Enfoque de domingo

Zornoza, el obispo de hierro

  • Héroe o villano, salvador o verdugo, Rafael Zornoza cumple una década al frente de la diócesis de Cádiz, a la que ha sometido a una profunda transformación

  • Diez años analizados en diez claves

El obispo de Cádiz, Rafael Zornoza, en una celebración en la Catedral.

El obispo de Cádiz, Rafael Zornoza, en una celebración en la Catedral. / Lourdes de Vicente

Los defensores, o los más allegados, aplauden los pasos que se han ido dando para convertir una mancha deforme en una cada vez más perfecta pirámide ordenada. Los detractores y más alejados, le acusan de haber puesto la diócesis patas abajo destrozando actuaciones pasadas y deslegitimando a sacerdotes y laicos. Los unos creen que es el obispo que necesitaba Cádiz para poner orden y llevar a la Iglesia diocesana al siglo XXI; los otros creen que está haciendo un daño irreparable del que la diócesis tardará tiempo en reponerse. Rafael Zornoza (Madrid, 1949) acaba de cumplir (el viernes día 22, en concreto) diez años como obispo de Cádiz y Ceuta. Una década que se ha vivido en la diócesis no como un camino de rosas, precisamente; sino más bien como una montaña rusa plagada de espinas.

Héroe o villano, salvador o verdugo, lo que está meridianamente claro es que el período de Zornoza al frente de la diócesis no ha dejado indiferente a nadie. Quizás porque la Iglesia gaditana se había acostumbrado a una figura episcopal siempre en segundo plano, con el peso descargado sobre los pilares de varios vicarios y otros cargos laicos de responsabilidad; un obispo que dejaba la mundanidad de la gestión económica y administrativa a terceros y centraba su vida en la oración y el acompañamiento espiritual de su rebaño.

El perfil de Rafael Zornoza, desde luego, no se parece al de su antecesor Antonio Ceballos; ni tampoco a los dos Antonios anteriores que estuvieron al frente de la diócesis. Y ese cambio de personalidad al frente de la Iglesia unido a las controvertidas decisiones (para reorganizar la diócesis en base a su criterio o al criterio actual de la Iglesia) y a las no pocas polémicas que han rodeado al actual obispo prácticamente desde su llegada han marcado esta última década. Diez años de gobierno de Zornoza en Cádiz y Ceuta que pueden resumirse en estas diez claves.

1. Un nuevo orden diocesano

Esta es, posiblemente, la clave que ha provocado algunas de las posteriores durante estos diez años. No cabe duda de que Zornoza ha ido moldeando la diócesis a la nueva realidad, reconduciendo los poderes y las obligaciones de cada parcela en la organización diocesana. Esto ha provocado relevos y sustituciones que en la mayoría de los casos no fueron bien vistas o recibieron críticas, así como mandatos y reglas nuevas que han sido igualmente contestadas en muchos casos.

Los críticos se han mostrado contrariados con muchos de los cambios que ha venido haciendo el obispo desde su llegada a Cádiz, sobre todo en relación al ‘staff’ principal de la Iglesia gaditana. Pero el otro sector señala la normalidad de que cualquier responsable al llegar a un sitio nuevo busque un equipo de su confianza y no trabaje con la inercia de lo que ya existía y se hacía en etapas anteriores a su llegada. Por tanto, ¿héroe o villano?

En ese nuevo orden o gestión diocesana, ha habido capítulos especialmente polémicos, especialmente el de las capellanías de Vejer que han pasado a estar bajo la gestión diocesana y no de la parroquia del Divino Salvador de esta localidad. Muchos son los que han reaccionado duramente ante esta decisión, que otros defienden aludiendo al principio básico en la Iglesia del reparto de bienes. “No tiene sentido que haya una parroquia con grandes ingresos por las capellanías y otras donde incluso ya han dejado de pasar el cepillo en las misas por las serias dificultades económicas de su feligresía. Lo normal es repartir el ingreso de una con la que no recibe nada”, explican desde esta última corriente favorable a una de las decisiones que más han marcado este mandato de Zornoza que ha cumplido ya diez años.

