Barcelona B - Cádiz

La peor cara (3-1)

  • Una bochornosa primera parte arruina a un equipo amarillo que pone en riesgo el billete para la fase de ascenso

Un momento del encuentro. Un momento del encuentro.

Un momento del encuentro. / LOF

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El Cádiz solvente que pasó por encima del Zaragoza hace menos de una semana fue engullido por Barcelona B que dio toda una lección de juego y eficacia en un partido para olvidar que pone en serio peligro la continuidad de los amarillos en la zona de ‘play-off’. Los gaditanos ofrecieron su cara más oscura, la peor de la temporada, y salieron goleados del Mini Estadi después de una primera parte lamentable, cercana al ridículo, plagada de errores que tomaron forma de condena. El encuentro acabó en el pitido que dio paso al descanso, cuando en el marcador imperaba un 3-0 bochornoso para un Cádiz que sufrió el rodillo de las perlas culés. El demérito de uno se unió con el merecimiento del otro y la segunda derivó en los minutos de la basura en los que los visitantes maquillaron el resultado con un tanto al final de Álvaro García.

Álvaro Cervera mantuvo su apuesta por el bloque que empezó ante el Real Zaragoza con dos únicos movimientos: el del Carpio por Rober Correa en el lateral derecho y el de Dani Romera en lugar de Carrillo en punta. El entrenador se decantó por la velocidad del almeriense ante su ex equipo, que salió en modo ofensivo a la altura de su necesidad de puntos en la pelea por la permanencia. Los amarillos también estaban obligados a sumar para sostenerse entre los seis primeros y arrancaron fieles a su estilo, arropado por cientos de aficionados cadistas en las gradas del Mini Estadi.

Los visitantes buscaron la desactivación del rival con una presión asfixiante arriba con la que bloquear el juego combinativo. Barral y Romera formaron pareja en ataque con Álvaro García en la derecha y Alberto Perea escorado a la izquierda. Cuando los locales salvaron la presión, los gaditanos hicieron el acordeón para replegarse y dibujar contras, como la que lanzó Álex Fernández en el minuto 7 con un pase en profundidad al utrerano, que sirvió al corazón del área a Barral aunque el isleño no logró conectar con claridad en una posición favorable. Replicó Nahuel en el 13 con un derechazo que se escapó por poco.

La mala noticia no fue la ocasión de los culés, sino todo lo que vino a continuación. Garrido tuvo que ser sustituido por unas molestias en una rodilla y un minuto después del ingreso en el césped de Rafidine Abdullah, llegó el 1-0. En el 15, Carles Pérez sacó de esquina, Álex Fernández no calculó bien la marca sobre Marc Cardona y el ex del Sanluqueño, sin oposición, envió el balón al fondo de la portería con un cabezazo inapelable.

Los amarillos se vieron en un abrir y cerrar de ojos por debajo en el marcador y sin su pulmón en la medular. Tenían todo el partido para responder, pero los primeros síntomas tras el 1-0 no fueron los que un equipo que aspira a la fase de ascenso. Marc Cardona, completamente desatado, apareció de nuevo en el 17 con un peligroso derechazo que Servando repelió a corner. Ocho minutos después sí sacó petróleo el atacante azulgrana en pleno descontrol de los andaluces. Se internó dentro del área y Lucas Bijker le zancadilleó con tanto descaro que nadie protestó un penalti tan infantil como claro que transformó el propio Cardona para poner el 2-0 en el 25.

La diferencia en el marcador no hizo sino reflejar el repaso de las perlas azulgranas a unos jugadores amarillo desbordados, a la deriva en todas las líneas, con una presión arriba desordenada, sin el más mínimo efecto más allá del desgaste que suponía correr detrás del balón.

El Cádiz trató de dar un paso adelante pero a lo máximo que llegó fue a un par de chispazos de Alberto Perea. El albaceteño mandó un libre directo a la parte posterior del poste al filo de la media hora en la única llamada peligrosa antes de un descanso que irrumpió con 3-0 que hizo inservible la segunda parte. El tanto fue la demostración palpable de la incomparecencia de un equipo que terminó de caer a la lona tras un clamoroso error fabricado entre Servando y Cifuentes. El balón llegó suelto a la zona trasera, Servando se confió al creer que el cancerbero iba a salir a por el cuero y de hecho salió pero tarde, aunque le dio tiempo a despejar rebotó contra Nahuel, que controló, regateó al manchego y desde fuera del área anotó a puerta vacía para desesperación de la numerosa hinchada cadista, completamente decepcionada en el intermedio.

La incógnita en la reanudación era cómo se iba a comportar el Cádiz. La primera medida de Cervera fue dejar en el vestuario a Carpio y dar entrada a Nico Hidalgo. El técnico modificó el sistema y desplegó un 3-5-2, con el motrileño en la derecha, Álvaro García en la izquierda, Alberto Perea de enganche por el centro delante de los dos puntas.

Obligado por las circunstancias, los gaditanos quisieron enmendar la desastrosa primera mitad con una vorágine ofensiva en la segunda que resultó estéril. Se estrelló contra un adversario replegado con orden favorecido por el paso del tiempo que además se encontró con metros para armar contragolpes, como el de Nahuel en el 60, aunque definió sin precisión en el mano a mano con Cifuentes. Antes, un par de testarazos de Servando -en el 57 y en el 59-, atrapados por Ortolá, se convirtió en una declaración de intenciones de un Cádiz que liderado por Perea, se enredó en sus habituales problemas cuando tiene que llevar la iniciativa.Los amarillos necesitaban un tanto no tardío para meterse en el partido y en el 64 casi lo halló Álvaro García con un remate en boca de gol que sacó Palencia, aunque un minuto después Marc Cardona estuvo a un palmo de completar su gran mañana con un triplete.

Cervera se jugó la última carta de Eugeni en busca de un milagro que no llegó. Los gaditanos llevaron el paso del juego en toda la segunda parte pero a esas alturas habían llegado tarde al partido. Nunca dieron la sensación de poder igualar un marcador tan adverso. Sólo les dio para hacer un gol ya con todo resuelto. En el 88, Álvaro García aprovechó un rechace del portero tras disparo de Barral para empujar a placer.

Demasiado tarde.

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