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Ellas dominan las aulas, ellos, la cúpula: 45 años de cambio en la universidad andaluza

En cuatro décadas y media, la universidad pública andaluza se ha democratizado y feminizado, pero el ascenso a cátedras y rectorados sigue avanzando a otra velocidad

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Una investigadora en uno de los laboratorios de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Málaga. / Javier Albiñana
Cristina Díaz

28 de febrero 2026 - 06:15

Andalucía celebra el 28 de febrero su día grande y, este año, suma otro aniversario redondo: 45 años del Estatuto de Autonomía. En ese recorrido cabe una historia menos visible que las grandes fechas, pero decisiva para entender el cambio social. Es la historia de cómo la universidad pública, una de las palancas de la autonomía, dejó de ser un territorio casi exclusivo de los hombres para convertirse en un espacio donde ellas son mayoría. Un giro construido a pesar de prejuicios, normas sociales restrictivas y barreras legales que durante décadas limitaron su acceso y su permanencia.

Hoy, la foto es nítida: la universidad andaluza es de ellas. Son más en las aulas, sacan mejores notas, tardan menos en acabar y abandonan menos. Pero cuando se mira hacia arriba, hacia los puestos de mando, el panorama se estrecha. El poder, en gran medida, sigue siendo de ellos.

En el curso de 1914-1915, solo cuatro mujeres estudiaban en las universidades andaluzas: una en Sevilla y tres en Granada, según relata Consuelo Flecha, catedrática de Historia de la Educación de la Universidad de Sevilla (US) desde 1998. "El curso de 1929-1930 había matriculadas 140 mujeres. En 1933, 182. En 1944, 509. Y en 1958 eran 1.250. Es decir, eran minorías, pero el número fue creciendo año tras año". Hoy, las mujeres representan el 57% del alumnado de Grado en las universidades andaluzas.

Estudiantes en la biblioteca de la Escuela de Señoritas, creada en 1915. Imagen publicada en el libreo 'Renovación en las aulas', del Centro de Estudios Andaluces.

"La historia de la mujer en la universidad no ha sido, ni mucho menos, un camino de rosas", subraya Pilar Aranda, la primera mujer rectora de la Universidad de Granada (UGR), cargo que ostentó entre 2015 y 2023. "Hoy las cifras hablan por sí solas: las mujeres representan casi el 60% del estudiantado universitario, hay un 36% de profesoras tituladas y un 28% de catedráticas. Además, hay 16 mujeres rectoras en las 91 universidades que existen en España. Todo ello da idea del camino recorrido, pero queda mucho por hacer".

La reforma universitaria: el giro de los 80

Aranda destaca que el gran cambio se produjo a la vez que la aprobación del Estatuto de Autonomía, en torno a 1981 y 1982, cuando la Universidad comenzó a democratizarse. "Era una época de transformación total de la vida universitaria. Veníamos de un modelo muy piramidal y empezó a democratizarse la toma de decisiones: juntas de facultad, claustro y órganos de gobierno. Había muchísima ilusión y esperanza por hacer bien ese cambio". No obstante, la presencia femenina en todo este proceso de transformación seguía siendo escasa: "Entonces, aún éramos pocas profesoras. En los escalones más bajos hubo una incorporación importante de mujeres, pero en la parte más alta era casi inalcanzable: las que podían ocupar puestos de dirección se contaban con los dedos de una mano".

Consuelo Flecha llegó a la US como profesora en 1983. "Recuerdo una universidad muy convulsa. La Ley de Reforma Universitaria se acababa de aprobar y la US, al igual que el resto de universidades, debía elaborar unos nuevos estatutos. Recuerdo muchos altercados y manifestaciones estudiantiles. Los profesores implicados en ese proceso íbamos por la Universidad escoltados por policías para protegernos de los alumnos", explica.

También en 1981 pisó por primera vez la Universidad de Sevilla Carmen Vargas, hoy rectora de esta institución. Lo hizo como alumna de la Facultad de Farmacia. "Recuerdo perfectamente la mezcla de nerviosismo, respeto, curiosidad, ilusión y entusiasmo con la que entré en aquellas aulas: la sensación de estar cruzando un umbral que me abría las puertas de un mundo nuevo. Me impresionaba la magnitud de los edificios y, al mismo tiempo, el buen ambiente y la libertad intelectual que se respiraba".

El salto se aceleró a partir de los 90. Entre 1989 y 2006, el número de mujeres con estudios universitarios en Andalucía se triplicó. Hoy, la proporción femenina en los Grados se mantiene estable por encima del 57%. Y la ventaja se agranda al final de la carrera: las mujeres representan el 62% de quienes terminan un Grado y el 56% del alumnado de máster, según datos del Informe de Evaluación de Impacto de Género del Presupuesto de Andalucía 2026.

La tendencia se repite en la movilidad internacional. En el curso 2023-2024, el alumnado Erasmus fue de 6.516 personas: un 61% mujeres (3.978) y un 39% hombres (2.535), según el mismo informe de la Junta. En el programa de competencias lingüísticas en una lengua extranjera, de un total de 1.320 ayudas, la participación femenina sube al 71%.

Esta mayoría, sin embargo, no se reparte de forma homogénea: persiste la segregación por ramas. Ellas predominan en Ciencias Sociales y Jurídicas, Arte y Humanidades y Ciencias de la Salud; ellos son mayoría en Ingeniería y Arquitectura. En Ciencias, el equilibrio es mayor.

