Entrevista con Pablo Otero, director del centro de mayores Fragela de Cádiz

“Los mayores son aquí los reyes de la casa”

  • Estudió Derecho pero sabía que lo suyo era la gestión empresarial. Dirige la Casa Fragela, ubicada frente a Falla, desde su fundación hace ahora 13 años

Pablo Otero, en una de las dependencias del centro de mayores de Fragela.

Pablo Otero, en una de las dependencias del centro de mayores de Fragela. / Julio González (Cádiz)

Pablo Otero Gallardo, director del centro de mayores Fragela, cumple el mes que viene 43 años. Tiene esposa, Concha, y cuatro hijos: Sofía, de 9 años, y los trillizos Lourdes, Victoria y Juan Pablo, de 6 añitos. Es licenciado en Derecho, aunque nada más terminar la carrera hizo un máster de Dirección de Empresa en Madrid. Allí trabajó en la editora del periódico El Mundo, donde llevaba varias cuentas de clientes tan potentes como Sony o Nike. Pasó de llevar el negociado de la PlayStation a dirigir un centro de mayores en Cádiz. Le ofrecieron desde la Fundación Fragela la posibilidad de venir a Cádiz. El padre José Luis Salido y Francisco Medina le explicaron que aquí necesitaban a una persona con ganas e ilusión para liderar un proyecto. Requerían ayuda para la acreditación de las plazas de la residencia, para montar el centro de día, para la contratación del personal, proveedores, equipamiento... Pablo Otero fue contratado justo un año antes de que se abriera la Casa de Fragela, ubicada frente al Gran Teatro Falla, “y aquí seguimos con mucha ilusión y con muchas ganas”, admite Otero. Siempre huye de citar la palabra “muerte” cuando uno de sus pacientes “se va”. Pablo siempre encuentra el sinónimo o la fórmula para evitar esa palabra, lo que dice mucho de que su trabajo va más allá de estar ocho horas sentado en un despacho.

-¿Licenciado en Derecho y termina llevando un centro de mayores? ¿Ha llegado alguna vez a ejercer como abogado?

-Con mi padre muy poco tiempo. No me dio apenas tiempo para ejercer porque me gustaba más el tema de la gestión. De hecho el máster de Dirección de Empresa lo hice para saber gestionar eso, una empresa. La carrera me ayudó mucho para otros muchos temas de Juzgados, de contratación, de relaciones con la Administración Pública... Conseguí una base que ahora voy ampliando con mi experiencia y con el día a día.

-¿Pero fue el máster el que le encarrila en su vocación real?

-Claro. Pero ha sido en estos 14 años que llevo, de nuevo en Cádiz, donde he madurado mucho, sobre todo, en la gestión de los recursos humanos, que creo que es la clave del éxito del centro de Fragela.

-Pasa de la PlayStation a la gestión de un centro de mayores. Tanto tienen que ver como el atún y el betún, ¿no?

-Indudablemente estuve un año entero formándome sobre lo que era la Ley de la Dependencia, el papel de la Administración Pública en el tema de los Asuntos Sociales y eso no lo había visto jamás. Hice, además, un máster de Dirección de Centros de Mayores, a la vez que hacía las prácticas con el padre José Luis Salido en Alvernia. No tenía nada que ver, pero mi reto era poder llevar un proyecto en el que pudiera proyectar mi manera de ser, y aquí he aprendido muchos sobre cómo se puede cuidar, estimular, atender, ayudar a los mayores y me he sabido rodear de gente que sabe mucho sobre esto.

"La persona que atiende aquí a un mayor, la cuida, no lo cura, la cuida, la asiste, la estimula”

-¿Quién está detrás de la Fundación Fragela?

-La Fundación Fragela está compuesta por un patronato presidido por el obispo Rafael Zornoza Boy, que, además, lo configuran otros dos miembros del Cabildo Catedralicio, Francisco Medina, que es el secretario, que es laico, y yo, como vocal. Representamos a la residencia y al centro de día de Fragela. Yo soy el representante legal de la entidad y, a la vez, llevo la Dirección de la residencia, donde damos servicio a 80 residentes que viven aquí y a 30 usuarios del centro de día.

-¿Los españoles cuidamos bien a nuestros mayores?

