Misiones parroquiales en La Palma

La Viña habla de Dios

  • Vecinos del barrio se reúnen en casas o en la calle para reflexionar sobre la Iglesia Católica y los Evangelios

  • Son las misiones parroquiales de La Palma, que finalizan este domingo

Vecinos de La Viña se reúnen en plena calle Pastora.

Vecinos de La Viña se reúnen en plena calle Pastora. / Fito Carreto

El desapacible noviembre se extiende cada tarde por el barrio de la Viña. El anochecer tempranero fruto del cambio horario se deja ver por unas calles sin el bullicio de terrazas, chanclas y caballas de hace bien poco, y sin el ajetreo de luces, regalos y villancicos que ya asoma a la vuelta de la esquina. Las tardes en la Viña aparentan ser más que tranquilas estos días; pero es solo en apariencia, porque diversos hogares abren sus puertas a diario para que todo el que quiera acuda a hablar de Dios.

Algunos carteles por el barrio anuncian lo que acontece cada tarde en esas casas. “Tu parroquia está de misión. Acompaña a nuestra comunidad familiar. Te esperamos”, se lee en algunos portones y fachadas, indicando número de portal, piso y letra. Todo el que quiera es bienvenido. El motivo: hablar de Dios. “Buscamos que se profundice en la fe, que hablemos de Dios, que ya no se habla de Dios. Que la gente hable de su experiencia de Dios, y que se busque el diálogo y se vuelva a creer en la fuerza de la comunidad cristiana. Que la gente comparta su vida y su fe. Y que recen juntos”, explica el sacerdote paúl José Luis Castillo, que junto a otro paúl, Manuel Botet, y dos hijas de la Caridad –Sor Ana María Manzano y Sor Matilde Alameda– están coordinando estas misiones parroquiales que está realizando la parroquia de La Palma y que motiva estos encuentros entre vecinos de la Viña que se vienen desarrollando toda esta semana.

De la mano de estos cuatro religiosos accedemos al primer piso de una finca de Virgen de las Penas en cuyo portal cuelga uno de los carteles invitando a unirse “a nuestra comunidad familiar”. “Adelante”, dicen desde el otro lado del telefonillo sin preguntar quién es. La puerta de la vivienda abierta de par en par, en un gesto de hospitalidad poco común en estos tiempos, lleva a un salón lleno de personas. Nueve adultos, acompañados de dos niños pequeños, conversan sobre diversas cuestiones. En concreto, retoma su intervención una de las señoras que fue interrumpida cuando contaba al resto su experiencia vital; un piso nuevo, una madrina que vive puerta con puerta con una hija deficiente a la que ella tuvo que cuidar... “Muchas veces no entendemos las cosas que pasan, y al final resulta que Dios tiene un plan para cada uno de nosotros”, añade otro de los vecinos que participa en el debate en torno a una Biblia, un cuadro de la Virgen (de las Penas, por supuesto, sobre la que giran estas misiones) y una vela encendida. Dios se hace presente con más intensidad estos días en la Viña. Y el barrio habla de Dios en sus casas, y también en la calle.

Un grupo de viñeros reunidos en el salón de una casa en la calle Virgen de las Penas Un grupo de viñeros reunidos en el salón de una casa en la calle Virgen de las Penas

Un grupo de viñeros reunidos en el salón de una casa en la calle Virgen de las Penas / Fito Carreto

En la oscura tarde de un noviembre que avanza hacia su ecuador, un oasis a modo de sillas en torno a una mesa se levanta en una desértica calle Pastora. Otro de los grupos, de esas comunidades familiares, que se reúne esta semana para reflexionar y debatir sobre Dios, la Iglesia y los Evangelios ha elegido la propia calle para celebrar los encuentros. Da igual el frío, “y si llueve nos metemos debajo de un paraguas”, dice la más anciana del grupo que sentada en silla de ruedas desprende una vitalidad juvenil que admira. A su alrededor, mayores y jóvenes comparten reflexiones, experiencias y valoraciones bajo la mirada de la Virgen de las Penas, presente en un cuadro que cuelga de la ventana del piso bajo, y a la luz de la vela.

Este grupo que cada tarde se reúne en plena calle Pastora habla de la respuesta y la actitud ante Dios en los momentos de crisis. “Ahí es donde nuestra fe tiene que dar un paso más”, dice con convicción un joven que sabe de que habla porque recientemente ha sufrido la pérdida de un familiar muy cercano a edad temprana y con un carisma que sobresalía en el barrio de la Viña y en la hermandad de la Palma. “No podemos achacarle a Dios las cosas malas”, añade otro de los miembros de esta tertulia. “¿Y si cuando pasa algo bueno damos las gracias a Dios, qué hacemos cuando pasa algo malo?”, pregunta el misionero José Luis Castillo subiendo un peldaño el nivel de la reflexión y debate de esa tarde.

En total, son más de un centenar de personas la que cada tarde–noche de esta semana de noviembre está acudiendo a casa de uno u otro vecino para reflexionar sobre la fe, para compartir experiencias, contrastar opiniones... para hablar de Dios, en definitiva. Se trata de la última fase de un proceso de misiones parroquiales en pleno siglo XXI que se han desarrollado en La Palma durante el último año y que, en el fondo, busca renovar la vida religiosa de la gente de la Viña y, en especial, de su parroquia.

El grupo que se reúne cada tarde en la calle Pastora en torno a un improvisado altar que preside la Virgen de las Penas El grupo que se reúne cada tarde en la calle Pastora en torno a un improvisado altar que preside la Virgen de las Penas

El grupo que se reúne cada tarde en la calle Pastora en torno a un improvisado altar que preside la Virgen de las Penas / Fito Carreto

“Allá donde vamos nos solemos encontrar parroquias que son como muy de mantenimiento. Muy anquilosadas, muy de cumplimiento, demasiado arraigadas en las tradiciones. Y lo que buscamos nosotros es que la parroquia se revitalice y poco a poco vaya dando pasos”, explica José Luis Castillo sobre estos procesos de misiones que ellos, los paúles –que en Cádiz están establecidos en la parroquia de San Vicente de Paúl, en la Barriada–, realizan por toda España.

Para ello, en La Palma han pasado por un tiempo de preparación de los propios integrantes de la parroquia, que se inició en noviembre del año pasado. “Al principio no lo veían, les sonaba a algo muy raro y que no iba con ellos. Pero al final van cambiando mentalidades, ideas, y van surgiendo estas cosas como que más de un centenar de personas se reúna cada noche en pequeñas comunidades para hablar de Dios”, comenta el paúl.

Posteriormente se ha llevado también un proceso de mantener innumerables reuniones con todos los colectivos que tienen vinculación con la Viña (centros educativos públicos y concertados, asociación de vecinos, peñas culturales y carnavalescas, asociaciones como Mujeres de Acero, hosteleros...) y de ir “casa por casa, puerta por puerta” acercando la parroquia a los vecinos del barrio y buscando que los vecinos se acerquen a la parroquia. Otra experiencia que quienes la han vivido cuentan que ha sido apasionante, viendo todo tipo de situaciones y, eso sí, encontrando mucho respeto en aquellas puertas que se han mantenido cerradas a la llamada de la Iglesia.

“¿Son igual todas las religiones?”, pregunta Pepe en el salón de la casa de Marita. “¿Cómo se suele reaccionar ante Dios por enfermedad o muerte?”, pregunta al mismo tiempo Marisa en la calle Pastora. La noche cae por completo en la Viña, y nueve velas encendidas en nueve puntos distintos del barrio quieren señalar que allí, estos días de noviembre, se habla de Dios.

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