Unos dicen que el obispo ha eliminado la autonomía que las distintas delegaciones, las parroquias y los propios sacerdotes tenían hasta su llegada. Otros aseguran que Cádiz era un coto sin cerrar donde cada uno tenía su propio cortijo, y que el obispo vino para acabar con esta situación. Lo que está claro es que Zornoza ha establecido un nuevo orden en la diócesis.

2. El clero

Las decisiones que el obispo ha ido tomando en base a ese nuevo orden que ha querido implantar en la diócesis ha provocado enfrentamiento con varios sacerdotes y distanciamiento con otros muchos (hay quien dice que con la mayoría del clero diocesano). Los más sonados, con diferencia, son los casos del que fuera párroco de Santa Catalina en Conil, Rafael Vez Palomino, actualmente suspendido del ministerio sacerdotal y el resto de oficios eclesiásticos; y del que fuera párroco del Divino Salvador de Vejer, Antonio Casado, igualmente imposibilitado de ejercer el sacerdocio en la actualidad, en su caso por decisión del Tribunal Metropolitano de Sevilla. Pero ellos no son los únicos, ni mucho menos, que no comulgan con el obispo, que no comparten su proceder ni el modo en que dirige la diócesis. Algunos otros se han marchado a otras diócesis cercanas y están ahora bajo el mando de otros obispos. Y la inmensa mayoría de los descontentos guardan silencio por temor a unas supuestas represalias que podrían llegar desde Hospital de Mujeres en forma de traslado a destinos no deseados u otras medidas.

Unido al distanciamiento con el clero local, ha sido una tónica de estos diez años en Zornoza la búsqueda de recursos humanos (sacerdotales y religiosos, en este caso) fuera de la diócesis, atrayendo a un buen número de institutos religiosos y órdenes, en muchos casos de reciente creación, para que asuman alguna parroquia o campo de trabajo en Cádiz. El último ejemplo de ello es la llegada de los mercedarios de la Caridad, una congregación nacida en el siglo XXI, para hacerse cargo de la parroquia de la Merced, en la capital.

También hay que reseñar en este capítulo relativo al clero la renovación que hizo Zornoza tras su llegada a la diócesis, cambiando por completo los puestos de mayor responsabilidad y de principal confianza. Prácticamente todos los sacerdotes de un cierto grado de responsabilidad en la diócesis fueron cesados de sus puestos, salvo Gabriel Delgado, que sigue a día de hoy al frente del Secretariado de Migraciones. Unido a ello, no se puede obviar los desaciertos a la hora de elegir vicario general (considerada la mano derecha de un obispo); hasta cuatro vicarios generales ha tenido Zornoza en estos diez años, uno de los cuales ya ni siquiera es sacerdote. En contra, sí hay que reseñar que hay sacerdotes de enorme valía y contrastada capacidad de gestión completamente desaprovechados en la Iglesia actual.

3. Una fuerte contestación

Es la clave más llamativa y cruda, la de ese continuo rechazo y contestación pública que tiene Rafael Zornoza desde que es obispo de Cádiz. Algo para nada usual en una diócesis, sobre todo si la contestación muchas veces se produce desde el propio seno de la Iglesia, de personas que forman parte de ella. En estos diez años, la diócesis ha asistido a las duras declaraciones contra el obispo de los sacerdotes antes mencionados o del que fuera responsable de Cáritas a su llegada; ha asistido a distintas movilizaciones, como las protagonizadas por feligreses de Conil (incluido el alcalde, de Izquierda Unida) en contra de la destitución de Vez Palomino como párroco; está en la diana de un grupo de laicos que siempre que puede atiza contra su gestión; y protagoniza incluso un blog digital en su contra.

Esta fuerte oposición a su episcopado ha provocado incluso el envío de distintas misivas a Roma o a la Nunciatura Apostólica española advirtiendo de esos problemas que denuncian sus detractores y pidiendo al Vaticano su relevo al frente de la diócesis. El último caso conocido se produjo hace pocos meses, cuando el nuncio en España, Bernardito Auza, constataba con una misiva el envío de esas denuncias. “Se ha tomado nota”, respondía Auza a esos críticos.

