La botella está medio vacía
El conjunto amarillo se ha dejado en el camino el 50% de los puntos disputados en las ocho primeras jornadas de Liga · Los gaditanos han olvidado el fútbol de toque
Tres victorias, otros tantos empates y dos derrotas resumen el mediocre balance del Cádiz en las ocho primeras semanas de competición liguera. El equipo amarillo está firmando un irregular comienzo de campeonato que ya le ha hecho perder la mitad de los puntos disputados hasta la fecha: suma 12 de 24 y sólo la dudosa calidad del grupo IV le mantiene en la sexta posición con aspiraciones y posibilidades de acceder a uno de los cuatro puestos que conducen a la fase de ascenso a Segunda División A. Queda tanta tela por cortar como un sinfín de aspectos por mejorar en un equipo que en sus últimos compromisos ha perdido la alegría que había mostrado en ataque en los albores del torneo.
El empate del cuadro de Alberto Monteagudo en el terreno del colista acelera la velocidad del ventilador de las preocupaciones en el seno de una escuadra que emite señales de incapacidad para adaptarse a los campos de la categoría de bronce, para afrontar partidos típicos de Segunda B de los muchos que aún le esperan a lo largo de la temporada.
Los jugadores vestidos de amarillo no transmitieron energías positivas en la localidad murciana de Sangonera la Verde. No entraron en el partido en ningún momento, no impusieron su esperado estilo de toque, ni siquiera tiraron del oficio necesario para deshacerse de un conjunto perdido en las profundidades de la clasificación. En realidad nadie, empezando por ellos mismos, sabe a qué jugaron. Porque cuando no se puede o no se sabe jugar, los tres puntos alivian las carencias de una mala tarde o una racha negativa. Un solo lanzamiento a portería -el cabezazo de Raúl Albentosa que un defensor local sacó en la línea de gol poco antes del primer cuarto de hora- fue la única presencia cadista en las cercanías de la meta murciana, un triste balance para un equipo cuya ambición queda en entredicho.
El domingo empezó con luces y acabó con sombras para un Cádiz al que la vida le había dado la oportunidad de recortar puntos a los equipos con mayor poderío en las primeras jornadas. El Cartagena se había dejado dos puntos en su visita al Sevilla Atlético, el Jaén se marchó de vacío de Sanlúcar y el Almería B sufrió un serio correctivo en Lucena. A ellos se unió el Arroyo, que cayó en Lepe frente al San Roque, el gran beneficiado de la octava jornada al pasar de la quinta a la tercera posición.
Los pupilos de Monteagudo no aprovecharon esa supuesta motivación extra con la que debían haber saltado al césped. Eran más que tres puntos que al final se quedaron en uno y gracias. En ningún momento dio el equipo gaditano la sensación de poder ganar el partido, de querer comerse a un rival al que no le pesó enfrentarse a uno de los grandes del grupo.
El Cádiz se atascó una vez más fruto de la falta de empuje, de la ausencia de chispa cuando había que mirar el área rival. Se sintieron más cómodos los amarillos en labores destructivas que constructivas. El balón quemaba en los pies, la pelota apenas duraba unos segundos en las botas de unos jugadores que quién sabe si vieron atenazados por la conocida presión de tener la obligación salir a ganar cada fin de semana. La presión es el peaje que hay que pagar por jugar en un equipo que impone la máxima exigencia cuando de lo que se trata es de escapar cuanto antes del pozo de la Segunda División B. La duda que flota en el ambiente es si los futbolistas que forman parte de la nómina del Cádiz tienen no sólo la aptitud necesaria, sino también la capacidad mental para hacer frente a esa obligación de ganar cada partido.
La falta de un jugador que ejerza el liderazgo dentro del campo añade un punto de incertidumbre sobre un conjunto al que la debilidad mental se conforma como un rasgo preocupante.
Una prueba de que la plantilla no soporta el peso de la exigencia es la ausencia de reacción después de una derrota. Cuando el Cádiz cayó en Villanueva de la Serena (1-0), no fue capaz de conseguir la victoria en el siguiente partido (empató en casa ante el San Roque de Lepe pese a tener el encuentro ganado). Después de perder en Carranza frente al Sevilla Atlético, de nuevo otras tablas, esta vez frente a un colista que sí supo emplear sus armas. Esto es, un punto de seis en dos jornadas, un lastre para aquel que está llamado a cotas mayores.
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