Coronavirus | Cádiz Bares musicales piden auxilio municipal, asfixiados por las restricciones de la Junta

  • Tras el último decreto autonómico, "la mayoría, a duras penas van a poder mantenerse abiertos”, dice un portavoz de estos establecimientos del centro histórico

  • Sus responsables calculan una caída del 50% de las ventas con la reducción del aforo a un 60%

Aspecto que presenta la sala del Rollin’ Rock, totalmente adaptado a los requisitos que exige la Junta. Aspecto que presenta la sala del Rollin’ Rock, totalmente adaptado a los requisitos que exige la Junta.

Aspecto que presenta la sala del Rollin’ Rock, totalmente adaptado a los requisitos que exige la Junta. / D. C.

"Si no encontramos, apoyo, ayuda y soluciones urgentes por parte del Ayuntamiento, esto puede ser la puntilla para los bares con música en el centro histórico de Cádiz, que desaparecerían de una ciudad cada vez más muerta que desgraciadamente carece de tejido productivo más allá del turismo y la hostelería”. Este es el dramático panorama que describe Dani Gallardo, autónomo empleador y fundador del Rollin’Rock, un bar con música de referencia en la capital gaditana, que con mucho esfuerzo abrió este emprendedor en la calle Isabel la Católica hace casi cinco años.

Después de casi tres meses de cierre forzoso por el estado de alarma decretado frente a la pandemia del coronavirus. Después otro mes más de incertidumbre sobre cuándo y cómo podrían reabrir. Después de una inversión de entre 3.000 y 4.000 euros para adaptar rigurosamente el local a las medidas preventivas impuestas por la Junta. Después de haber seguido afrontando los gastos fijos que comporta el mantenimiento del local de cara a la reapertura, salvo el suministro elécrico, que se suspendió hasta el reinicio de actividad. Después de verse obligado a solicitar un crédito ICO que, como es lógico, tendrá que ir devolviendo en los sucesivos meses, el reciente decreto de la Junta de Andalucía ha restringido aún más el aforo de este tipo de bares, hasta un 60%, asfixiando económicamente a sus responsables y abocando a muchos a echar abajo la baraja para siempre.

Dani habla a título personal, pero también como portavoz de los propietarios de otros cinco o seis establecimientos de este segmento en el entorno de Isabel la Católica, Manuel Rancés y Rafael de la Viesca. Otro de sus representantes ya manifestó a través de este periódico las tremendas dificultades con las que se encontraban para salir a flote antes de estas últimas restricciones impuestas por la administración andaluza con el prioritario objetivo, como no, de frenar la expansión de la pandemia.

El responsable del Rollin’ relata la sucesión de acontecimientos: “Después de todos esos preparativos, trámites y gastos, pudimos abrir con un 75% de aforo, que en nuestro caso suponía, en teoría, pasar de admitir a 70 personas a 50 como máximo, sentadas en mesas o en la barra, con una separación mínima de 1,5 metros, y con grupos de un máximo de 25. Pero eso son condiciones ideales, que en la práctica no se pueden cumplir. Yo he tenido que cortar la entrada a la gente con tan sólo 30 o 35 personas dentro, porque ya no cabían más respetando las distancias. Y eso que tenemos la suerte de trabajar en un local muy espacioso”.

Dani Gallardo hace cuentas: “Esto supone que antes de este último decreto, durante la nueva normalidad, los bares con música hemos estado trabajando, como mucho, a un 50%, y sin terraza. En paralelo, por la falta de interacción social, se modifican los hábitos, que incrementan el descenso de las ventas. Además, se amplían los horarios de las terrazas hasta las 3:00, de manera que los fines de semana también perdemos esa hora u hora y media final. Es decir, hemos reducido aforo y horario... y la competencia de las terrazas está siendo muy dura”.

Este autónomo empleador critica que “con la crisis de la discoteca de Córdoba, se prohibe el botellón y se actúa sobre el ocio nocturno en general, cumpliese o no, con los protocolos que ellos mismos han impuesto. De forma que con un 60% de aforo, paso a tener como máximo 40 personas, que en la práctica se quedarán en 20 o 25. Si hubiesen reducido el horario habría sido otra puntilla más”.

Y de vuelta a las cuentas: “Si con las anteriores restricciones ya habíamos calculado ente un 30% y un 40% menos de ventas, ahora las pérdidas van a ser del 50%. Pero los gastos siguen siendo los mismos: alquiler o hipoteca, el consumo eléctrico, la cuota de autónomos, el IRPF... La mayoría de los compañeros y compañeras, a duras penas van a poder continuar con la actividad”.

A Dani le consta que ya hay varios autónomos que están el filo de la navaja. “Si continuamos con estas limitaciones, puede haber cierres. Yo no me lo planteo ahora mismo porque tengo la ventaja de que el 95% de mi público es de Cádiz, es un público muy determinado. Pero hay compañeros que no han tenido la misma suerte, sobre todo porque sus locales no tienen la capacidad de adaptación que ha tenido el mío, porque tienen menos superficie... como autónomo empleador asumo que voy a tener que trabajar gratis durante mucho tiempo para cubrir gastos y que el local siga abierto... aunque nadie nos asegura que en dos meses no se endurezcan las medidas”.

Por último, una reflexión: “La Junta alega la sostenibilidad de estas medidas. Y yo me pregunto si la Junta podría sostener los mismos servicios con un 50% menos de ingresos”.

Peatonalización temporal y terrazas

Antes de que se publicase en el BOJA el decreto de la Junta restrigiendo a un 60% el aforo de los bares con música, los propietarios de los establecimientos de las calles Isabel la Católica, Manuel Rancés y Rafael de la Viesca ya se reunieron con el concejal de Urbanismo y Vía Pública, Martín Vila, recuerda Dani Gallardo, responsable del Rollín Rock y uno de sus portavoces.

“Le pedimos que el Ayuntamiento de Cádiz nos ayudase en tres asuntos que son vitales para nuestra supervivencia: que solicitasen a la Junta una ampliación de horarios, que visto lo sucedido con las discotecas, eso no va a ocurrir nunca; la posibilidad de peatonalización, aunque sea temporal los fines de semana, de las calles en las que estamos ubicados y proyectos colaborativos con el propio Ayuntamiento”, resume Gallardo.

“En ese momento nos sentimos escuchados, pero ahora mismo sobre la mesa no hay nada. Ni nos consta que se haya hecho una petición a la Junta sobre los horarios. Por eso estamos solicitando una nueva reunión”, avanza.

“Sabemos que en el encuentro que la Junta ha mantenido con los alcaldes se ha hablado sobre la manera de abrir estos locales al exterior, con la colocación de terrazas, y que se ha pedido la colaboración con los Ayuntamientos. De esto queremos hablar –adelanta– Que no es una solución, pero sí una medida que podría minimizar el problema”.

Dani Gallardo recalca que lo que está en peligro no es sólo el futuro de seis o siete autónomos y autónomas, sino el de alrededor de treinta trabajadores y el de todo un tejido productivo que incluye asesorías y proveedores.

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