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Cádiz

La Cadiz de Filipinas necesita ayuda

  • Vientos de hasta 295 kilómetros por hora desarbolan la ciudad y destruyen 5.000 casas

"Hi, Mr. Escalante. This is Carlos speaking!" El alcalde de Cadiz City, revoleada como nunca ha estado Cádiz pese a llevar milenios conviviendo con el levante, responde con afabilidad y se acuerda como si la visita de este periodista hubiera sido ayer mismo. Estamos en noviembre, por lo que, según la información que él y el personal municipal me facilitaron hace casi dos años, las 'tribus' de Cadiz se reúnen para ensayar los bailes y coreografías del Festival Dinagsa en un proceso que algún día tendré que documentar, grabar y hasta superponer con imágenes de los ensayos de las agrupaciones del Carnaval.

Pero la descripción del paisaje que el alcalde Escalante realiza descarta cualquier asomo de celebración en esta joya de la provincia de Negros Occidental: el tifón 'Yolanda' ha destruido completamente 5.000 casas y ha dañado 34.000. Cuenten a familia por casa que, teniendo en cuenta la natalidad del país, es una escala conservadora. "¿Ha quedado algo en pie allí, alcalde?"

'Yolanda' le ha puesto el ojo a Cadiz. Le ha mirado una tuerta. Según los datos que aporta meteorología, el centro del tifón pasó a 50 kilómetros al noroeste de la ciudad, cuando los vientos aún alcanzaban velocidades de 295 kilómetros por hora, algo menos de los 380 medidos en la costa este de Filipinas. Los árboles han sido arrancados del terreno, los postes de luz han caído, por lo que la zona permanece sin suministro y las maderas y nipas de las casas han salido literalmente volando. De las que han sido construidas al lado del mar ya ni hablamos. Pero no hay víctimas ni en la ciudad ni en la provincia. No, de momento. Patrick Escalante agradece la llamada recibida no sin antes expresar que hacen falta medios para reconstruir Cadiz y, con más urgencia, alimentos para dar de comer a quienes han perdido lo que tenían.

Hacia el este, en otra de las islas de un país formado por más de 7.100 islas, hay una ciudad llamada Tacloban. Es muy fácil llegar a ella desde Manila ya que tiene aeropuerto y vuelos comerciales que enlazan la capital con la provincia de Leyte a un precio económico. La imagen de la destrucción en Tacloban es un buque varado en lo que se supone que era una zona residencial y que ahora mismo es un paisaje de maderas y basuras. Es el mar expulsando de las aguas a una embarcación como ya ocurrió durante el maremoto de Japón.

Tacloban se ha convertido en la 'zona cero' de la devastación causada por 'Yolanda'. Es muy probable que, como sucede en todas las grandes catástrofes, la cifra final de fallecidos sea redondeada, no exacta. Un número que se convierte en un titular y en un poderoso resumen. Estremece pensar en fosas comunes en las que se calcula 'a ojo' el número de personas enterradas y en vertederos reconvertidos en camposantos, pero es lo que ocurrió hace casi dos años con el tifón 'Sendong' en Cagayan de Oro y las cosas en Filipinas no han cambiado tanto desde entonces.

¿Se puede evitar una tragedia así? Sí. ¿Por qué entonces no se evita? De no haber existido la censura, muchos analistas de la época hubieran escrito en los periódicos que muchas cosas tenían que cambiar en España para que las riadas de los años cincuenta, sesenta y hasta setenta no fueran tan mortíferas. Y, afortunadamente para todos, cambiaron, ¡vaya si cambiaron!

Pero este mismo proceso necesita, en un país orográficamente muy complicado, millones y millones y millones de dólares así como un peso mínimo de las instituciones que aún no se da... fuera de Metro Manila.

En otras palabras, Filipinas está creciendo al 7,5% trimestral, pero esa riqueza, siendo muy generosos en el análisis, se está quedando en la capital donde, es cierto, se están proyectando grandes infraestructuras, se está introduciendo el jeepney (popular medio de transporte originariamente hechos con jeeps militares) eléctrico y hasta se están instalando marquesinas de autobús con wi-fi para los usuarios.

Más allá de la contaminación y del asfalto, hay 'otra' Filipinas muy pobre y afectada por conflictos enquistados en el tiempo, zonas donde mandan guerrilleros y grupos paramilitares y en las que el ejército, simplemente se defiende. Islas -nunca mejor dicho- paradisíacas para el turista situadas en un ecosistema dominado por un caciquismo político generalizado, en muchas ocasiones violento y siempre corrupto. Con estas condiciones y con una natalidad desbocada debido al rechazo masivo a la planificación familiar, la gente vive donde puede. Donde se puede no significa el lugar más seguro. Es, simplemente, donde se puede. Y como se puede.

Volvamos a nuestra Cadiz City. El año pasado, el alcalde se ilusionó con la posibilidad de que las celebraciones de aquella otra Cádiz lejana, hermosa, llegaran de alguna forma a la costa norte de Negros. Ahora, y aunque los tiempos que nos ha tocado vivir son los que son, personas que de alguna forma han tenido la curiosidad que los gaditanos siempre hemos tenido en la Historia de saber qué hay mas allá -mucho más allá- del Estrecho, de Doñana, del cabo Espartel... nos hemos puesto en contacto para ver de qué forma se puede ayudar. Poco será mucho. Este cronista ya ha sentido el calor de los otros gaditanos con solo una llamada hecha un lunes por la tarde. Quien quiera y pueda será bienvenido.

*Carlos Juan es columnista en Diario de Cádiz. Entre agosto de 2010 y febrero de 2012 fue el delegado de la Asociación de la Prensa de Cádiz en Filipinas, donde desarrolló el proyecto de cooperación 'Ventura de los Reyes', por el cual se emitieron en la radio pública de Filipinas, BBS, los únicos programas en español que entonces se emitian en la radiodifusión del país: Filipinas, ora mismo y Las riquezas de España. También se creó un portal multimedia de información, llamado e-dyario con contenidos elaborados por periodistas filipinos capaces de expresarse en español.

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