Cuarto de muestras
Carmen Oteo
Tanta hambre
LA Fiscalía de Granada ha archivado la investigación sobre el libro Cásate y sé sumisa, publicado por el arzobispado local y denunciado por el Consejo Municipal de la Mujer, que consideraba que incita a la violencia de género. El fiscal estima que la publicación del libro no constituye "ilícito penal", aunque reconoce que es poco acorde con el papel de la mujer en la sociedad actual.
Lo mismo pienso yo. Contenido del libro, escrito por la italiana Constanza Miriano y con gran éxito en su país, es perfectamente detestable, obsoleto y contrario a la igualdad esencial de los seres humanos. Como su propio título indica, responsabiliza enteramente a la mujer de la felicidad del matrimonio, recomendándole eso, que sea sumisa, dulce, obediente y siempre dispuesta a someterse al marido. Un disparate, vamos, que reincide en una tradición secular de misoginia que la Iglesia católica sólo ahora empieza a cuestionar.
Lo que sostiene la Fiscalía granadina es que fomentar esta imagen cavernícola de la mujer y de las relaciones hombre-mujer merece todo tipo de reproches, menos el pretendido por los denunciantes, que era el reproche penal. No hay delito en esta filosofía de la inferioridad de la mujer. De la búsqueda deliberada de su voluntario papel subordinado y dependiente no se desprende necesariamente una incitación a agredirla, aunque eso pueda coincidir con lo que tienen también en el cerebro muchos maltratadores. Con toda sinceridad, no veo yo que si un marido apalea o mata a su esposa lo haga por que ella no ha hecho caso del libro de marras y no le ha demostrado la sumisión esperada.
Cuando la masoquista Constanza Miriano escribe las barbaridades que escribió lo hace en uso de su derecho a la libertad de expresión (que incluye también la expresión de las cosas que no nos gustan) y cuando el lamentable arzobispo de Granada se lo publicó lo hace en defensa de su rancia concepción de la mujer y de la familia. A mí me repelen los dos, la escritora y el arzobispo, pero no los veo como delincuentes. Defiendo su libertad de expresión, que vale igual que la mía cuando los critico en esta columna.
Si se les aplicara el Código Penal por el modelo de mujer que pretenden, habría que prohibir una buena parte de las grandes obras de la literatura, el cine y el teatro de todos los tiempos, que son auténticamente denigrantes para ella. Muchas, creadas precisamente por mujeres.
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