Armas a Ucrania

Difícil debate

Hace ahora ocho años yo no tenía ni idea de quién era Pablo Iglesias. No suelo ver las tertulias de la televisión así que aquel tipo que se hizo famoso en ellas me era un perfecto desconocido. En las elecciones europeas de aquel año se presentó al frente de la lista de Podemos con su jeta como logotipo, todo un mensaje. El programa era un delirio, aunque nadie le presta atención y nadie espera que se cumplan: salida de la OTAN, de la UE, abandonar el euro, nacionalizar la banca y las eléctricas, eliminación del ejército español, entrega de Ceuta y Melilla a Marruecos. Alguien se había fumado algo en mal estado y produjo ese delirio.

Con el paso del tiempo le fui cogiendo manía a aquel demagogo cuyo único interés era su propio ego y poderse ligar a cualquier gachí . Luego a todos los fanatizados de sus seguidores. El colmo fue el referéndum sobre su chalet. No sé si hoy sigue teniendo seguidores, lo que sí tiene es una plataforma que le ha proporcionado su socio Jaume Roures, uno de los empresarios más caraduras de España. Está obsesionado con criticar a todo periodista que opine de manera diferente a él. No pasa nada con eso, Pablo Iglesias no es más que un ciudadano que da su opinión y los periodismas estamos sometidos a la crítica como cualquiera (aunque alguna se crea ajena ). Lo que me hace gracia es el simplismo con el que Iglesias destroza cualquier debate, ahora el del envío de armas a Ucrania. No es que me parezca bien ese envío, simplemente no lo tengo claro. Sí sé que porque Iglesias y Belarra digan que no se envíen armas, que la solución es diplomática no se va a arreglar nada por la sencilla razón de que el agresor solo quiere conquistar un país, no quiere dialogar. Porque lo diga Podemos e Iglesias no se va a sentar Putin a ninguna mesa. Digo más, se sentará cuando haya ganado o si los ucranianos (qué feo queda ucranios, aunque esté bien dicho) consiguen ponérselo difícil, para lo que necesitan ayuda.

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