Camarón no merecía esto.Por Carlos Funcia

14 de septiembre 2012 - 18:34

CAMARÓN NO MERECÍA ESTO La Bienal de Flamenco de Sevilla anda desnuda y eso lo ven los buenos aficionados, aunque no del todo así una crítica flamenca sevillana genuflexa y secuestrada por su propio ego y su propia desnudez. La Bienal de Flamenco de Sevilla camina desnuda, pero qué porte, cómo manotean las bailaoras, que quejío ‘ancestral’ de las gargantas, qué virtuosismo de las bajañíes. ¡Qué bien vestida va la Bienal!, se dice a diario una crítica que parece creer que es ella, y sólo ella y su Bienal, la depositaria de la declaración de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. No existe el Festival de Jerez, ni el Cante de las Minas, ni el Potaje de Utrera, ni los Verdiales, ni Moguer, Ni la Noche Flamenca del Albaicín, Ni La verde Oliva. No existe Camarón. Hace 20 años que se fue el rey, el golpe de timón del flamenco, la voz y el estilo de quien halló nuevos horizontes y enganchó a la juventud con el arte jondo, y a la Bienal se le ocurrió hacer un homenaje al de la Isla. Y eso es exactamente lo que resultó: Una ocurrencia. O un ‘espectáculo’: falló el video, falló el sonido, no había conductor, ni guión, ni dirección escénica ni musical, el público fue un trasiego de entradas y salidas. Me sorprendió (bueno, no me sorprendió) que ninguna crítica indicara que Raimundo Amador, después de su último tema, arrojase (o se le cayese?) la guitarra eléctrica, que emitió un gruñido amplificado y que quedó en mitad de la escena durante toda la actuación de la bailaora Paloma Fantova; por un momento creí que formaba parte de su escenografía. Quizá tuvo que ver con que voces entraban a destiempo o que base rítmica se fuera de compás (tampoco esto lo he leído). Y qué decir de La Susi, que ‘perdió’ parte de la letra de la Nana del Caballo Grande (y eso que se pidió una de las más facilitas)… En fin, por no hablar de las clamorosas ausencias de Paco de Lucía, Kiko Veneno, Ricardo Pachón, Gualberto y muchos otros –algunos, desparecidos, como Mario Pacheco- que también estuvieron con Camarón. Vale que estamos en modo ‘Austeridad’, vale que el auditorio se estrenaba ese día, vale el esfuerzo de juntar en una noche a Duquende (por lo visto fue el mejor, pero yo ya me había ido avergonzado), Arcángel, Remedios Amaya, La Susi, Tomatito, Raimundo y, sobre todo, los coros, palmas, jaleos y voces de atrás, que para este humilde aficionado fueron lo mejor de la inconexa reunión. Eso vale, pero Camarón no merece ser manoseado de esta manera. O se le hace un buen homenaje o no se le hace. Se puede hacer un homenaje sencillo y bueno, pero no ese horror con el que nos castigaron a los que el su día le escuchamos en La Parpuja de Chiclana, en las peñas de Cádiz y San Fernando, a quienes nos hartamos de pinchar en las FM Como el Agua, La Leyenda del Tiempo y los inigualables discos que hizo con Paco de Lucía. ¿Y la crítica flamenca de Sevilla? Salvo excepciones, bien, gracias, desnuda, pero encantada de haberse conocido.

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