La evolución de Cádiz entre 2010 y 2019

La década de los milagros

  • Cádiz cierra los años 10 tras superar con éxito eventos como el del Doce y haber terminado las obras del nuevo puente

  • En 2015 se produjo la gran revolución política en el Ayuntamiento

Cádiz vivió el bicentenario del Doce por todo lo alto Cádiz vivió el bicentenario del Doce por todo lo alto

Cádiz vivió el bicentenario del Doce por todo lo alto / Lourdes de Vicente

La década de los años 10, que ahora se cierra, deja para Cádiz más claros que oscuros aunque los primeros, como parece ser el sino de nuestra tierra, no han sabido aprovecharse en su mayoría con la plenitud que hubiera sido deseable.

Al cierre de estos diez años persisten los problemas que nos van a seguir acompañando por mucho tiempo, pues no se han sabido-querido-podido solventar: el desempleo, la pérdida de población y la falta de vivienda. Sin embargo, se han afianzado sectores de nuestra economía, como el comercio y el turismo, que han apuntalado nuestro día a día, a la vez que hemos demostrado como sociedad nuestra capacidad de sacar adelante eventos de la categoría del Bicentenario de la Constitución de 1812 casi a pulmón, sin apoyo externo como sí tuvieron otras capitales españolas que en estos años han disfrutado de acontecimientos de calado nacional o internacional.

La década deja como herencia las expectativas que tiene el desarrollo de 300.000 metros de suelo portuario que tendrán en los años veinte que ahora se inician un papel relevante en nuestro desarrollo, o por lo menos así debería de ser; a la vez, se deja como pendiente para este nuevo periodo la culminación del desarrollo del Campus universitario, un proyecto que toda la población debería de asumir como suyo, con un papel relevante para la mejora de nuestra formación y como nuestro espejo de cara al resto del mundo. Y, también, queda por culminar el proceso de la transformación de Cádiz como una ciudad sostenible, moderna en su relación con el gaditano como peatón, siguiendo la estela de las capitales más modernas del mundo que nos rodea.

En la década que ahora concluye se ha mantenido la tendencia a la pérdida de población. Una media de un millar menos de habitantes por año. La iniciamos con 125.826 vecinos y la terminaremos con una proyección de 114.000 (no sabremos la cifra exacta hasta los primeros días de 2021).

No es dato más. Llevamos cerca de tres décadas con una sangría de población que, aunque no nos está despoblando pues nuestro índice de habitantes por kilómetro cuadrado sigue siendo uno de los más elevados del país, sí ha provocado ya un cambio radical en la pirámide de población.

La base, entre 0 y 16 años, ya son menos en número que los que han superado los 60. El envejecimiento es evidente, especialmente en los barrios más degradados de la capital, con lo que ello supone de problemas de salud, alimentación, relaciones humanas. Aunque el adn gaditano lleva a muchos a querer volver a su tierra, lo cierto es que el empleo, la búsqueda de un trabajo que cumpla con nuestras expectativas, lleva a los jóvenes a un éxodo que parece definitivo. A pesar de los cambios de color político en las administraciones en esta década, nada se ha hecho para evitar, o al menos reducir, esta sangría.

Directamente relacionada con esta pérdida de población se encuentra la falta de vivienda y el desempleo.La vivienda fue, para Cádiz, una de las grandes víctimas de la crisis económica iniciada en 2008 y que alcanzó sus tiempos más duros en la década de los 10. Se paró la rehabilitación del casco antiguo de la ciudad impulsada desde la Junta de Andalucía, se redujo casi al máximo la capacidad inversora del Ayuntamiento y la iniciativa privada volvió a sus cuarteles de invierno.

Sólo bien entrada el segundo quinquenio se ha logrado reactivar la inversión privada, y con fuerza, pero la ausencia de las administraciones públicas, con especial descaro por parte de la autonómica, impide la salida al mercado de promociones con el necesario calado social.

La persistencia del desempleo no ayuda a mitigar este problema. Entre el inicio y el final de la década, pendiente de los datos de este mes de diciembre, se ha reducido el paro en cerca de dos mil personas hasta quedar en unos 12.500 como posible dato a final de este año (sin olvidar que la población activa también ha bajado ante la pérdida de habitantes). No es mucha reducción, pero no debemos olvidar que en marzo de 2014, el número de desempleados en Cádiz se había disparado hasta los 18.088.

Terminamos la década con una ralentización en la creación de empleo. Este año el paro se habrá reducido en dos mil personas respecto a 2018, manteniendo la tendencia nacional a un enfriamiento en la creación de puestos de trabajo. La cuestión es que durante esta década no se ha avanzado absolutamente nada en la recuperación del tejido industrial que la ciudad ha ido perdiendo desde la década de los ochenta del pasado siglo, mientras que se ha asentado cada vez más en el potencial del sector servicios, siempre supeditado a la estacionalidad.

Frente a ello, la década también nos ha dejado referencias muy positivas que demuestra que cuando se quiere se pueden alcanzar grandes objetivos.