En oposición a todo esto, hay que señalar que hasta la fecha ningún estamento religioso ha puesto en duda la gestión y las actuaciones del obispo de Cádiz, pese al revuelo que se ha originado en no pocas ocasiones y la insistencia de esa parte más reaccionaria.

4. Cambio económico

Clave en la vida de la diócesis en los últimos diez años ha sido la transformación del modelo económico y la gestión que se hace de los recursos, de por sí limitados en un área geográfica castigada por un más que elevado desempleo, entre otros condicionantes. La creación de un departamento totalmente renovado en el área económica, las decisiones (muchas de ellas impopulares) que ha adoptado con mano firme Zornoza y la adaptación a los modelos actuales de gestión económica y a las distintas normativas civiles que afectan a la Iglesia han sido claves para llegar al momento actual, en el que la diócesis parece tener consolidada la estructura económica, presentando anualmente unas cuentas que no reflejan números rojos y que suelen estar bastante equilibradas.

En el área económica, figura fundamental en el episcopado de Zornoza ha sido la del hasta hace unos meses ecónomo de la diócesis, Antonio Diufaín, un sacerdote severo y robusto al que se le acusa una alta exigencia económica a las parroquias y que ha firmado o ejecutado muchas de las órdenes y cambios más polémicos e impopulares en esta década.

Los detractores de Zornoza lamentan la excesiva preocupación económica y temen por una diócesis mercantilizada. Pero los defensores de su gestión asegura que sin los cambios realizados en estos años, “la diócesis se hubiera ido a pique porque hubiera sido insostenible económicamente”.

5. La transformación de Cáritas

También ha sido clave en este tiempo para la Iglesia diocesana la profunda transformación que se ha realizado en Cáritas, que ha sido dotada de fortaleza estructural para consolidar y garantizar la labor que realiza. Respetando la labor de atención primaria que se realiza en las parroquias, Zornoza ha potenciado la ejecución de proyectos y programas de mayor calado a nivel diocesano, relacionados en su mayoría con la generación de empleo y con la atención integral a personas sin hogar. Además, ha dotado de nuevos estatutos a la institución, y ha renovado el organigrama de gestión (no sin dificultades, puestos que han sido sucesivos los relevos al frente de la Cáritas Diocesana).

En medio de este camino que en la actualidad sí parece completado y a pleno rendimiento, no se pueden olvidar los distintos despidos que se realizaron a consecuencia de la crisis económica e institucional que hoy parece superada. La mejor prueba es el modo en que Cáritas afrontó la repentina crisis derivada por la pandemia y cómo ha podido dar acogida a la enorme demanda de ayuda que derivó del estado de alarma, el confinamiento de la población y el masivo cierre de negocios.

6. La educación

También se ha notado la mano de hierro de Zornoza en lo relativo a la formación o la educación, tanto la escolar como la de seminaristas. En estos años ha implantado en la diócesis el modelo docente de la fundación Educatio Servanda, que es la que gestiona varios centros educativos religiosos tanto en la capital (el antiguo colegio de La Palma o de San Martín, por ejemplo) como en otras localidades.

El Seminario, centro de formación de los futuros sacerdotes, también ha sido objeto de cambio por Zornoza, que en 2014 decidió desvincular a Cádiz de la Universidad de Teología de Granada y adherirse a la Universidad San Dámaso de Madrid, con la que precisamente este recurso ha renovado el convenio para seguir adscritos.

En este campo de la formación, hay que apuntar las distintas iniciativas que está poniendo en marcha en los últimos años para no reducir este campo a los seminaristas y sacerdotes, sino abrirlo a todos los fieles laicos interesados. Así, hay cursos de Teología, se han impartido cursos de Arte Sacro o se ha iniciado, el pasado año, un curso orientado específicamente a los cofrades.

7. El patrimonio

La gestión de un patrimonio que en el caso de Cádiz atesora siglos de historia y valores muy destacados a nivel arquitectónico y artístico, en paralelo a una limitada capacidad económica, siempre es un problema para el Obispado. No ha destacado este obispo por un celo especial respecto al patrimonio histórico, como sí demostró por ejemplo Antonio Ceballos, que llegó a contratar a una persona que se dedicara a la gestión y la búsqueda insistente de recursos para conservar y poner en valor no pocos templos y edificios de titularidad eclesial.

