Cádiz

Cuando la plaza de Mina de Cádiz era propiedad de los franciscanos

La huerta de los franciscanos como se ve en la maqueta de Cádiz. La huerta de los franciscanos como se ve en la maqueta de Cádiz.

La huerta de los franciscanos como se ve en la maqueta de Cádiz.

F. S.

La marcha de la comunidad franciscana de la ciudad de Cádiz, tras una larga estancia de siglos de historia, deja en el aire el uso que pueda tener el espacio del convento utilizado como residencia por esta orden, más allá que el templo mantenga la celebración de los diferentes cultos.

En todo caso, lo que hasta hoy ha ocupado este orden queda muy lejos, en metros cuadrados, de lo que llegó a contar cuando se instaló en Cádiz y cuando creció en espacio en una ciudad entonces constreñida por las murallas a lo hoy es el casco histórico.

El templo, el convento y su huerta ocupaban más de 14.000 metros cuadrados, convirtiéndose a principios del siglo XIX en uno de los equipamientos más extensos de la ciudad, dejando a un lado a las numerosas propiedades militares.

La maqueta de Cádiz, expuesta en el Museo de las Cortes, se convierte en la fotografía de la ciudad en 1779. Y entre las imágenes nos ofrece cómo era el convento de los franciscanos en su máximo esplendor.

En el imprescindible trabajo sobre la Historia Urbana de Cádiz (elaborado en tres tomos por Pilar Ruiz y Juan Jiménez Mata), se refleja que ya al menos desde 1821 existía un interés municipal por transformar en jardín público la huerta del convento.

Hay que tener en cuenta que en esta época la ciudad estaba casi colapsada, con una falta especialmente grave de espacios abiertos para los ciudadanos.

Lo cierto es que esta petición no llega a buen puerto, hasta el punto que una década más tarde desde el Gobierno Civil se propone a la ciudadanía que aporte ideas sobre cómo convertir este espacio “en utilidad y desahogo del vecindario”.

En 1836 comienza el proceso de desamortización de equipamientos religiosos en todo el país, según el proyecto del gaditano José Álvarez Mendizábal.

Los dos espacios más afectados en la ciudad serán el convento de San Diego, de la Orden de los Descalzos, y el de los franciscanos. El primero, ya en decadencia, dará paso a mercado de abastos y al pequeño parque de la Salud.

Templo, convento y huerta de los franciscanos ocupaban un gran espacio en el casco urbano. Templo, convento y huerta de los franciscanos ocupaban un gran espacio en el casco urbano.

Templo, convento y huerta de los franciscanos ocupaban un gran espacio en el casco urbano. / F. S.

En agosto de 1836 el convento pasa a manos del Ayuntamiento de Cádiz. Juan Daura se hará cargo del proyecto de urbanización del gran huerto de los franciscanos y su conversión en plaza pública. A la vez, transformará parte del edificio del convento en la sede de la Academia de Bellas Artes, que ocupará las nuevas dependencias un año más tarde. Lo cierto es que el convento es muy goloso, pues se ubica en una de las zonas más nobles de la ciudad. La propia Academia de Medicina y Cirugía pide la cesión de las capillas para realizar vacunaciones públicas gratuitas. Incluso una década más tarde llegará al Ayuntamiento una propuesta para construir un teatro.

Todo ello en un proceso de degradación del conjunto de la construcción que hizo temer por su pérdida total.El mismo Ayuntamiento aprobará la construcción de un monumento dedicado al general liberal Espoz y Mina, dándole su nombre al nuevo espacio urbano.

El jardín diseñado por Daura irá evolucionando a medida que pase el tiempo.

Destacan Ruiz y Jiménez Mata cómo en 1961 se elimina el emparrado y un quiosco de madera, ampliándose los jardines en la zona central y levantándose un quiosco de música diseñado por el arquitecto municipal, Manuel García del Álamo.

Tres años más tarde se renueva el arbolado y se instalan diversas estatuas, representando a las estaciones del año. Una de las propuestas de diseño será rechazada por la Academia de Bellas Artes, justificando su negativa en que "son pequeñas y bastante desnudas para colocarlas aisladas en paraje público".

Mientras, algunas dependencias del convento serán utilizadas como cuartel y otras como escuela para niños.En 1873 se plantea el derribo de todo el conjunto de edificios del antiguo convento, para abrir nuevos espacios a la ciudad. La operación la logrará parar el cónsul de Francia, al que primero se le permitió mantener en pie la capilla de San Luis, alegando que era propiedad francesa, y después se asumió que era inviable dejar a ésta sin el apoyo del resto del templo, que se salva de la piqueta.

En todo caso en 1874 se elabora el proyecto de ampliación de la plaza de Loreto (actual San Francisco), lo que obliga al derribo de algunas capilla y patios. Años más tarde este espacio se convertirá en el Hotel de Francia y París.

En 1897 se efectúa una notable intervención en Mina, con la configuración moderna que sufrió cambios en obras posteriores.

En 1932 se pavimenta la plaza con losas de Tarifa y se construye un quiosco de música. Ya en democracia se urbaniza todo el paseo peatonal, eliminando el paso de los vehículos en parte del trazado. Se derriba el quiosco, sin una alternativa urbanísticamente potente. En la etapa de gobierno de Teófila Martínez se intentó recuperar este elemento, pero fue rechazado por Cultura y desviado al Parque Genovés. A la vez, se rehabilitó todo el frente del Museo de Cádiz, en un proyecto aún sin concluir.

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