La lucha contra el mar de las murallas

Un grupo de ingenieros hizo un trabajo sobre las actuaciones históricas

M.m. A. Cádiz

28 de junio 2014 - 01:00

La Demarcación de Costas repartió ayer el documento titulado 'Las murallas de Cádiz y su lucha contra el mar' realizado por los ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, Juan José Muñoz Pérez y Gregorio Gómez Pina, y los ingenieros técnicos de Obras Públicas, Ángel de la Casa y Lorenzo Fages, en el que se hace un recorrido por la historia de las murallas y sobre todo, las soluciones que se han ido realizando a lo largo del tiempo para luchar contra la erosión, que "salvo las diferencias en la capacidad de colocación en obra y la resistencia de materiales, no han cambiado mucho con el paso del tiempo", según se señala en este trabajo publicado en enero de 2009 en la revista de Obras Públicas. Se da la circunstancia de que Gregorio Gómez Pina es el ingeniero que ha realizado el proyecto que se está acometiendo en la actualidad en Santa Bárbara.

Tras hacer un recorrido histórico, ya en el siglo XIX los embates del mar empezaron a hacer mella en las murallas y los baluartes, por lo que las labores de reparación y conservación se efectuaban de manera casi permanente.

A principios del siglo XX empezaron a demolerse algunos frentes de muralla, sobre todo en la zona que da actualmente al Muelle Ciudad.

Los ingenieros aseguran en su trabajo que mientras que en el resto de las murallas bastaba con el muro vertical pero con arreglos en la cimentación "en el Campo del Sur sigue proyectándose una defensa previa a base de bloques, cuyo tamaño empieza a definirse aprovechando los conocimientos técnicos-científicos existentes". En cuanto a la obra de reparación-conservación consiste en una zapata de hormigón adosada a la muralla.

Sin embargo, añaden, en la zona sur, la que se conocía como del Vendaval en siglos anteriores, se precisaba de una defensa a base de bloques de hormigón. En el plan del Ministerio de Obras Públicas de 1949 se adoptaron bloques pequeños sobre la que iba una hilera de otros más grandes con la idea de que el mismo mar arrastrara a los bloques pequeños, suavizando el perfil y haciendo caer a los grandes.

Entonces, según relatan estos técnicos, se hubiera construido una segunda tanda en el mismo sitio, cuyos bloques hubieran caído sobre los anteriores, completando así el perfil poco a poco. Esta era una técnica para luchar contra la ausencia de medios mecánicos para depositar los bloques. Sin embargo, esta parte de la obra nunca se llevó a cabo.

En 1981, los ingenieros López Peláez y Fages advirtieron que en la zona del Baluarte de San Roque, los bloques de 1949 tenían las aristas redondeadas y el oleaje las utilizaba como proyectiles contra el lienzo de muralla. Asimismo, se había producido un socavón de cerca de 1.000 metros cúbicos que, junto al precario estado de la muralla, ponía en peligro inminente de derrumbe las viviendas de las inmediaciones, La solución se proyectó con bloques de hormigón puestos con medios mecánicos. Ya en 1993 se construyó el tramo de muralla frente a la Cárcel Vieja, ya que el paño antiguo de la muralla estaba casi en ruina.

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