Tribuna de opinión

Una auténtica conquista colectiva

Parte de proceso histórico: la autonomía andaluza ni nació ni alcanzó su cénit aquel 28 de febrero de 1980

Manifestación por la autonomía andaluza en 1977.
José Luis de Villar Iglesias | Profesor Asociado de Derecho Constitucional Universidad Pablo de Olavide

Han pasado 45 años del 28 de febrero de 1980, toda una vida. Aquel día, una amplia mayoría del pueblo andaluz expresó democráticamente su voluntad de acceder a un autogobierno como el que la Constitución reservaba para las llamadas en aquellos años nacionalidades históricas: Cataluña, Euskadi y Galicia. El 28-F es un hito fundamental del proceso autonómico. La autonomía fue una auténtica conquista colectiva del conjunto de la ciudadanía y de sus organizaciones políticas, sindicales y sociales.

Pero como todos los procesos históricos, la autonomía andaluza ni nació ni alcanzó su cénit aquel 28 de febrero. La aspiración autonómica hunde sus raíces en el siglo XIX y no se puede comprender sin conocer, libres de prejuicios, las ideas y la acción política de las primera y segunda generaciones andalucistas, la de los andalucistas históricos liderados por Blas Infante, y la del Partido Andalucista, que tuvo su origen en el grupo clandestino fundado por Alejandro Rojas-Marcos como Compromiso Político. Y si la conquista de la autonomía fue un esfuerzo colectivo del pueblo andaluz, no debemos olvidar el papel decisivo que jugó la vanguardia que constituyeron esas dos generaciones andalucistas, tanto en la progresiva asunción de esa identidad como pueblo, como en la formulación política de esa aspiración de autogobierno.

La sacralización del 28-F como mito fundacional de la autonomía andaluza fue una necesidad táctica de un partido, el PSOE, que aprovechó aquella extraordinaria movilización andaluza para eliminar de la escena política a sus adversarios mediante la construcción de un relato que, en aras a una obligada búsqueda de la verdad histórica, debemos revisar. En efecto, la reivindicación autonómica, que al final del franquismo y los primeros pasos de la Transición defendían prácticamente en solitario los andalucistas, se convirtió a lo largo de 1977 en una reivindicación asumida por el conjunto de los andaluces e incorporada a los programas de todos los partidos. En ese proceso fue decisivo el 4 de diciembre de 1977, cuando una enorme marea inundó las calles de Andalucía, envuelta en miles de banderas verdiblancas y clamando “¡Andalucía, autonomía!” hasta enronquecer. El éxito de la manifestación sorprendió incluso a los propios partidos convocantes, especialmente a los que como la UCD, el PSOE o el PCE, hasta hacía poco tiempo, consideraban la cuestión autonómica como un asunto exclusivo de catalanes y vascos. Aquel 4 de diciembre de 1977, el pueblo andaluz actuó como una auténtica vanguardia que obligó a los partidos políticos centralistas a redefinir imagen, tácticas y discursos.

Esta acelerada toma de conciencia explica, que tras la aprobación de una Constitución que diseñaba dos modelos muy distintos de autonomías, todas las fuerzas con representación parlamentaria en Andalucía (UCD, PSOE, PCE y PSA-Partido Andaluz) pusieran en marcha en los ayuntamientos democráticos la iniciativa de la autonomía plena del artículo 151. Aunque la escasa convicción por este modelo tanto de la UCD como el PSOE se puso en evidencia al aprobar juntos en diciembre de 1979 la Ley Orgánica que establecía las condiciones leoninas para el referéndum de ratificación de la autonomía del 151, que se celebró el día que hoy conmemoramos: en cada provincia no bastaba que hubiera más síes que noes, como en cualquier referéndum. Se debía aprobar por mayoría absoluta, y no de votantes, sino, encima, del censo electoral. En realidad, se trataba de ocho referéndums, uno por cada provincia, en el que, además, cada abstención, cada enfermo, cada fallecido, cada error del censo, equivalían a un voto negativo. Y si una sólo de estas consultas provinciales fallaba, arrastraba a toda Andalucía al bloqueo de la autonomía durante cinco años. La UCD y el PSOE eran plenamente conscientes de que en alguna provincia el referéndum fracasaría, dada la alta emigración sin reflejar en los anticuados censos electorales de la época y otros múltiples errores. Durante el debate que se produjo en el Congreso, los andalucistas lo advirtieron y lo denunciaron. El error estratégico de la UCD de retirar el apoyo a esta vía en vísperas del 28-F significaría para el PSOE la oportunidad, que antes señalábamos, para eliminar al que constituía su principal adversario político para alcanzar La Moncloa, en el marco de un proceso autonómico que quedó completamente bloqueado. A pesar del claro triunfo en todas las provincias y de la mayoría absoluta de votantes en toda Andalucía, no prosperó la iniciativa autonómica porque en Almería la aplastante mayoría de los síes sobre los noes (10 a 1), no suponían la mayoría absoluta del censo electoral. Cuando Suárez, obligado por una coyuntura política de franca descomposición accedió al desbloqueo del proceso autonómico de la mano de los andalucistas, utilizando la llave del artículo 144 para transitar por la vía del 151, el PSOE iniciará la construcción de un relato, una potente y exitosa fake news, dirigida a desarbolar a su más directo competidor electoral en ese momento, el PSA-Partido Andaluz.

De ahí que sea oportuno recordar en una fecha tan importante como el 28-F tanto los antecedentes históricos de aquel triunfo del pueblo andaluz, como la fórmula que resolvió en octubre de 1980, el bloqueo de la autonomía andaluza producido tras aquel día que hoy conmemoramos como Día de Andalucía.

No hay comentarios

Ver los Comentarios

También te puede interesar

Lo último