El apoyo del Rey Juan Carlos a los actos del Doce fue esencial para Cádiz El apoyo del Rey Juan Carlos a los actos del Doce fue esencial para Cádiz

El apoyo del Rey Juan Carlos a los actos del Doce fue esencial para Cádiz / Julio González

2012 fue el año de la celebración del bicentenario de la Constitución de 1812. Un evento de carácter nacional e internacional, al ser la carta magna firmada en Cádiz referente para muchos países americanos y europeos, que salió adelante únicamente con el esfuerzo de los gaditanos y con el decidido impulso del Ayuntamiento presidido por Teófila Martínez. Ni el gobierno central ni el autonómico estuvieron a la altura de lo que se esperaba de ellos, quedando su compromiso en promesas incumplidas. Sólo la Casa Real, con don Juan Carlos al frente, dio un apoyo constante a los intereses de esta celebración.

Como en otras tantas ocasiones, Cádiz tiró adelante con su propio esfuerzo y su escaso capital, lo que afectó de lleno a la estabilidad económica del mismo Ayuntamiento. En todo caso, la ciudad supo cumplir y acogió también con éxito la Cumbre Iberoamericana.

Sin embargo, este impulso no ha sabido aprovecharse reforzando los lazos con Hispanoamérica que Martínez había comenzado a estrechar. La Casa de Iberoamérica, sin contenido alguno en este sentido, es el ejemplo al filo del 2020 de este error táctico.

Teófila Martínez durante una visita a las obras del puenste Teófila Martínez durante una visita a las obras del puenste

Teófila Martínez durante una visita a las obras del puenste / Julio González

En 2015 se inauguró el puente de la Constitución de 1812. Esta obligada infraestructura, denostada por muchos que después han asumido su relevancia, también salió adelante por el empeño de Martínez. Más allá de costes elevados y de incompetencias de algunos gobiernos de la nación, el puente ha acabado con los problemas de acceso a la ciudad. Ni ha colapsado el tráfico del casco antiguo ni ha provocado la desbandada de vecinos de la ciudad. Por el contrario, un sector tan relevante para nuestra economía,como es el comercial-hostelero ha reconocido la importancia de este nuevo acceso en la llegada de nuevos clientes.

Relevante en esta década ha sido la entrada de lleno de Cádiz en el club de las grandes ciudades turísticas. La presencia de la capital en las páginas de los grandes medios de comunicación internacionales, como un destino a descubrir y visitar, es un éxito de esta década.

La recuperación del casco histórico iniciada en los años noventa, la evidente mejora de la hostelería y el natural potencial de una ciudad-isla, con las mejores playas urbanas de Europa cada vez atraen a más turistas, a lo que se añade una efectiva labor de la Autoridad Portuaria como puerto de cruceros.Esta apuesta ha disparado la apertura de pisos y apartamentos turísticos y ha activado, en el final de la década, la apertura de nuevos hoteles comienza a atender a un déficit histórico.

José María Gonzalez, alcalde de Cádiz desde 2015 José María Gonzalez, alcalde de Cádiz desde 2015

José María Gonzalez, alcalde de Cádiz desde 2015 / Joaquín Hernández Kiki

A mitad de la década la ciudad sufrió una auténtica revolución. Tras veinte años de mayorías absolutas el PP de Teófila Martínez ganó sus quinta elecciones municipales en 2015 pero sin los suficientes escaños para seguir como alcaldesa. Y en su lugar accedió al sillón de San Juan de Dios José María González, conocido como Kichi. Un anticapitalista con piso en La Viña, profesor de Historia y comparsista.

Podemos se presentó con el único objetivo de entrar en el Ayuntamiento pues no tenían esperanzas de gobernar. Sin embargo, la ola civil de rechazo a los partidos de toda la vida y la mala imagen del PP nacional, actuó como ola particular en Cádiz. Martínez perdió de golpe siete concejales y se marchó a la oposición, donde aguantó todo el mandato.

Cádiz ha vivido de esta forma un quinquenio de la década en manos del PP y otro controlado por Podemos. Un primera parte en plena crisis económica y otra en plena recuperación, aunque hasta ahora no se haya visto en la ciudad si nos centramos en inversiones municipales.

Una década para vivir con una alcaldesa y un alcalde con perfiles muy distintos, más allá del ideológico. Teniendo ambos una evidente conexión con los vecinos, cada uno a su forma, la primera sustentó su gestión en el trabajo de los técnicos municipales, que en su mayor parte salvaron la mediocridad de buena parte de sus concejales; mientras, el segundo hizo una auténtica limpieza étnica entre los altos funcionarios lo que provocó un primer mandato caótico, a lo que no ayudó la también mediocridad de sus ediles, y que supuso el hundimiento de áreas como Fomento, Mujer, Contratación... que en su día fueron motores del Ayuntamiento. En esta cuestión, la nueva política que presuntamente llegó al Ayuntamiento de Cádiz en 2015 ha superado en errores a la vieja.

Cabe cerrar este sucinto recorrido a la década constatando el nulo avance en el desarrollo de la Bahía como gran área metropolitana. Que a fecha de hoy no haya entrado en funcionamiento el tranvía que unirá Chiclana, San Fernando y Cádiz es el claro ejemplo de un fracaso político frente a una visión ciudadana siempre más avanzada y que nos permite vivir en una ciudad, trabajar en otra y cubrir nuestras necesidades de ocio o compras en una tercera. Será tarea para los años 20.

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