-Bajo mi punto de vista sí. Desde la pandemia se está empezando a conocer un poco más el trabajo qué hay detrás de los centros de mayores. Creo que sí, que España cuida bien a sus mayores, pero es ahora cuando se está empezando a ver que no sólo hay que cuidarlos físicamente sino también cognitivamente. La esperanza de vida en España es cada vez mayor y, al prolongarse más la vida, empiezan a detectarse enfermedades como el alzheimer u otros deterioros cognitivos. Es cierto también que ese cuidado es un poco más complejo y requiere más medios. Ya hemos dejado a un lado la idea de que en un centro de mayores sólo se cambian pañales, se asea o se les da de comer a nuestros mayores.

-¿No hemos tardado demasiado tiempo en darnos cuenta?

-Es que es ahora cuando se le está dando al sector de la geriatría un protagonismo que antes no tenía. El médico geriatra tiene una importancia supina. La persona que atiende aquí a una persona mayor, la cuida, no la cura, la cuida, la asiste, la estimula. Es un sector con el que había una deuda pendiente. Atender a una persona las 24 horas del día no está pagado. No se olvide que una persona con alzheimer lo mismo te da un guantazo que te da un abrazo. Aquí no sólo vale con cubrir el expediente. Hay que hacerlo todo con cariño. Cuando te da ese guantazo, tienes que entender que te lo ha dado porque está enfermo. Eso requiere cuidadores muy bien preparados , con vocación y, sobre todo con un gran corazón. Fundamental, tener corazón. Y parece que, ahora con la pandemia, hay muchos que se están dando cuenta de lo que se hace detrás de estas cuatro paredes.

-Al menos el coronavirus está sirviendo para algo...

-Si, ha servido para mucho, y para bien, creo. Estamos en el buen camino y aún necesitamos que se valore este sector aún más.

-¿Cree que es un error que haya familias que sigan pensando que sus mayores están mejor en casa, con una mantita sobre las piernas, en el sofá y viendo el Sálvame?

-Antes del ingreso, hay un trabajo detrás en el cual concienciamos un poco a las familias para que se den cuenta de que aquí va a estar estimulado, aquí va a estar tratado... Nosotros tenemos una educadora social, tenemos terapia ocupacional, tenemos psicólogos, tenemos fisioterapeutas que se ocupan de darles movilidad y tratamiento físico a los residentes, movilidad en cama... Requiere poner toda la carne en el asador para cuidarlos. No es que sea un error, pero en tu casa viendo la tele... A esa familia siempre le rondará la cabeza si con esa actitud estarán realmente abandonando a sus mayores o no. Pasar por el centro de día es el paso previo, quizás, a la residencia porque así siguen viviendo en su casa, con sus hijos o con alguien que te pueda atender y no termina de dejar el hogar. Le recuerdo que aquí tenemos 61 personas a disposición de los mayores, 61 personas en plantilla a su disposición... Hay una enfermera 24 horas al día, les toman el azúcar, la tensión, les dan de comer, les cambian el pañal por la tarde un par de veces cuando hacen ronda. Eso es imposible que alguien te lo pueda hacer en casa.

-¿Y qué opina de aquellas personas que dejan a sus mayores en manos de gente sin formación alguna en la materia?

-Hay muchas persona que hacen a domicilio un trabajo extraordinario pero no alcanzan a cubrir las necesidades de un mayor. Cuando ya una persona deja de tener independencia, está muy bien en casa si está bien físicamente, si entra, si sale, pero cuando dan un pasito más es cuando ya necesitan algo de una atención que sólo te puede dispensar un personal especializado.

"Cuando uno de nuestros mayores ‘se va’, el personal se viene abajo y hay unos días que lo pasamos muy mal”

-¿Es caro que nos cuiden a nuestros mayores? ¿Hay ayudas suficientes por parte de las administraciones públicas?

-La Junta te ofrece ayudas económica para pagar la plaza privada, lo que se llama prestación vinculada al servicio. Te puede ofrecer plaza concertada en un centro residencial, plaza concertada en un centro de día... todo eso para el que no pueda asumirlo. Aquí la persona que entra y ha solicitado plaza concertada paga el 75% de su pensión. No se le toca nada de las pagas extraordinarias. ¿Caro? Pues hay que pagar al fisioterapeuta, hay que pagar al equipo técnico... Es que la Junta de Andalucía dice que el coste de atender a un anciano es de 50 euros al día. Es mucho más. Aquí en Fragela la plaza privada cuesta 1.600 euros, pero si es una plaza concertada estamos hablando del 75% de su pensión, tengan la pensión que tengan, el resto nos lo da la Junta de Andalucía. ¿Es caro?

