Traumatólogo especializado en cirugía de columna Gaspar García Guerrero: "La ilusión de mi padre era que yo fuera piloto de aviones"

  • El coordinador de la Unidad de Columna del Hospital Puerta del Mar y del Hospital San Rafael repasa su trayectoria y la evolución de su especialidad, y alerta sobre la falta de cirujanos de columna en Cádiz

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Es un referente nacional en cirugía de columna vertebral. Le llaman de hospitales de distintos puntos de España para realizar intervenciones de alta complejidad, pero eso no le hace creer que sabe todo sobre su especialidad y ve necesario seguir siempre formándose y aprendiendo. "¿Y lo que más te hace aprender sabes qué es?", pregunta durante la entrevista, respondiendo de inmediato: "La humildad y reconocer tus fallos. Si crees que eres un fuera de serie, ahí llegaste a tu tope". Gaspar García piensa que de los fallos se aprende mucho. De hecho, cuando va a un congreso, en vez de presentar "casos espectaculares" de cirugías que ha realizado prefiere llevar errores "para que los demás aprendan de ellos y no se vuelvan a cometer".

–¿Siempre supo que quería ser médico?

–Siempre. La ilusión de mi padre era que yo fuera piloto de aviones comerciales, pero yo tenía claro lo que quería hacer antes de tener uso de razón. Me acuerdo que cuando tenía 5 ó 6 años, mi padre me compró una colección de revistas que se llamaba El mensajero juvenil. Eran 20 números. Se titulaban Yo quiero ser... y cada uno era una profesión distinta. El número 4 se llamaba Yo quiero ser médico y el número 10 era Yo quiero ser piloto. Me leí todos: arquitecto, ingeniero..., pero los dos que más me leía eran el número 4 y el 10. Pero llegado el momento, me decidí por la medicina. Me metí en la cátedra de neurocirugía y fue el propio catedrático el que me dijo: "Gaspar, no vayas a hacer neurocirugía, tú tienes que ser traumatólogo. Yo quiero que tú hagas cirugía de columna, y se aprende mejor por traumatología que por neurocirugía. Tú aprueba el MIR y no te vayas a otro sitio que no sea Cádiz, y te vas a pegar a un tal Rodríguez de la Rúa y al lado de él crecerás y te harás buen cirujano de columna". Y yo le hice caso a pies juntillas. Había que guiarse del jefe porque él veía tus capacidades.

–Entonces, usted no se había planteado ser traumatólogo.

–No, yo quería ser neurocirujano. Y fue el catedrático el que me dijo que tenía que ser traumatólogo y a través de esa especialidad hacer cirugía de columna; porque él ya veía que esa cirugía se iba a desarrollar en cuanto a medios técnicos mucho más por traumatología que por neurocirugía.

–¿Cuántos años lleva en el Hospital Puerta del Mar?

–Pues desde que entré como residente, en abril del 87. Entré como R1 y me confundieron con un visitador médico porque iba muy bien arreglado y con un maletín. Y desde entonces, hasta hoy. Soy de los médicos más antiguos del hospital, no el más viejo, ¡eh! Llevo ahí 32 años. En la Unidad de Columna nos encargamos de toda la patología traumática de la columna vertebral y la médula, lo que es la cirugía de las deformidades, cirugía de tumores, metástasis y todo ese tipo de cosas. Nuestra cartera de servicios es similar a la de cualquier hospital de primer nivel de España porque hacemos todo tipo de cirugía de columna vertebral tanto por vías posteriores como vías anteriores, es decir, abriendo por delante, el tórax, el abdomen o abriendo las dos cavidades a la vez. De hecho, es una Unidad que tiene prestigio a nivel tanto de la comunidad como a nivel nacional. Nosotros somos muy fuertes en la patología cervical y vienen muchos médicos residentes externos e incluso traumatólogos ya con la especialidad que quieren hacer cirugía de columna o que ya están haciéndola para formarse con nosotros. Es una Unidad pequeña, que está dentro del Servicio de Traumatología, pero tenemos muchas publicaciones, tenemos mucho trabajo hecho interesantísimo y utilizamos las técnicas de vanguardia que se pueden utilizar en cualquier Unidad a nivel nacional. Antes éramos cuatro cirujanos, pero desde que se jubiló el doctor Rodríguez de la Rúa somos tres: el doctor Tomás Vela Panés, el doctor Claudio Cano Gómez y aquí un servidor. Yo soy como el coordinador, pero soy un simple facultativo especialista de área desde hace 32 años para el Servicio Andaluz de Salud. Hay que decir que esta Unidad de Columna cubre los 365 días del año para cualquier lesión medular aguda. Estamos permanentemente localizados porque esos lesionados tienen que ser operados cuanto antes para tener la mayor recuperación posible, y lo hacemos de manera altruista, no cobramos un solo euro por ello.

