EMERGENCIA EDUCATIVA EN ESPAÑA. Por Daniel López Marijuán

22 de diciembre 2019 - 00:41

EL NUEVO INFORME PISA: SE MANTIENE LA EMERGENCIA EDUCATIVA EN ESPAÑA

De nuevo, otro varapalo que nos llega de los resultados del último Informe PISA, que evalúa las competencias del alumnado de 15 años en ciencias, matemáticas y lectura, aunque esta última no se ha publicado por manifestar conclusiones extrañas. Los resultados del último informe PISA, el sistema de evaluación internacional a estudiantes de 15 años realizado en 72 países, sitúan a los alumnos de España por debajo de la media de la OCDE tanto en matemáticas como en ciencia. Los alumnos españoles de 15 años han bajado 4,5 puntos en Matemáticas y hasta 9,5 puntos en Ciencias en las pruebas realizadas en el 2018 con respecto a las del 2015, y se han vuelto a situar por debajo de la media de la OCDE en el primer estudio tras implantarse la LOMCE en cuarto de la ESO.

De nuevo, el balance se revela francamente negativo y sin visos de remontada. Las reformas y contrarreformas educativas emprendidas en los últimos años a partir de la LOGSE no solamente han sido incapaces de superar este declive, sino que además han ahondado la brecha cultural entre la enseñanza pública y la privada, privilegiando indecorosamente a esta última, y se han arropado de una coraza pseudopedagógica que ha imposibilitado una crítica racional a los desmanes reformistas. Las propuestas para la modificación de la nefasta ley Wert son algo menos que lo que hubiera sido necesario, su derogación. Sin embargo, ponernos a buscar un pacto por la educación que supere los errores y las insuficiencias de las siete leyes que han regido el sistema educativo desde la Ley General de Educación de 1970, es una quimera. Cuando la educación se ha convertido en un campo de batalla de las diferentes formaciones políticas, es impensable que pudiéramos conseguir algo de racionalidad. Como siempre, el profesorado asiste a todos estos informes como espectador y convidado de piedra, cuando es la clave de toda reforma educativa. Además de la frustración y de la impotencia, estamos comprobando cómo las nuevas cohortes de profesores (y profesoras) cada vez aceden a la profesión con menos ánimos y expectativas (lo que antes se llamaba “vocación”). Además, como muchos son millenials, desafectos de la lectura, los niveles de bagaje cultural y de comprensión lectora y escrita van a la baja. La formación del profesorado sigue siendo la eterna asignatura pendiente. Sin embargo, es injusto cargar las culpas al profesorado, sometido a recortes, masificación, burocracia y falta de respaldo de padres y Administración, lo que le convierte en el pim pam pum del problema. Los gurús pedagógicos que se enseñorean (sin dar clase) del control educativo, ya se encargan de pontificar que “los sistemas educativos nunca fallan, sino los profesores, que no saben aplicarlos, dada su falta de formación”. Como reconoce Andreu Navarro (“Devaluación continua”), “el profesor está exhausto, devorado por una burocracia para generar estadísticas que le quita energía mental para dar clase”. Mientras no haya un desmantelamiento de los asesores, expertos y demás hechiceros que acaparan todas las instancias donde se cuecen las leyes, órdenes, decretos y reglamentos educativos, no hay salida. Mariano F. Enguita, uno de estos popes, sociólogo en este caso, peroraba en Cuadernos de Pedagogía: “El malestar docente en muchos es malhacer y en alguno hasta malser. Se trata de un discurso circular y autista, pero cada vez más ruidoso”. Sólo le faltó llamarnos malnacidos. Habría que despolitizar el acuerdo educativo (sacar a los partidos políticos del pacto), dejar en manos de genuinos profesionales en activo y desprejuiciados el manejo de los tiempos, recurrir a evaluaciones externas para diagnósticos correctos, prescindir de la religión como aderezo del proceso (enseñanza laica) y romper el fetiche de la enseñanza comprensiva e