-¿Entonces aquí el problema no es el coste ni las ayudas sino la falta de plazas concertadas?

-Hay lista de espera porque hay mucha demanda. El problema es que si eres de Cádiz o tus allegados son de Cádiz, a lo mejor quieres que se quede sí o sí en Cádiz capital y aquí hay muy pocas residencias. Yo intento ponerme siempre en el papel de la persona que viene a pedir ayuda o información y uno se pregunta: “A ver, ¿yo qué haría?” Si tienes necesidad, te pueden dar una plaza concertada en la provincia, donde sí hay muchas residencias, y luego puedes solicitar traslado al destino que tú quieras. Si te dan una residencia en Algodonales, pues coge esa plaza concertada aunque te pille más lejos de lo que quisiera, si realmente necesitas que esa persona esté atendida las 24 horas del día, y ya así tienes la posibilidad que la propia trabajadora social pueda solicitar el traslado.

-¿Para un país es un problema que los mayores duren más tiempo?

-No lo veo un problema si se tienen las partidas económicas suficientes para atender a esos mayores. Lo que sí considero un problema es que la natalidad no sea la suficiente. Es cierto que el aumento de la esperanza de vida llega a colapsar los Servicios Sociales. Pero lo que hay que hacer de manera paralela es incentivar la natalidad, que creo que sería la otra vertiente de este algoritmo.

-¿Cómo sobrelleva usted la muerte de uno de sus abuelos

-Muy mal. Sobre todo el equipo técnico, la enfermería, la psicóloga, la trabajadora social, la fisioterapeuta. Hace poco hemos asistido a un curso de duelo que nos ha impartido Cruz Roja. Nos han dado unas pautas para poder digerirlo. Bueno, no son pautas porque después tu corazoncito es, al final, el que manda, pero sí para ayudar un poco a digerirlo mejor. Aquí pasas muchísimo tiempo. Pasas prácticamente casi todo el día aquí con tus compañeros de trabajo y a los residentes se les coge un cariño inmenso. Y ellos te lo agradecen de todo corazón aunque sea con una simple mirada o una leve sonrisa. Indudablemente cuando uno “se va”, hay unos días en los que lo pasamos francamente mal y el personal se viene abajo.

Pablo Otero no duda que la Virgen del Perpetuo Socorro que luce a la entrada del centro de mayores tiene algo que ver con el éxito del proyecto. Pablo Otero no duda que la Virgen del Perpetuo Socorro que luce a la entrada del centro de mayores tiene algo que ver con el éxito del proyecto.

Pablo Otero no duda que la Virgen del Perpetuo Socorro que luce a la entrada del centro de mayores tiene algo que ver con el éxito del proyecto. / Julio González (Cádiz)

-¿No se acostumbra uno a la muerte por muchos cursos de duelo que te den, no?

-Jamás. Lo llevamos muy mal pero también entiendo que forma parte de nuestro día a día. Sobre todo, lo peor para mí es el momento de trasladarle al familiar cuando tiene lugar una pérdida. Hay veces que me llaman incluso de madrugada, a cualquier hora del día porque saben que mi móvil está siempre disponible. En el momento en el que se llama desde Enfermería a los familiares para comunicarles la pérdida, no hay palabras que sepan cubrir ese impacto. Poco a poco vas cogiendo algo de experiencia y lo vas digiriendo. Pero para eso nunca estás del todo preparado.

-¿Y cómo lo llevan los abuelos cuando un compañero fallece?

