Llega a Cádiz un disfraz para sentir lo que sienten nuestros mayores
Dependencia
Los trabajadores de la residencia Fragela experimentan con un traje especial las limitaciones y sensaciones que viven las personas dependientes para así conocerlas mejor
No es lo mismo que le cuenten las cosas a vivirlas en primera persona. Son muchas las veces en las que podemos pensar que el abuelo se queja de vicio o que la abuela hoy se ha levantado con el pie izquierdo y no tiene ni ganas de comer.
Las nuevas tecnologías son ya capaces de echarnos encima 20 ó 30 años e incluso, en muchos, casos, hasta 40. Con un traje que han bautizado como NHuman, es posible que una persona joven y sin dolencias sientan lo mismo que sienten nuestros mayores.
Ese traje llegó este miércoles hasta la residencia de Fragela para que sus empleados vivieran en persona las dolencias, las incomodidades o las limitaciones que padecen los abuelos y abuelas que viven allí con las que tratan cada día.
En principio, el traje básico que pesa unos 40 kilos, nos hace sentir como una persona de 84 años sin patologías. A partir de ahí, al singular disfraz se le van añadiendo uno u otro complemento dependiendo de la dolencia que queramos emular y así sentir lo que realmente sienten sus pacientes. “Nosotros lo que hacemos es que el trabajador sienta lo mismo que siente la persona a la que cuida”. Así lo indicaba Manuel Esteban Bernabé, uno de los responsables del proyecto + Humanización, que hizo posible que este traje llegara ayer hasta el Falla. A los empleados de Fragela les ha cambiado la forma de ver la vida, de ver su vejez y de empatizar con los mayores con los que bregan cada día.
Con un dispositivo provisto de unos auriculares, el personal de Fragela fue capaz de sentir lo que siente un abuelo o una abuela que sufra, por ejemplo, tinnitus: un intenso zumbido en los oídos que les martillea la cabeza las 24 horas del día. De día y de noche. Gracias al traje NHuman y a sus dispositivos, los cuidadores de Fragela pudieron sentir ese zumbido. “Muchos de los trabajadores me decían que les quitara los auriculares que no lo soportaban. Yo les decía que dieran gracias a que ellos podían dejar de escuchar el zumbido, mientras que ellos, los mayores, no podían”.
Manuel Esteban Bernabé, gaditano aunque residente desde hace años en Almería, quiso traer este invento, procedente de la Universidad Maximilian de Alemania, y con él un plan de formación y de seguimiento que dotará al centro de una acreditación homologada que les colocará entre los centros más humanizados de toda Europa.
Y lo mismo que se puede simular el tinnitus se puede hacer con la reducción de la marcha, con la inmovilidad, la hipoacusia, la pérdida del campo visual, a lo que se pueden sumar los temblores del parkinson, la degeneración macular, la rinitis pigmentosa, las cataratas, la hemiparexia, y un largo etcétera, tan largo como el listado de dolencias, malestares y patologías que puede presentar una persona, una vez que ha llegado a la vejez.
“Después de haber pasado una noche sin poder pegar ojo por culpa del zumbido entenderemos ahora por qué no quieren ni levantarse de la cama por la mañana o por qué no tienen ganas de colorear”, aclaraba Bernabé.
Allí estaba Pablo Otero, el director de Fragela, el primero en la cola desde muy temprano para ponerse el disfraz. “El personal está realmente emocionado porque está viviendo en primera persona situaciones con las que se encuentran a diario y que les hace ser mejores seres humanos”.
La coordinadora del personal de Fragela, Isabel García, dijo sentirse “impactada” con la experiencia vivida con el NHuman:“Esto nos hará empatizar más con nuestros pacientes. Después de esto nunca volveré a ser capaz de decirle a ninguno de los abuelos:aligérate que cierran el comedor”.
Los ha hecho sentirse mucho más humanos aunque muchos traen ya el problema desde casa. Así Estrella Fernández, gerontóloga de Fragela, contaba que a su marido le diagnosticaron parkinson con sólo 42 años. Ahora, gracias a unos guantes que incluye este invento, cualquiera es capaz de sentir los temblores que siente alguien aquejado de parkinson.
Y otra empleada, Nieves Toro, que quería sentir lo que siente una persona con paraplejia. No era un capricho sin sentido, ya que Nieves tiene dos hijos con esclerosis múltiple. “Yo veo a mi hija y sé lo que siente, pero quería experimentar esa sensación que ella vive cada día, minuto a minuto”.
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