Ángel Muñoz | Jefe departamento de protección de patrimonio histórico (Delegación de Cultura) "La falta de personal en las delegaciones y espacios culturales es evidente"

  • Ángel Muñoz habla de los principales retos de su departamento y del patrimonio de la ciudad, con la perspectiva de quien ha conocido de cerca el trabajo de campo y de la administración

Ángel Muñoz, en la sede de la Delegación Provincial de Cultura. Ángel Muñoz, en la sede de la Delegación Provincial de Cultura.

Ángel Muñoz, en la sede de la Delegación Provincial de Cultura. / Lourdes de Vicente

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Si hay un arqueólogo que ha visto resurgir bajo tierra algunos de los grandes hitos históricos de Cádiz, ése es Ángel Muñoz. El ahora jefe del Departamento de Protección del Patrimonio Histórico de la Delegación Provincial de Cultura puede presumir de haber presenciado el hallazgo del sarcófago fenicio femenino del Museo de Cádiz y del propio Teatro Romano; de haber excavado miles de tumbas romanas de la necrópolis de Extramuros, así como de haber dirigido el único Conjunto Arqueológico de la provincia: Baelo Claudia. Con la perspectiva de quien ha formado parte de los momentos más decisivos de la arqueología gaditana tanto de campo como en la gestión, Muñoz habla del pasado y el presente del patrimonio gaditano haciendo autocrítica y lanzando propuestas de futuro.

–Ha presenciado el hallazgo de grandes hitos de nuestra historia ¿Qué experiencia le ha marcado más?

–Pues aparte de los 13 años en Baelo, que desde el punto de vista profesional ha sido la experiencia más gratificante que he tenido, pues en la pequeña ciudad hispanorromana se aglutina toda la gestión de cualquier Bien de Interés Cultural que va desde la investigación, a la difusión pasando por la protección y conservación, mis primeros años en el Museo de Cádiz fueron muy decisivos. A los pocos días de empezar mis prácticas se produjo el hallazgo el sarcófago fenicio y el Teatro Romano de Cádiz, que son dos hitos de la arqueología del siglo XX y para mí fue una ilusión enorme comprobar que la arqueología no era sólo estar en un museo con materiales haciendo inventario.

–¿Qué le deparó su primera etapa en la Delegación de Cultura?

–En el 85 entré en la Delegación de Cultura y tuve muchas satisfacciones porque es prácticamente cuando se inicia la andadura en que la Junta de Andalucía empieza a financiar las actividades en la obras y somos los técnicos quienes estamos en estos inicios con cierta precariedad. En esos años junto con Lorenzo Perdigones estuve en el día a día de todos los solares de nueva construcción y aquellos instantes fueron los que me encauzaron en el ámbito de la investigación, en la que me inicié con la Beca Ruiz Mateos para el estudio de la cerámica fenicio púnica de Cádiz. Del 85 al 89 me dediqué a la arqueología de campo hasta la crisis del 92, que es cuando la Ley de Patrimonio Histórico establece que los promotores tienen que financiar las obras y empiezo a dedicarme a la gestión con funciones administrativas.

–Digamos que se os presentó la historia bajo vuestros pies...

–Participé y codirigí excavaciones en su mayoría en Extramuros, donde se documentan por primera vez las primeras tumbas fenicias de una tipología que no conocíamos ni en textos de Pelayo Quintero. Fue cuando mi gusanillo por el mundo fenicio púnico se incrementó, sobre todo a raíz de la investigación conjunta con Gregorio de Frutos sobre la economía de Cádiz en el mundo fenicio púnico de la Bahía. Estos primeros descubrimientos nos dieron las primeras cerámicas fenicias del siglo VI y VII, de lo que apenas había nada.

–¿Y cómo empezó en Baelo Claudia?

–En 2005 se queda la plaza de Baelo Claudia. En la Junta se había creado la figura de conservadores de patrimonio histórico, que son personas especializadas en yacimientos arqueológicos, a lo que había opositado. Así que cambié el chip con cierta reconversión al mundo romano, aunque lo tenía al día, pues previamente excavé muchas tumbas romanas entre los 80 y 90, alrededor de unas 3.000. De modo que tenía un gran conocimiento de ajuares y tipología de enterramientos.

–¿Cuáles fueron sus grandes hitos en la ciudad romana?

–Cuando llegué era una unidad administrativa muy corta en cuanto a personal, pues empecé con un oficial primero, un peón y vigilantes, pero coincidió con la construcción del centro de Vázquez Consuegra, que lo cambió todo, y con el que pasé la gran prueba de fuego. Yo llegué el 1 de febrero y el 21 hubo una manifestación y una serie de actos en los que participaron más de 1000 personas. Conté con auxilio de Guardia Civil, porque había intención de asaltar la sede, algo que sucedió. Luego la obra avanzó y el edificio se mimetizó bien en el paisaje. La gente dejó de protestar.

–El edificio supuso un punto de inflexión.