–¿No ha tenido que irse fuera de Cádiz para formarse y especializarse?

–Claro que sí. Siendo R3 mi jefe entonces, el doctor Rodríguez de la Rúa, me mandó a Francia, concretamente al hospital Institut Calot, que es un centro de referencia en todo el noroeste de Francia para cirugía de deformidades. Y ahí estuve seis meses, desde septiembre del 89 a marzo incluido del 90 con el doctor Daniel Chopin, que era, porque ya está jubilado, a nivel mundial de lo mejor del mundo en cirugía de escoliosis. Yo me fui allí con un citroën AX, una niña de 16 meses y mi mujer, y ahí montada toda la familia, porque todavía mi hijo no había nacido. Nos fuimos a la aventura, como quien dice. Y ahí estuve seis meses y vine formado en cirugía de deformidades. Posteriormente, en el año 2000, mi jefe me mandó con otro especialista, que era el doctor Jacques Senegas, a Burdeos, y allí estuve tres meses para aprender bien la cirugía cervical y lumbar degenerativa. Este hombre, que también está jubilado ya, es en eso número uno mundial, con técnicas descritas. Era un personaje a nivel mundial, y además ese señor tiene una calidad humana impresionante. Posteriormente he estado yendo también a Francia a hacer estancias de una semana o diez días a reciclarme, porque esto es una cosa que requiere estar continuamente actualizándose, y no solamente acudiendo congresos, que sí que se aprende en los congresos, pero es necesario ir a ver cirugías: hay que ir a ver operar a otros especialistas, ver otras formas de trabajo para estar continuamente al día.

–Imagino que desde que usted empezó hasta ahora, ha avanzado mucho este tipo de cirugía.

–Muchísimo. Y sobre todo, más que las vías de abordaje, lo que ha hecho avanzar esto es la tecnología. Cuando yo empecé a operar escoliosis, por ejemplo, una niña después de llevar dos años un corsé, había que operarla y tenía que llevarse la pobrecita con sus hierrecitos puestos un mes en la cama, en un lecho de yeso que le hacíamos terminada la cirugía. Y después se le ponía un corsé de yeso que tenía que llevar un año y cuando terminaba con ese corsé, se le ponía otro hasta que terminara el crecimiento. Es decir, una pesadilla. Una chica que había empezado con corsé a los doce años, cuando terminaba su pesadilla tenía 16 o 17 años. Había perdido la adolescencia con eso. Hoy día no se poner corsé y la operación tiene una estancia media en el hospital entre cinco y siete días, y luego para casa y en dos semanas al colegio. Fíjese lo que ha cambiado en 30 años. ¿Quiénes son los responsables de eso? Pues no solamente los médicos, sino los ingenieros biomecánicos, todos los que trabajan para esas casas comerciales que fabrican los implantes que se han ido mejorando cada vez más. Es decir, la tecnología nos ha hecho evolucionar mucho.

–Usted también participó en la puesta en marcha de la Unidad de Columna del Hospital San Rafael, ¿continúa allí?

–Si. Esa unidad la componemos los mismos miembros de la Unidad de Columna del Puerta del Mar más un neurocirujano y un anestesiólogo. Somos cinco y la verdad es que funciona muy bien. Es para pacientes que no son del Servicio Andaluz de Salud.

–¿Allí hacéis las mismas operaciones que en el Puerta del Mar?

–Salvo las de alta complejidad. Sobre todo se hace cirugía cervical y lumbar degenerativa. También hemos hecho fracturas vertebrales. Pero hay determinadas patologías, como por ejemplo las deformidades, que requieren una infraestructura en quirófano que es impresionante, tanto de medios humanos como de medios técnicos. De hecho, en el Hospital Puerta del Mar, nosotros podemos asumir una media de cuatro cirugías de deformidades al mes, porque son los días que se puede reunir a todo ese personal y esos medios técnicos. Y esto lleva su propia lista de espera.

