputación: “Siglos de sacudidas sin reposo/el viento, el viento súbito en acoso/El viento de levante, siempre el viento”. Comprendo que LLORECA tiene en esta ocasión motivos para su habitual gimoteo ya que muchos de los turistas que nos visitan se quejan, con razón, del inclemente azote del viento. Yo, solo por llevar la contraria, estoy encantado. El levante es una magnífica excusa para no tener que ir a la playa, con lo desagradable que es y lo mal que se pasa. En cambio en casa se está de categoría, con el aire acondicionado, gloria bendita. No lo puedo remediar, me dibujaron así, que dijo Jessica Rabbit. Fernando Santiago

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