Cádiz CF La euforia, fuera del vestuario

  • El equipo amarillo se acostumbra a ganar de manera compulsiva aunque en la plantilla impera la tranquilidad porque la temporada es muy larga

Álex Fernández (i) y Nano Mesa acuden a felicitar a Caye Quintana tras el golazo del onubense en La Rosaleda. Álex Fernández (i) y Nano Mesa acuden a felicitar a Caye Quintana tras el golazo del onubense en La Rosaleda.

Álex Fernández (i) y Nano Mesa acuden a felicitar a Caye Quintana tras el golazo del onubense en La Rosaleda.

Todo va sobre ruedas. Mucho mejor de lo que podía caber en la mente del más optimista. El Cádiz CF continúa en modo cohete sin que nada ni nadie pueda frenar su marcha impecable. ¿Hasta cuándo? Carpe diem. Resolvió con éxito el partido trampa en el que se había convertido el duelo frente al Málaga y se empeña en seguir pulverizando marcas. Nunca había llegado tan lejos en sólo once capítulos de Liga. Nueve victorias, 28 puntos de 33. Una bendita locura que no tiene fin.

Tanta victoria consecutiva (una racha aún abierta de cuatro) origina un lógico empacho de euforia en una afición que se frota los ojos para comprobar si es verdad lo que está viendo y viviendo. Sí, lo es. El Cádiz CF es el equipo de moda. Es la referencia de la Liga, el rival a batir.

El conjunto amarillo se vuelve insaciable, devora a todo el que se pone por delante instalado en una inercia ganadora que le lleva a sumar de tres en tres aunque no tenga su mejor día. El triunfo es sinónimo de costumbre.

En La Rosaleda, ante el Málaga, no ofreció su cara más fiable pero fue capaz de aguantar el tirón. La moneda siempre sale cara. Quizás se vio vencedor antes de tiempo y se quedó a un paso de perder dos puntos el último suspiro. El Cádiz CF no defendió en la segunda mitad con la solvencia que suele emplear, superado por momentos en el centro del campo y por los costados (por el lado izquierdo en defensa) y abocado a padecer en exceso después de disponer de dos goles de renta.

Demasiado atrás se echó un equipo que no quiso saber nada del balón. Cuando el cuero sólo tiene un propietario los problemas crecen.

Nunca había bajado el Cádiz CF del 30 por ciento de posesión esta temporada (un 30,6 en el terreno del Racing de Santander) hasta que en La Rosaleda no pasó de un 27,6. Una cosa es que no importe la tenencia del esférico y otra casi ni olerlo. Con ese porcentaje y ciertas dudas en el sistema defensivo, el sufrimiento fue inevitable hasta pitido definitivo del colegiado.

El Málaga remató el doble de veces que la escuadra de Álvaro Cervera (14 frente a siete). Eso sí, la eficacia fue mayor del bando visitante, con suficiente clarividencia en la definición.

La ventaja es que el supuesto aprendizaje de la lección se produce con un triunfo que alimenta el entusiasmo. Es líder cada vez con más renta. El Cádiz CF camina por dos sendas paralelas, tan válidas una como otra. Por un lado, la que pisa la hinchada, que sueña con la posibilidad de volver a Primera División. La trayectoria del equipo invita a pensar en el objetivo más ambicioso, aunque la temporada es tan larga que puede pasar de todo. Toca seguir disfrutando semana a semana. No hay mejor momento que el presente a la espera de conocer el futuro.

La otra senda es la que se recorre en el vestuario. Alegría, toda. Hay motivos. Euforia, ninguna. Álvaro Cervera ya lo avisaba justo después de sumar los tres puntos en la Costa del Sol: el fútbol es cambiante y lo que hoy son victorias mañana pueden dejar de serlo.

El cuerpo técnico se encarga de transmitir que todo está por hacer y que cada partido hay que sudarlo de principio a fin en el césped para tener opciones. Los jugadores lo saben de sobra.

La realidad es que el equipo amarillo está considerado a día de hoy por los demás adversarios como uno de los claros candidatos al ascenso. Ahí están los números. La malo es que es octubre y hay 31 jornadas por delante. Lo bueno es que apunta maneras. La cuestión es que mantenga esa condición de favorito dentro de varios meses, ya en 2020. Mientras, a disfrutar paso a paso. Es el momento.

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