Cádiz

La constante tarea de rehabilitar el patrimonio religioso de Cádiz

La iglesia de San Antonio, cubierta de andamios para restaurar su portada.

La iglesia de San Antonio, cubierta de andamios para restaurar su portada. / Julio González

El patrimonio religioso de Cádiz es tan rico como generador de quebraderos de cabeza. Históricos edificios, auténticas joyas arquitectónicas, ejemplos del mejor arte que exigen una constante atención y continuas intervenciones para seguir manteniéndolo en pie y en las mejores condiciones posibles. El Obispado, las órdenes religiosas y otros movimientos eclesiales promueven constantemente las intervenciones patrimoniales en sus edificios. Y si hace un par de meses volvían a abrirse las puertas de una Castrense íntegramente rehabilitada, septiembre finaliza con el inicio de la actuación en las cubiertas de Santa Cruz en la que colabora el Ministerio de Fomento a través del 1,5% cultural.

Pero no son estas las únicas actuaciones que se están llevando a cabo. Y a diferencia de esas dos, que han sido costeadas totalmente o en parte, por administraciones públicas en la ciudad se desarrollan actualmente otras obras importantes en iglesias que asumen las propias parroquias y feligreses. Es el caso de San Antonio, que después de asumir hace unos años una intervención de calado en la estructura y el interior del templo, ahora trabaja en la recuperación de la característica portada de piedra.

Desde mediados de agosto trabajan en la rehabilitación de la piedra que rodea a la puerta principal del templo dedicado al santo de Padua los profesionales que dirigen Álvaro Domínguez y Pilar Morillo. El punto de partida era bastante preocupante: muchos elementos decorativos de la portada perdidos o a punto de desprenderse, añadidos de cemento, escayola y otros materiales que se han utilizado en todo tipo de reparaciones que han intentado hacerse tiempo atrás; y las palomas y sus excrementos, que es “el principal daño de la portada”, como afirma Álvaro Domínguez.

Con un sistema ‘antipalomas’ totalmente obsoleto y sin uso, la piedra acumula “kilos y kilos de excrementos de palomas, que es bastante corrosivo especialmente cuando llueve”, al ir quedando el ácido de esos restos impregnado en la piedra, según explica el restaurador.

Por el momento, los trabajos se centran en la eliminación de todos esos elementos que se han ido añadiendo a la portada a modo de reparaciones; el estudio de todas las piezas decorativas, retirando momentáneamente las que estaban en peligro de desprendimiento o localizando la posición exacta de aquellas otras que ya habían caído en su momento y se conservaban en dependencias de la iglesia; la retirada de los cables que permanecían por la fachada del templo y que han sido enterrados bajo el suelo de la acera; la eliminación de la flora o los nidos que existían en determinados puntos de la portada.

La iglesia de San Antonio, en obras. La iglesia de San Antonio, en obras.

La iglesia de San Antonio, en obras. / Julio González

Una vez culminen todos estos trabajos, se procederá a construir nuevos anclajes para todas esas figuras decorativas de piedra, mediante resinas y fibra de vidrio, para garantizar una sujeción más firme y una mayor seguridad. Y se restaurará toda la piedra utilizando mortero de cal, arena, jabelga (mezcla de cal, polvo de mármol y agua similar al estuco), cales aguadas… “Todo natural y como se hacía antiguamente, nada de cemento y otros materiales”, precisa Álvaro Domínguez, que sigue explicando que se aplicará también a la portada “un hidrofugado final para repeler humedades y manchas”.

Todo un delicado y meticuloso proceso que tiene previsión de finalizar coincidiendo con el tiempo de Navidad y que dará como resultado una portada recuperada en todo su esplendor. De hecho, el restaurador señala que se ha localizado que originariamente la portada “estaba enlucida con una capa de estuco en tonos ocres y un color como el tabaco”; tonalidad que se quiere recuperar “pero de manera más satinada, no tan llamativa”. También se está estudiando recuperar la galleta de San Antonio y las potencias del Niño que sostiene en brazos porque en la limpieza de esta talla de mármol se ha comprobado los boquetes para estos atributos.

“El resultado va a llamar la atención, aunque intentaremos que la portada conserve el sabor de los 300 años que tiene”, explica el restaurador Álvaro Domínguez.

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