igual para todos, adaptándola a los verdaderos intereses y necesidades de adolescentes y jóvenes. Que el 25 % de los escolares no acaben la ESO, es un escándalo. Que el analfabetismo funcional siga en aumento, otro. Los responsables del estado de degradación en que se encuentra la enseñanza, tienen nombres y apellidos, por más que se escuden en la falta de recursos o el escaso entusiasmo del profesorado. Mentiras: son un modelo educativo disparatado, unas propuestas psicopedagógicas delirantes, un abandono del rigor y de la excelencia, una intromisión burocrática continua, un desplome de la cultura del esfuerzo…las verdaderas responsables del hoyo en que nos han metido los hacedores del mal. El igualitarismo a la baja es una injusticia, porque la escuela deja de ser un elemento de progreso intelectual y de mejora social. Los aprobados de despacho se han multiplicado en los últimos años, sustituyendo el deber de estudiar por el derecho a promocionar. Son los alumnos que destacan los que están desatendidos y marginados: se aburren o se les hace la vida imposible. Del profesorado se reclama sólo la sumisión, el reclutamiento y la complicidad (volvemos a la división entre afectos y desafectos). Al alumnado se le alienta a buscar lo inmediato (rápido), lo concreto (simple) y lo fácil (gratis). El proteccionismo de los padres los lleva incluso a boicotear las tareas escolares en casa (CEAPA, Confederación de España de Padres y Madres del Alumnado). Desgraciadamente, las políticas educativas siguen el penduleo más grosero: del autoritarismo al antiautoritarismo, del elogio de la razón al relativismo cultural. Es grave la abdicación pedagógica de muchas familias, pero lo peor ha sido ver cómo los políticos se niegan a reconocer la evidencia del desastre educativo para encastillarse en una contemplación complaciente, ideológica y electoralista de la enseñanza. El reclutamiento que practicó la Consejería de Educación (PSOE) con su Programa de Calidad y Mejora de los rendimientos escolares de los centros educativos públicos, gastó 165 millones de euros de 2009 a 2012 a base de pagar un sobresueldo a los profesores que suspendieran menos (“mejora de los resultados académicos de los alumnos”, en la jerga eufemística). Insistir tercamente en mantener el rumbo torcido de la educación en España, aprovechándose del carácter reaccionario de las propuestas de la LOMCE para continuar con la mercancía averiada y tóxica que inició la LOGSE, es no querer salir del agujero. No hay que desanimarse; el trabajo de enseñar y educar puede ser todo menos rutinario si sabemos (y nos dejan) confrontar ideas, compartir compromisos, formar espíritus libres y responsables. Y para eso están los profesores. Antonio Muñoz Molina: En la izquierda, cualquier crítica del estado actual de la educación activa como un anticuerpo la acusación de nostalgia del franquismo. La derecha se ríe con esa sonrisa cínica del ministro de Educación: ellos van a lo suyo, a desmantelar lo público y favorecer los intereses privados y el dominio de la Iglesia, y en cualquier caso siempre tienen medios para costear estudios de élite y másteres a sus hijos. Es la clase trabajadora la que paga el precio de tantos años de despropósitos. De nuevo la ignorancia es el mayor obstáculo para salir de la pobreza. Quizás no falta mucho tiempo para que aparezcan de nuevo visionarios que vayan predicando por los barrios populares la utopía liberadora de la instrucción pública. Javier Gomá: La espontaneidad, las preferencias personales y las pulsiones instintivas se han elevado a ley suprema de la moralidad. La libertad es requisito de la ética, pero no la ética misma. Javier Cercas: El principal problema de este país es la educación, el desprecio por los valores del trabajo y el conocimiento y la falta de respeto por quienes tratan de inculcarlos”. Cádiz, 19 de diciembre de 2019 Daniel López Marijuán

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