Ante la pregunta de por qué las mujeres son minoría en las ramas de ingeniería y tecnología, Carmen Vargas, lo tiene claro: "Influyen de manera decisiva los estereotipos previos que siguen asociando determinadas disciplinas a perfiles masculinos, la falta histórica de referentes femeninos visibles y, en algunos casos, entornos que no siempre han sido plenamente inclusivos. También pesa la orientación temprana en etapas educativas anteriores. Por eso es tan importante actuar desde la educación escolar, visibilizar modelos diversos y garantizar climas académicos abiertos, exigentes y plenamente inclusivos".

La tijera: cuando sube el rango, ellas se diluyen

La catedrática Pilar Aranda, en la facultad de Farmacia de la Universidad de Granada / Antonio L. Juárez

La universidad andaluza convive, así, con una paradoja: mayoría en las aulas, minoría en la cúspide. Los diferentes informes lo resumen con una imagen tan gráfica como incómoda: la tijera. A medida que se avanza en la carrera académica, la presencia de ellas se afina.

En el ámbito investigador hay señales de avance. La presencia de mujeres investigadoras en Andalucía ha crecido casi un 31% desde 2018 y supera las 14.000. También ha aumentado el liderazgo: los grupos de I+D dirigidos por mujeres subieron un 34,5% entre 2018 y 2025.

Pero el termómetro cambia cuando se entra en la máxima categoría docente. Las mujeres catedráticas en Andalucía representan hoy el 27,4% del total. La proporción mejora en las escuelas universitarias (35%).

El diagnóstico apunta a un techo de cristal persistente. Y el informe de la Junta pone el foco en un factor que volvió a tensionar las costuras: durante la pandemia y el confinamiento, los hombres publicaron más artículos científicos que las mujeres. La explicación se formula con crudeza: "Teniendo en cuenta que las mujeres realizan la mayoría de las tareas del hogar y de los cuidados, esto deriva en una tensión entre la vida personal y profesional".

Para Pilar Aranda, la Ley Orgánica de Universidades (LOU) de 2001 y su posterior reforma en 2007 fueron un punto clave para que las mujeres pudieran llegar a la cátedra en igualdad de condiciones, puesto que se pasó de un concurso de oposición ante un tribunal a una acreditación nacional en la que se evalúan los méritos. "Ya no era un departamento de tu universidad quien decidía si tenías méritos o no para conseguir una plaza de catedrática, era una comisión central de Madrid, que ni te conocía ni nada", apunta Consuelo Flecha. Con este nuevo sistema hay más reglas comunes, más transparencia y menos arbitrariedad. Fue a raíz de este cambio cuando profesoras como Pilar Aranda lograron la plaza de catedrática.

"En algunos momentos sí he tenido la sensación de que a las mujeres se nos ha exigido una prueba adicional de solvencia. No siempre era explícito, pero sí se percibía en pequeños gestos o en la tendencia a atribuir nuestros logros al esfuerzo colectivo, mientras que los de los compañeros se interpretaban como liderazgo natural. La llegada de los procesos de acreditación a la Universidad marcó un hito importante, al vincular el progreso en la carrera profesional a principios de mérito e igualdad de oportunidades", añade Carmen Vargas, que en 2009 se convirtió en la primera mujer en lograr una cátedra en su departamento.

"Hoy las estudiantes cuentan con referentes y con marcos normativos que antes no existían. Sin embargo, me preocupa la brecha que persiste en los niveles más altos de responsabilidad, y en determinadas áreas de conocimiento como las STEM (Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), así como las desigualdades menos visibles relacionadas con la conciliación y la carga de cuidados. Necesitamos más directoras de departamento, más decanas y directoras de facultades y escuelas, más investigadoras principales de grupos de investigación, más doctoras honoris causa", reclama Carmen Vargas.

Cinco rectoras en Andalucía

El ex rector de la US, Miguel Ángel Castro; la nueva rectora de la US, Carmen Vargas; y el consejero de Universidad, José Carlos Gómez Villamandos, durante la toma posesión como primera rectora de la US. / María José López

En los puestos de máxima responsabilidad, solo encontramos los nombres de cinco mujeres. Rosario Valpuesta fue la primera rectora de una universidad andaluza. La nombró por decreto el expresidente andaluz Manuel Chaves en la recién estrenada Universidad Pablo de Olavide en 1997. Ella revalidó el cargo mediante elecciones en 2001. Le siguieron Adelaida de la Calle en la Universidad de Málaga (2003-2015), Pilar Aranda en la Universidad de Granada (2015-2023), María Antonia Peña en la Universidad de Huelva (2017-2025) y Carmen Vargas Macías en la Universidad de Sevilla desde diciembre de 2025.

Antes que Vargas, diez años atrás, la catedrática de Química Inorgánica Adela Muñoz Páez se presentó a rectora en las elecciones de 2015, pero no logró su objetivo. "En este tiempo ha cambiado la conciencia colectiva y la confianza. Hoy más mujeres nos sentimos legitimadas para aspirar a los máximos cargos académicos porque hemos crecido viendo a otras ocupar responsabilidades. Las compañeras que han abierto camino son un referente para las demás. También la institución ha madurado en su compromiso con la igualdad. Que se presenten más mujeres no es una anomalía, sino el reflejo de una universidad plural que reconoce el talento sin etiquetas".

En este sentido, Pilar Aranda, añade: "Se ha roto la idea de que las mujeres no nos presentamos a elecciones. Ahora es raro un proceso electoral en una universidad española donde no haya una o dos candidatas; que salgan elegidas es otra cuestión, pero presentarse ya no es la excepción". Un ejemplo de esto son los últimos comicios de la US, en los que cuatro mujeres y tres hombres presentaron su candidatura.

Tras 45 años de autonomía, el sistema universitario andaluz ofrece una doble lectura: la igualdad avanza con fuerza en las aulas, pero sigue pendiente en los niveles superiores de la carrera académica y en la toma de decisiones. La universidad es de ellas. El poder, todavía, no del todo.

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