Cuarto de muestras
Carmen Oteo
Tanta hambre
EL presidente de la Generalitat, Artur Mas, ya no juega a dos bandas, sino a una: la independencia. Lo ha dejado claro en su conferencia en Madrid. Antes nos había hecho creer que se conformaba con el pacto fiscal (financiarse como los vascos, en suma). Ahora no. Ahora, con pacto o sin pacto, su proyecto es construir a corto plazo el Estado catalán.
Como digo, no caben dudas. En su ya superfluo encuentro con Mariano Rajoy, el jueves que viene, es seguro que éste va a rechazar un concierto que sacaría a Cataluña del régimen general de financiación de las autonomías y le otorgaría un trato de favor. Las demás comunidades autónomas no le permitirían. Pero es que, además, el honorable president ha anunciado con rotundidad que su proyecto ya no es el pacto fiscal, sino la secesión.
¿Por qué? Porque el mandato que le dio el Parlamento de Cataluña en julio fue la defensa del pacto fiscal, pero ahora dice haber recibido un mandato de la calle, de los manifestantes de la Diada. Un mandato por la independencia. Es extraño, y peligroso, que un demócrata, que encima es una autoridad elegida en las urnas, conceda más trascendencia y se sienta más obligado por una manifestación callejera que por la voluntad de los representantes del pueblo. Hasta ahora la democracia española no funcionaba así. Se manifestaron el martes seiscientos mil catalanes, según los cálculos más independientes. Cataluña tiene más de siete millones de habitantes, que se expresan cuando votan en las elecciones autonómicas. Desoír la voz de la calle es un grave error; imponerla sobre la voz de todos los ciudadanos -los que fueron a la calle y los que se quedaron en casa- es un error aún más grave.
En fin, Mas sabrá. También los demás sabremos lo que quieren los catalanes cuando Mas adelante las elecciones y tengan que elegir a sus nuevos parlamentarios entre los que llevarán en su programa la independencia y los que defenderán la permanencia en España. Todo eso se producirá, esperemos, después de un amplio debate sobre las ventajas e inconvenientes de la secesión y las dificultades del proceso que llevará a ella (los tiempos, la actitud del Congreso y el Senado de España, la reacción de los españoles, la espera para ingresar en la Unión Europea), todo ello con una comunidad más endeudada que ninguna otra y cuyos bonos están calificados de basura en los mercados financieros. Supongo que los empresarios catalanes tendrán algo que opinar.
Y no será tan fácil el proceso como presume el presidente del Barça, que da por seguro que su equipo seguirá participando en la Liga española, como Mónaco participa en la francesa. Habrá que preguntar a las autoridades deportivas españolas, ¿no?
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