Por montera
Mariló Montero
Un país en prórroga
"... Mientras exista Cádiz sobre esta eterna roca, existirá España y su eterno nombre".
ESTA frase, que como gaditanos nos debe llenar de orgullo y de emoción, no es conocida en Cádiz, donde se pronunció y se publicó, hace ahora doscientos años. Nunca se ha sacado a la palestra, nunca se ha divulgado y lógicamente no se sabía quien la pronunció.
Después del estallido del 2 de Mayo en Madrid, el cuñado de Napoleón, Murat, tomó el mando del gobierno y ocupó la "Gaceta de Madrid", primitivo Boletín Oficial del Estado, que entonces funcionaba como un periódico normal, que publicaba además las noticias oficiales. La huida del gobierno, la Junta Suprema, a Sevilla, motivó la creación de la "Gaceta Ministerial de Sevilla", que funcionó, dando noticias españolas, al mismo tiempo que la de Madrid, daba las noticias del rey intruso José Bonaparte.
En 1810, cuando los franceses entraron en Andalucía, sin que se produjera por segunda vez el éxito de Bailen, La Junta huyó de Sevilla a Cádiz, y desprestigiada, por no defender Sevilla y por otras causas, su autoridad pasó a una Regencia que se formó en nuestra ciudad.
Lógicamente esta Regencia inició inmediatamente la publicación de una "Gaceta de la Regencia de España e Indias.", en cuyo nº 1, publicado el 13 de Marzo, se insertan estas palabras en una larga editorial patriótica. Las frases de reconocimiento a nuestra ciudad son en ella frecuentes, pues aunque sólo llevaba dos meses sitiada por los franceses, había contribuido con hombres y dinero a la victoria de Bailen, y antes había derrotado a la armada francesa fondeada en nuestras aguas. Asi:
"La opulenta y generosa Cádiz, este emporio nuestro y vuestro os da el ejemplo: valor, celo, entusiasmo, sabiduría, liberalidad, amor a la libertad de España, odio y horror al tirano, todo resplandece a competencia en el recinto de este pueblo que la Providencia quiso rodear del mar sin separarlo del continente, haciéndolo inexpugnable la naturaleza v después el arte, para que fuese algún día el asilo y refugio de los patriotas desgraciados , y el escollo de la saña de nuestros enemigos."
El editorialista que así se expresa, es D. Antonio Capmany diputado en las cortes por Barcelona, su ciudad natal, un enamorado del idioma castellano, sobre el que escribió varias obras que le hicieron ser elegido miembro de la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona, y un defensor de las corridas de toros en las Cortes de Cádiz, donde otro diputado, D. Simón López García que llegó a ser obispo de Valencia intentó su abolición.
La historia pone a cada uno en su sitio. Capmany, falleció en la calle Ancha de su admirado Cádiz, antes de que las Cortes se trasladaran a Madrid. Siempre perdurará su obra a favor de la pureza del castellano, "infectado" entonces por numerosos galicismos, su labor en la repoblación de Sierra Morena, trayendo campesinos catalanes a cultivar terrenos en La Carolina y sobre todo su participación en las cortes, donde su preciosa oratoria brilló en múltiples intervenciones contra la inquisición, a favor de la Fiesta Nacional, así la llamaba, y en casi todas las causas promovidas por los liberales gaditanos.
D. Simón López García, tras jurar la Constitución, abjuró de ella. Fue elevado a la dignidad episcopal, siendo nombrado Obispo de Valencia, y allí reinstauró de nuevo la inquisición, cabiéndole el triste "honor" de presidir la última ejecución celebrada en España por este odioso tribunal.
El cadáver de D. Antonio Capmany fue trasladado con todos los honores a su Barcelona natal, donde inauguraría un panteón de "Hombres ilustres de Barcelona". Desgraciadamente aun no han encontrado tiempo ni lugar para crearlo y sus huesos reposan en la capilla del cementerio de Pueblo Nuevo. Sin embargo su recuerdo permanece entre muchos españoles y no debía ser olvidado en Cádiz.
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