–Ahora que menciona las listas de espera, una de las especialidades que más tiene en la sanidad pública es traumatología, ¿por qué?

–Lo que ocurre es que no es la misma lista de espera que había en el año 2000, por poner un ejemplo. La esperanza de vida ha aumentado y la gente quiere tener calidad de vida. Antes no se operaba a una persona de 70 o 75 años de columna y hoy día, una persona con 75 años se opera de la columna, claro que sí, si está indicado; y yo siempre digo que es una técnica adaptada a esa edad y hay que ser muy claros en la explicación de qué puede obtener y de qué no puede obtener. Hay que tener en cuenta que el 40% de las consultas de un médico de Atención Primaria son dolores de espalda, de cuello y de columna vertebral. Es enorme. Entonces, eso es lo que hace que nosotros tengamos tanta demanda.

–¿Y cómo puede solucionarse?

–Evidentemente, se necesita más personal. Nosotros, la Unidad de Columna, estamos al límite. Hay que decir que mantenemos el decreto de garantía a duras penas. No sé si con los medios del plan de choque ha cambiado, pero hasta antes del plan de choque éramos la única Unidad de Cirugía de Columna de Andalucía que los pacientes estaban en decreto. Hoy día seguimos todavía en decreto, pero esto es a duras penas. Yo ya he previsto que este año revienta la lista de espera. Tengo calculado que sobre otoño ya avanzado revienta la lista de espera de cirugía de columna en nuestra Unidad. Nosotros estamos siempre procurando hacer todo lo posible para que todo funcione, para que todo vaya bien y mejorar nuestro rendimiento, pero sólo somos tres. Se necesita a alguien más. Yo llevo pidiéndolo desde que se jubiló el doctor Rodríguez de la Rúa y hasta el momento no ha habido una respuesta. ¿Y por qué no ha habido respuesta? Precisamente porque nos hemos empeñado en mantener los números a raya, y si con tres cumplimos, dicen: "¿Para qué quieren más?". El problema es que nos vamos haciendo mayores y la cirugía de columna tiene una curva de aprendizaje lenta. Yo tengo 59 años, me quedan seis para jubilarme, y hay que ir formando a otros porque si no, se va a crear un problema.

–Usted ha realizado cooperación sanitaria en países del tercer mundo, ¿qué le llevó a dar ese paso?

–Es algo que siempre me gustó y el doctor de la Rúa, que coordina este tipo de cosas a través de la Asociación Andaluza de Cooperación Sanitaria, me dijo que quería que fuese con él al Chad, y yo encantado. Cuando lo comenté en casa, me dijeron poco más o menos que estaba loco, porque no es un sitio muy seguro y es el tercer país más pobre de los que pertenecen a la ONU. Allí he hecho tres campañas. Creo que es algo que todos los médicos deberían probar alguna vez en la vida.

–Ya ha comenzado el verano, que es una época en la que aumentan las lesiones medulares por zambullidas en playas y piscinas, ¿cómo se puede concienciar a la población sobre este tema?

–Yo siempre digo que igual que se hacen campañas preventivas para los accidentes de tráfico, deberían hacerse para las lesiones medulares. Igual que se anuncia por la megafonía la prohibición de llevar animales, tirar basura y una serie de cosas, en las playas como la de Cádiz, que es poco profunda, debe advertirse del peligro de tirarse de cabeza al agua por riesgo de lesión en la columna vertebral. Sé que puede interpretarse como algo negativo, pero es al revés, es para que la gente gaste cuidado porque un día que van a pasar bonito, disfrutando de la familia o de amigos en la playa, puede acabar en una desgracia. Entonces, se debería concienciar a la población de ese peligro en las playas y también en las piscinas. Y ahora hay un juego que se ha puesto de moda, que es la famosa pelota gorda de pilates que los chavales jóvenes entierran en la arena a la mitad y salen corriendo, pegan un salto y dan una voltereta; pues tenemos de esa pelota varias lesiones medulares, varios tetrapéjicos de niños de 14–15 años. Ellos se destrozan la vida, pero también ala familia.

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