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El viaje a la tierra de nadie de Teresa Rodríguez

  • La hasta ahora líder de Adelante Andalucía siempre se ha posicionado como una antisistema dentro de los propios antisistemas

Teresa Rodríguez, tras una intervención en el Parlamento de Andalucía. Teresa Rodríguez, tras una intervención en el Parlamento de Andalucía.

Teresa Rodríguez, tras una intervención en el Parlamento de Andalucía. / Juan Carlos Muñoz

El único hilo de la cuerda que había unido a Teresa Rodríguez con Podemos durante años ha terminado de romperse hasta el extremo de que la política roteña ha sido expulsada del grupo parlamentario de Adelante Andalucía de la sede del antiguo Hospital de las Cinco Llagas.

El desgaste de esa cuerda se ha venido produciendo de una manera progresiva porque realmente nunca tuvo la solidez suficiente para aguantar las tensiones de uno y otro lado.

En las elecciones municipales de 2011, una jovencísima Teresa Rodríguez era entrevistada por este periódico como candidata a la Alcaldía por los anticapitalistas. Nadie la conocía entonces y estaba al frente de un grupo antisistema que sólo venía a rellenar el mosaico de partidos que se presentan a unos comicios. A cuatro años de que explotaran los movimientos del 15-M, todavía no había el caldo de cultivo necesario para que una lista como esa prosperara y, por lo tanto, sus resultados fueron insignificantes.

Pese a este revés esperado, siguió con lo que ahora se llama activismo social desde el sindicalismo en el sector de la enseñanza, ya que ella es profesora. A través de Ustea llamaron la atención porque buena parte de sus discursos e, incluso, de sus reivindicaciones y protestas eran más radicales que las de los sindicatos tradicionales. Precisamente en esta militancia sindical es cuando conoce al también profesor José María González 'Kichi', con el que comenzó una relación sentimental y que, con el paso del tiempo, se convirtió en una de las parejas políticas más famosas cuando una se convirtió en la líder andaluza de Podemos y el otro en el alcalde de Cádiz.

Pero unos meses antes de esas elecciones municipales que dieron un vuelco en la capital gaditana, Teresa Rodríguez entró a formar parte de la candidatura para las europeas en los primeros puestos en una papeleta que encabezaba un todavía poco conocido Pablo Iglesias. Rodríguez fue una de las personas que fundó Podemos, una formación que, en teoría, venía a darle la vuelta como un calcetín a la politica española. Este partido se movía por las redes sociales, indetectable para la política tradicional, tanto que no pudieron ver venir que iban a conseguir cinco escaños para el Parlamento europeo.

Ese Podemos unitario y al que muchos llaman radical estaba formado por muchas familias y la de Teresa Rodríguez es la más antisistema de los antisistemas al formar parte de los anticapitalistas. Esta, poco después, encabezó las listas de Podemos al Parlamento de Andalucía y se convirtió en una figura del panorama político autonómico. Eso sí, vendió cara su piel y hizo sudar a la entonces presidenta Susana Díaz para que ésta pudiera gobernar.

Ya entonces empezó a mostrarse como un auténtico animal político, implacable y agresiva en sus discursos y alzando la voz más de la cuenta en sus intervenciones en el Parlamento de Andalucía.

Aunque desde el principio siempre hubo diferencias, Podemos vivía una luna de miel que se prolongó con la consecución de varias alcaldías pero las diferencias de criterio con el líder nacional siempre estaban ahí y en algún momento iban a aflorar. A pesar de que internamente los anticapitalistas llegaron a apoyar a Pablo Iglesias para mantener su liderazgo en uno de los congresos frente a Iñigo Errejón, fue un matrimonio de conveniencia que pronto iba a dar muestras de que el divorcio se iba acercando.

Esas diferencias llegaban a través de Teresa Rodríguez, pero también a través del propio Kichi cuando criticó de manera rotunda la compra del chalet de Galapagar por parte de Iglesias. Los anticapitalistas cada vez iban quedándose más aislados, como la aldea gala de Asterix, pero aún así seguían con el cordón umbilical que los unía a unos y a otros por la conveniencia electoral y de la marca.

Teresa Rodríguez siempre envidió la independencia que tenían movimientos cercanos a Podemos como las mareas gallegas, por ejemplo, mientras que aquí en Andalucía tenía que tragar con una coalición con Izquierda Unida que, para colmo, aunque subió dos escaños en 2018, pasó de ser la tercera fuerza política a la cuarta y a no tener influencia para la posibilidad de formar gobierno. Para colmo se convirtió en cunera y se presentó como número uno por la provincia de Málaga y no por la de Cádiz.

Desde entonces todo ha ido cuesta abajo. El estallido nacional se produjo cuando Podemos y Pablo Iglesias deciden pactar con el PSOE y entrar en el Gobierno de la nación. Con un punto de vista más extremo, Teresa Rodríguez consideraba que Podemos se estaba alejando definitivamente de las bases fundacionales, por lo que tras unos tiras y afloja, el líder nacional y la andaluza deciden romper amarras y coger cada uno el camino por su lado. Es el momento en el que los dos salieron explicando en un vídeo muy forzado la ruptura en el que querían vender un divorcio muy amistoso pero para el que después iban a luchar con el arma en los dientes por el liderazgo en el territorio andaluz.

Ese nadar contracorriente lo volvía a demostrar una vez más ya que cuando tenían la posibilidad de alcanzar el poder a nivel nacional, toma la vía alternativa y se muestra contraria a las condiciones en las que se producía el pacto con Pedro Sánchez. Eso arrastraba también a Kichi y, por lo tanto, a una ciudad que tenía la posibilidad de recuperar el hilo directo con Madrid. 

Teresa Rodríguez siguió al frente de Adelante Andalucía pero ya anunció en ese momento que iba a a fundar una formación política más cercana al ideario anticapitalista y con un punto de nacionalismo andaluz. Pero cuando en este territorio hay una coalición de varias fuerzas bajo la marca de Adelante Andalucía y la líder ya no pertenece al rebaño, estaba claro que la situación iba a estallar de un momento a otro como así ha ocurrido ahora.

Entre medias Teresa Rodríguez seguía con su batalla por las dietas de los parlamentarios andaluces, despotricaba y maldecía a aquellos que habían dicho algo de la baja paternal de su pareja y daba luz a su segunda hija. En el momento en el que se encuentra de baja, la mesa del Parlamento de Andalucía da la razón a Podemos y saca a los ocho parlamentarios que estaba en la órbita anticapitalista del grupo parlamentario. Ahora ha quedado en tierra de nadie.

La incógnita será saber si Rodríguez tiene la fuerza suficiente para tener su propio proyecto político separado de una firma como la de Podemos o pasará a ese anonimato con el que fue entrevistada hace cinco años en este periódico.

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