-Yo siempre me acuerdo de una pérdida que fue muy significativa. Lo son todas, pero ésta era una persona que deambulaba mucho por el centro y él siempre estaba animando a la gente. Me refiero a Adolfo Bolea, el ex jugador del Cádiz. Él entraba en rehabilitación y tenía una habilidad especial para animar hasta en los peores momentos, en la rehabilitación, en los talleres... Ese mes siguiente, tras su marcha, los propios residentes y compañeros del comedor estaban muy bajos de ánimo. También es verdad que el equipo técnico intenta esos días estar un poco más encima de ellos intentando animarlos un poco, la psicóloga, la terapeuta, la educadora social e intentamos distraerlos un poco más. Pero ellos echan en falta esa compañía. Es que en los comedores, en los talleres, en los ratos libres, es que son, al fin y al cabo, como una gran familia...

-Dejemos un poco de lado la muerte y vamos al cotilleo. ¿Se viven también aquí dentro relaciones sentimentales entre mayores?

-Sí (se sonríe Pablo). De hecho ahora tenemos una parejita muy simpática. Se trata de una residente que es pareja de una paciente del centro de día. Y cuando no está la usuaria del centro de día, el otro la espera en la puerta como cuando uno eran joven y esperaba a su novia. Son viudos y son pareja aunque ellos dicen que son mucho más que amigos. Se conocieron aquí. Y hay dos, que yo sepa. Son al menos la parejita más o menos oficial (sigue Pablo con su sonrisa).

-Es una bonita segunda oportunidad...

-Hombre, claro que sí. Te hace feliz, se cuidan entre ellos. Hay cierto deterioro cognitivo, pero ellos se ven como si fueran niños pequeños y como si estuvieran empezando una nueva vida.

-¿Aprende usted mucho de los mayores?

-Muchísimo y todos los días. Me gusta charlar con los residentes, me paso por los talleres, cuando están haciendo su bingo o sus talleres de lectura en el que la terapeuta les lee el Diario todos los días, las noticias... Nos están dando una lección diaria con todo este tema del Covid porque lo han llevado extraordinariamente bien y diariamente te dan toda una lección de vida.

-¿Nota que le hacen ser mejor persona?

-Yo me veo reflejado en ellos. Me veo ahí cuando sea mayor y veo que se les cuida como quisieras que te cuidaran a ti el día que te toque. La filosofía de trabajo de la Fundación Fragela es la que se me han inculcado desde el primer momento. No es que me hayan hecho mejor persona. Lo que tienes es que cuidarlos con cariño, con estimulación y con corazón y dando el máximo de ti.

-Le será de gran ayuda también tener una plantilla con vocación.

-Claro que sí. Pero es que la fundación lo tiene así de claro desde el principio. Que para estar en la Fundación Fragela hay que ofrecer un poquito más. Aquí hay gente que tiene muy buena actitud y empatía con los residentes que tratan siempre de darles el cariño máximo salvaguardando la dignidad de los mayores hasta su último día de vida. Por mucho que cambies un pañal o le des atención o de comer, si tú no tienes corazón, y lo digo con el máximo convencimiento, aquí estás de más.

-¿Es usted estricto a la hora de elegir a su plantilla?

-Sí. Lo soy. Pero bueno, ya me ven venir y saben cuál es la filosofía de trabajo que hemos inculcado aquí desde el principio. Tú aquí, si tratas bien al mayor, te gusta lo que haces y guardas una disciplina y un orden, por supuesto, en Fragela siempre tendrás un hueco. El tratar con corazón y cariño a los mayores es la máxima aquí. Ellos son los reyes de la casa desde el primer día.

-¿También le habrá tocado vivir situaciones muy dolorosas de abandono, no?

-Tenemos un porcentaje muy pequeño de residentes a los que visitan poco, la verdad. Es nuestra labor, desde el principio, que la trabajadora social, si detecta algún caso de un paciente que no tiene las visitas correspondientes, damos un toque sutil a la familia.

-¿Envejece mejor el hombre o la mujer? ¿Prefiere un abuelo o una abuela? ¿O no va con el sexo?

-Mire: el 80% de los residentes son mujeres. Me llevo bien con los dos sexos pero creo que me suelo llevar mejor con los abuelos. Quizás por cierta afinidad. Lo que veo es que los hombres suelen ser menos complejos a la hora de recibir directrices. De hecho solemos hacer una asamblea trimestral y cuando se trata un tema delicado, es verdad que los hombres lo asumen mejor y sin rechistar. Las mujeres replican un poco más, no te puedo engañar. Espero que no me esté escuchando mucha gente (de nuevo entre sonrisas).

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