1923, cese de todos los concejales
Historias de Cádiz
Golpe de Estado del general Primo de Rivera y su repercusión en el Ayuntamiento de Cádiz
Elección de Agustín Blázquez como alcalde por la Junta de Asociados
El 12 de septiembre de 1923 el general Miguel Primo de Rivera publicó, desde Barcelona, un manifiesto dirigido al todo el país y al Ejército. En el mismo señalaba el deterioro de la situación general de España y culpaba de ello a los dirigentes políticos. Primo de Rivera reclamaba los poderes del Estado para terminar con esa situación.
Durante dos días hubo rumores de todo tipo, mientras que el Gobierno aparecía absolutamente desconcertado. El Rey Alfonso XIII consultó a todas las capitanías generales, a políticos de todo signo político y finalmente, el 15 de septiembre, decidió nombrar a Primo de Rivera presidente de un Directorio Militar.
En Cádiz, mientras tanto, la situación era de completa normalidad. El alcalde, Manuel García Noguerol, estaba en Bruselas asistiendo al Congreso de Ciencias Administrativas, y el alcalde accidental, Luis Beltrami Urquiza, llamó a los jefes de las distintas dependencias municipales para que todos continuaran con sus respectivos trabajos.
El mismo día 15 fue publicado el correspondiente bando militar. A las seis de la tarde llegó a la plaza de San Antonio el coronel Antonio Jiménez Herrera, sargento mayor de la plaza, con una compañía del Regimiento de la Base de Cádiz al mando del capitán José Díaz. Tras los toques de corneta reglamentarios el coronel citado dio lectura al Bando de Guerra firmado por el capitán general de la Segunda Región Militar, Carlos de Borbón y Borbón, declarando el Estado de Guerra. La fuerza militar marchó a continuación a leer el mencionado bando a las puertas del Gobierno Civil, en el palacio de la Aduana, y en la plaza de San Juan de Dios. En todos esos sitios el bando quedó fijado en la pared. También fue fijado este bando de guerra en otros puntos concurridos de la ciudad, como en los barrios de San José y San Severiano.
Ese mismo día había llegado a Cádiz el político republicano Alejandro Lerroux a bordo del trasatlántico Manuel Arnús procedente de Barcelona y con lo intención de continuar viaje en barco hacia Canarias. Lerroux conoció los detalles del golpe de Estado de Primo de Rivera en el muelle por medio de sus correligionarios gaditanos y todos marcharon a almorzar al Hotel de Francia. Tras el almuerzo, Lerroux decidió regresar a Madrid en un automóvil particular que le fue cedido para la ocasión.
Sanciones a los antiguos alcaldes por falta de celo en sus labores municipales
Durante dos semanas la vida municipal continuó con absoluta normalidad. El alcalde, el liberal Manuel García Noguerol, regresó de Bruselas y continuó al frente del Ayuntamiento. El día de su llegada reunió a los jefes de las dependencias municipales para exhortarles a que continuaran trabajando como hasta ahora.
La vida social y laboral también siguió con normalidad. El día 30 de septiembre, las sociedades obreras convocaron una reunión en el parque Genovés para pedir trabajo para los astilleros. El acto tuvo lugar sin incidentes y, al finalizar, una comisión de obreros acudió al Gobierno Militar para que se solicitara del Directorio trabajo para los astilleros gaditanos.
Primo de Rivera, el domingo 30 de septiembre, decidió cambiar la composición de todos los Ayuntamientos de España y al tal fin llevó a la firma del Rey un Decreto cesando a todos los concejales de España, que serían sustituidos por los llamados vocales asociados de cada municipio, es decir, por aquellas personas que habían sido designadas por sorteo entre todos los contribuyentes agrupados en los diferentes tipos de industria o clase contributiva de cada población.
Dicho Decreto estaba justificado, según el Directorio Militar, por la política partidista y caciquil que tanto había perjudicado la vida de los pueblos y ciudades de España.
Dicho decreto llegó a Cádiz de madrugada y el gobernador militar ordenó, a las seis de la mañana, que los guardias municipales buscaran y citaran a todos los concejales dimitidos y a los vocales asociados.
A las once y media el gobernador militar, general Sosa, abrió la sesión en el Ayuntamiento para comunicar a todos los concejales que quedaban cesados y ordenar a los asociados que eligieran la composición del nuevo Ayuntamiento.
Los asociados, sin apenas tiempo para deliberar, procedieron a votar la composición del nuevo Ayuntamiento. En esta primera votación obtuvo el mayor número de votos, José María Salazar, seguido de Joaquín Camacho.
El designado no se encontraba presente en la sala y el general Sosa, en nombre del Directorio, nombró alcalde a Joaquín Camacho y a a varios tenientes de alcalde encabezados por Agustín Blázquez y Celestino Párraga.
Los vocales asociados comunicaron entonces al gobernador militar que habían cometido un grave error, ya que estimaban que el nombramiento de alcalde de capital de provincia correspondía directamente al Directorio Militar.
Hubo entonces consultas telefónicas y se indicó finalmente que el nombramiento de alcalde podía ser competencia del Directorio Militar, como ocurriría más tarde con Ramón de Carranza, pero que en esta ocasión sería potestad de los propios asociados.
A la vista de lo anterior, los vocales asociados procedieron a votar de nuevo resultando elegido Agustín Blázquez Paúl, con quince votos, y primer teniente de alcalde, a petición del propio Blázquez, José Höhr.
En días posteriores, el gobernador civil nombrado por el Directorio inspeccionó varios servicios municipales, como el Mercado o el Matadero Municipal ordenando la imposición de una multa de 250 pesetas a los anteriores alcaldes, Clotet y García Noguerol y a varios concejales por falta de celo en el cumplimiento de sus deberes.
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