–El edificio dinamizó Baelo Claudia, pero hacía falta más personal. En aquella época la Consejería tenía la empresa pública de gestión de programas culturales, con la que se contrató a un arqueólogo, bibliotecario, restaurador y personal para difusión y para la vigilancia. Y empezamos a dinamizar y a recuperar la investigación que iniciaron los franceses y que se aparcó en los años 90 para llevar a cabo labores de conservación y protección física. Mi sorpresa fue grande cuando en una reunión con el jefe de estudio de la Casa Velázquez y la UCA –que ya estaba allí con los cursos internacionales de arqueología–, vi que el interés era tal que sólo teníamos que hacerlo posible colaborando y firmando convenios. Eso hicimos y hoy día hay 7 proyectos generales de investigación con universidades de todas partes de los veinte y tantos de toda Andalucía. Y tras esto vinieron jornadas, exposiciones, entramos en el circuito de teatro. En esa época se publicaron 15 libros de Baelo y cerca de 100 artículos. También fue pionera en la socialización del conocimiento a través de actividades de difusión. Allí he trabajado a gusto y me he divertido trabajando.

–¿Por qué no está en Baelo?

–Pues por el cansancio del desplazamiento diario Cádiz-Baelo y por ciertas discrepancias en la gestión con el equipo directivo en el ultimo año y medio.

–Es un ejemplo que cómo la cultura dinamiza una zona.

–El patrimonio cultural tiene una parte importante de economía, son bienes que pueden aportar yacimientos de empleo y puede hacer que las economías de ciertos sitios incremente por su faceta turística. Patrimonio, cultura, economía y turismo están relacionados y la retórica de bienes culturales es el aspecto clave para que sean sostenibles.

–¿No sería todavía más sostenible si cobráramos por nuestro patrimonio al turista? La Junta ha llevado una política de gratuidad de la cultura.

–El cobro ayuda en la gestión, es cierto. La gratuidad hace que sea visitado por más personas, pues si cuesta algo algunos se dan la vuelta. Si bien, suelen ser personas que no tienen una idea clara de lo que van a ver y entran porque es gratis, de modo que el cobro hace un filtro de personas con interés.

–¿Entonces está a favor del cobro?

–Todos los directores de museos y conjuntos desde 2005 a 2017 se planteaban una tasa de acceso no muy alta, entre 3 y 5 euros y viendo las experiencias de otras comunidades y países próximos de la UE te das cuenta de que ese cobro de una tasa te supone una mejora de la gestión y de la autofinanciación. Y aunque nuestros políticos han entendido que el acceso a la cultura debe ser libre y gratuito, en época de Luciano Alonso la Junta adaptó la Ley de Patrocinio y Mecenazgo con un apartado de tasas por acceso a los conjuntos, museos y por usos de instalaciones de los centros.

–¿Por qué no se aprobó?

–Nos han esgrimido siempre que como la Ley de Hacienda de la comunidad tiene la caja única de la Junta de Andalucía, el cobro va a esta caja y no revierte en el bien. Pero las leyes se pueden cambiar. Al final terminó la legislatura de Alonso y este tema quedó relegado. Y ahora están aterrizando y no sé qué ocurrirá, aunque en casi todas las comunidades en que ha estado el PP ha habido precio público de entrada.

–¿Qué fórmula propone?

–A través de la gestión de otra figura que no sea dependiente de la administración, sino de un consorcio en el que estén todas las administraciones e instituciones, que es una fórmula que se usa cuando no hay recursos. Hace falta mucho personal cualificado para atender al público. Y en las delegaciones territoriales y nuestros servicios centrales la falta de personal es algo muy claro y evidente.

–Esto es lo que ha llevado al cierre hace años de los Columbarios y la Factoría de Salazones.

–Ahora con el nuevo organigrama de la Junta, los enclaves y conjuntos arqueológicos dependerán de lo que era la antigua Dirección General de Bienes Culturales, que pasa a ser de Patrimonio Histórico y Documental, donde se llevan a cabo acciones en los bienes inmuebles. Espero que cuando se implante, centros como la Factoría de Salazones tengan incremento en gestión, pues al no depender de Dirección General de Museos se puede llegar a una cota económica más alta.

–¿Qué retos se ha marcado en la Delegación?

–Una de las cuestiones de las que me di cuenta cuando llegué es que dentro de la gestión global de la Delegación, lo que más lento iba era la labor de catalogación de bienes, que era a lo que me debía dedicar más. La suerte fue que se incorporó una asesora cultura que había trabajado en Dólmenes de Antequera y en los dos últimos años hemos lanzado varias catalogaciones pendientes. Otro aspecto muy importante es el plan de arte rupestre de Andalucía, que en Cádiz está muy avanzado. Y el incremento de personal.

–¿Cuándo se incorporará un arqueólogo?

–Tras las oposiciones del pasado año, el arqueólogo tomó posesión pero ha pedido excedencia. Hemos pedido suplencia pero no hay secretaria general y se tiene que cubrir esta plaza. Una vez que se resuelva, hemos pedido arqueólogo, historiador del arte y restauradora. Yo digo las cosas muy claras, y es que la Delegación no se ha ocupado de cubrir puestos vacantes, pues hay muchos técnicos que se podían haber solicitado hace muchos años ya. Esperamos que en breve se pueda organizar mucho mejor todo el trabajo de bienes culturales y que la gestión pueda ser más ágil y se pueda atender a la ciudadanía en unos plazos de tiempo corto, que hemos conseguido acortar. Pero para eso hay que tener personal que redundará en la calidad de los servicios que prestamos.

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