Barreras arquitectónicas| Cádiz Entra y sale a hombros de la Policía de renovar su DNI

  • José Gaviño pone de manifiesto el difícil acceso a unas oficinas públicas y otros establecimientos para quienes se mueven en silla de ruedas

Puerta principal de las Oficinas de DNI en la Avenida Fernández Ladreda.

Puerta principal de las Oficinas de DNI en la Avenida Fernández Ladreda. / Jesús Marín

Hay gente empeñada en complicarse la vida a diario y hay gente que, pese a llevar una existencia realmente complicada por las circunstancias que sean, no deja de ver su lado amable, hasta humorístico, sin olvidar el sentido crítico ni la necesaria reivindicación de derechos y mejoras. Este es el caso de José Gaviño, presidente de la Asociación de Vecinos de Astilleros, que hace unos días vivió una situación que nunca imaginó:la de entrar y salir de unas oficinas públicas a hombros de la Policía. José, que se mueve habitualmente en silla de ruedas, tenía que renovar urgentemente su DNI y la entrada principal de las dependencias policiales de la Avenida Fernández Ladreda están en obras, de manera que tuvo que entrar por la puerta de atrás, donde no hay elevador. Pero dejemos que sea José quien nos lo cuente con sus propias palabras:

“El pasado 30 de julio comparecí en notaría para llevar a cabo una diligencia sin problema alguno. El mismo día acudí a una entidad bancaria donde, a pesar de que se me conoce y por lo tanto no tengo que identificarme, presento mi DNI (mal hecho, claro). El empleado que me atiende observa que le falta el chip, que lamentablemente se había despegado y perdido. Me indica que no puedo hacer transacción alguna porque que si el Banco de España, que si el blanqueo, que si el dinero negro y que si yo no sé que más, no me puede atender. En fin, que me tengo que hacer un nuevo carné. Ya por la tarde, acompañado de mi inseparable silla de ruedas, busco un lugar donde hacerme unas fotos tamaño DNI. Pregunto, pero nadie sabe dónde porque los comercios que las hacen tienen barreras arquitectónicas que me impiden el acceso”.

“Después de muchas vueltas, llego a un comercio en donde aunque también existen barreras arquitectónicas, no existen las humanas. En un acto de buena fe y de colaboración, un señor llamado Luis me ofrece su ayuda para acceder. Difícil lo tuvo. Con un esfuerzo enorme, este señor me sitúa en una silla y me hacen por fin las fotos”.

“Al día siguiente tenía cita concertada a las nueve de la mañana en las Oficinas del DNI. Me ve llegar un agente de la Policía Nacional. Muy amablemente y además muy preocupado me indica que difícilmente podré acceder a las oficinas, ya que al gran escalón de acceso se le suma luego una escalera de unos 25 peldaños. Después de muchas vueltas y siempre con una gran preocupación por parte del agente y del resto de los funcionarios, dan aviso a uno de sus vehículos pidiéndole apoyo para ayudarme a acceder a la oficina. Sin pensarlo demasiado y con bastante esfuerzo se ofrecen a subirme hasta la primera planta, donde hago el trámite, y luego me bajan hasta mi silla”.

Es la primera vez que veo a la Policía subir y sacar a hombros a una persona de esta plaza de los despropósitos, en mi caso no con destino a un hotel, sino de nuevo a la cruda realidad”, concluye José en clave taurina. “Debo resaltar que esos señores que siempre cumpliendo con su deber nos causan cierta animadversión –por supuesto a las personas que no somos de orden– tuvieron una actuación digna de elogio, para ellos normal, pero para mi de diez y de matrícula de honor. Y les doy las gracias, que con DNI nuevo ya he dejado de ser sospechoso”.

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