Estos diez años han estado marcados también por algunos conflictos con terceros a cuenta de la propiedad de algún inmueble. El caso más sonado o reciente es el que mantuvo hasta hace unos meses con los padres carmelitas en relación con la iglesia del Carmen de Cádiz y el convento anexo, que Zornoza reclamaba como diocesano y que el Tribunal Metropolitano de Sevilla confirmó que era de titularidad carmelitana.

Igualmente se ha tenido que enfrentar a alguna polémica relacionada con las propiedades que posee la diócesis. Recordado es el caso del negocio de hostelería de la Plaza del Falla al que no se renovó el contrato de alquiler; o las sucesivas peticiones que han lanzado algunos grupos pidiendo que el Obispado pusiera a disposición de personas necesitadas sus inmuebles.

Los detractores hablan de un obispo que quiere apropiarse de lo que no es suyo o que opta por el beneficio económico de un edificio en lugar de mantener un negocio que lleva décadas en alquiler. Y los defensores entienden que en todos los casos sucedidos en estos diez años Zornoza ha puesto por delante los legítimos intereses de la diócesis, como corresponde a un obispo.

8. La nueva evangelización

En el terreno pastoral, constante ha sido y es el empeño del obispo por desarrollar y expandir a lo largo y ancho de la diócesis las nuevas realidades que practica la Iglesia para vivirla con más intensidad, para fidelizar más esa pertenencia a veces muy superficial de la población que se confiesa católica, y para llegar a más personas como insiste constantemente esta Iglesia que desde hace años llamas a realizar una nueva evangelización.

Fruto de este interés, Zornoza ha implantado en la diócesis iniciativas como Quercus (para jóvenes), los oratorios infantiles, las cenas Alfa, Life Teen, Centinelas, Luz en la noche, los retiros de Emaús, los cenáculos… Además, el obispo se ha hecho siempre muy presente especialmente con los jóvenes, por los que muestra especial preocupación y a los que suele acompañar en las distintas peregrinaciones, viajes e iniciativas que se desarrollan en la diócesis.

9. Las órdenes religiosas

Otra clave en esta década de Zornoza en Cádiz es la relación con las órdenes religiosas, que por lo general no parece especialmente fluida. Los conflictos de intereses a cuenta de las propiedades se han repetido en distintos sitios y con distintos actores, los problemas de comunicación se han repetido y la falta de conexión en muchos casos es evidente. Parece que Zornoza es especialmente celoso de la vida secular y que se siente más cómodo con esos nuevos institutos y congregaciones religiosas de reciente creación que con las históricas órdenes que tienen presencia en la diócesis.

10. Judicialización de la vida diocesana

Fruto de algunas de las claves anteriores, se ha convertido en un capítulo excesivamente repetido en estos diez años la presencia de la diócesis en los tribunales. Tanto en los religiosos, donde hay varias causas abiertas en la actualidad, como en los civiles, con casos abiertos contra el Obispado en la mayoría de los casos por los distintos despidos que se han producido en estos años. A las distintas salas judiciales han acudido el propio obispo (que declaró en Madrid y en Sevilla, por ejemplo, ante el conflicto por la propiedad del Carmen de Cádiz), la actual ecónoma diocesana (Carmen Lobato) o su antecesor en el cargo (Diufaín), estos dos últimos en la vía civil en los juzgados de Barbate. Y todo hace indicar que por delante quedan algunas vistas más con Zornoza como protagonista.

Con procesos judiciales abiertos, con unas cuentas saneadas, con movilizaciones en su contra, con sacerdotes enfrentados, con detractores y defensores, con unos que lo aplauden como salvador y otros que lo consideran verdugo, Rafael Zornoza acaba de cumplir diez años al frente de la diócesis de Cádiz y Ceuta. Y ya se da por hecho que aquí seguirá de obispo los algo más de tres años y medio que le restan hasta cumplir esos 75 años que la Iglesia determina como edad de retirada del clero. Cuando llegue ese momento, suya habrá sido, para bien o para mal, la transformación de la diócesis, radical en algunos extremos. Y él, el obispo de hierro, la habrá liderado contra viento y mareas.

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