Gaditanos de perfil

El armador que no pescaba, Márquez Veiga

  • Tenía 15 barcos y era presidente del Cádiz

SI hay un hombre que es historia viva del Cádiz CF, ese es Francisco Márquez Veiga. A sus 90 años, cumplidos el pasado 14 de febrero, es el decano de los presidentes del equipo. Todavía está "envenenado" por el fútbol y sigue de cerca a los dos clubes de sus amores, que son el Cádiz y el Celta de Vigo. La pasada semana, cuando el Celta le ganó por 4-1 al Barcelona, Márquez Veiga vio el partido en televisión. Al final, hizo sonar el himno del Celta, que conserva en un viejo disco, y lo cantó con entusiasmo. Su esposa le riñó.

Francisco Márquez Veiga (Vigo, 1925) llegó a Cádiz en 1942. Con 15 años jugaba en el Rápido de Bouzas, el club de la antigua villa donde nació, ahora integrada en Vigo. Es un histórico, que actualmente compite en Tercera División. Jugaba de extremo en la derecha o la izquierda.

La afición le venía de familia. Su padre, Francisco Márquez Falqué, y sus tíos Benigno y Fernando también jugaron en el Rápido de Bouzas. Su padre llegó a Cádiz a principios de los años 20 y fue futbolista del mítico Español de Cádiz, que jugaba en el Campo de las Balas. Precisamente, cuando Márquez Veiga llega a Cádiz en la posguerra, su primo se lo presentó a Ricardo de la Fuente, en su panadería de la calle Laurel, para que jugara al fútbol en un equipo que también se llamaba Español, como el antiguo. Jugó en el Mirandilla, donde coincidió con Rubiche, el padre de Baena, y otros futbolistas históricos del Cádiz.

También Paco probó para el Cádiz, pero regresó a Vigo para el servicio militar. Durante la mili, volvió a jugar en el Rápido de Bouzas. En Vigo tuvo como compañeros a Pahíño, Areitio, Carnero y Hermida que jugaron en el Celta. Pahíño fue internacional y fichó por el Real Madrid y Areitio por el Barcelona. Ahí terminó su trayectoria como futbolista.

Con 22 años cumplidos, vuelve a Cádiz un joven Paco Márquez para trabajar en el negocio de los barcos de pesca. Era un Cádiz muy diferente al de ahora, donde había tantos gallegos como montañeses, si no más. Recuerda que en el barrio de Santa María vivían "más gallegos que gitanos". La familia Márquez Veiga había emigrado a Cádiz para el negocio de la pesca, como los Carranza, que también eran gallegos, o los Ojeda, que eran asturianos.

En aquellos años de la posguerra fue gerente de su empresa familiar, que llegó a tener 15 barcos de pesca, más los que llegaban de Galicia para faenar con ellos. Entre otros estaban el Márquez y el Veiga. O el María Teresa y el Aurora, nombres de las nietas. Eran arrastreros, bien acondicionados para la pesca de altura, que faenaban sobre todo en aguas de Marruecos, el Sahara (por entonces español) y en Canarias. Años en que ganaron mucho dinero. Los barcos regresaban cargados y le daban vida al muelle pesquero. Curiosamente, Paco nunca pescó, a diferencia de su tío Benigno, que fue como "un Di Stéfano de la pesca". Lo suyo eran los negocios.

En 1970, cuando dejó la presidencia del Cádiz CF, Márquez Veiga se fue a Canarias. Vivió ocho años en Las Palmas, dedicado a los negocios de pesca. Sin embargo, en 1978, vendió todos los barcos y regresó a Cádiz. Estuvo trabajando en la Asociación de Armadores de Buque de Pesca.

Pero el Márquez Veiga más conocido es el que fue presidente del Cádiz. Entró a formar parte de la directiva de Juan Ramón Cilleruelo a principios de los años 50. Después estuvo con Julián Arana. Con Manuel Vieira llegó a ser vicepresidente, antes de hacerse cargo del club como presidente. Vieira, que era militar, dimitió en diciembre de 1959, por la floja marcha del equipo. Fue sustituido por Márquez Veiga, con una comisión en la que estaban Guillermo Rocha y Manuel Fraga, entre otros. Al poco tiempo, adoptó una decisión muy dolorosa: destituir al entrenador, que era Camilo Liz, también gallego y muy amigo suyo. Sucedió después de un partido que el Cádiz perdió por 5-1 en Badajoz. Al día siguiente, fichó como entrenador a Diego Villalonga. Aquel año el Cádiz se salvó con apuros, al ganar la promoción al Algeciras.

Márquez Veiga fue presidente del Cádiz durante más de 10 temporadas. Vivió años difíciles en Segunda División, con pocos medios y escasa ayuda municipal. Cuando llegó al Cádiz sólo tenían 1.000 socios. En 1970, cuando se fue, apenas llegaban a 1.500 socios. Su mejor temporada fue la 62-63, la de Mosquera, cuando estuvieron cerca del ascenso a Primera. El entrenador de entonces era José Luis Riera, en el que confió mucho, como sucedió después con Julio Vilariño.

Como presidente, Márquez Veiga tenía una receta: primero formar la directiva, después los técnicos y por último, con ellos, se hacía la plantilla. Un trabajo en equipo importante, en el que supo rodearse de colaboradores como Ángel Iñíguez, que trabajaba en el Banco Hispanoamericano, donde conseguían préstamos imprescindibles para el club. También le ayudaron mucho, entre otros, Eduardo Lumpié, Miguel Alfaro, Pepiño Ferrandans el del Anteojo (donde tenían tertulias), Diego Grimaldi, Pastoriza… Dos de sus directivos llegaron a presidentes: José Antonio Gutiérrez Trueba, que fue secretario, y le relevó en 1970; y Vicente Alonso, al que tuvo de vicepresidente. También fue destacado el trabajo de Fernando Barbacil en la secretaría técnica, como sucedió con la labor de cantera de Escarti y Guerrero, colaborando con Bejarano.

Con Márquez Veiga empezó a funcionar bien la cantera del Cádiz. Para ello fue importante el acuerdo al que llegó con el Balón, que entonces presidía Pedro Fernández, y con otros clubes de la provincia. Poco antes de ser presidente fue traspasado Manolín Bueno al Madrid. Con él salieron Juanito, Lara y muchos más. Ficharon a Migueli, que llegó de Ceuta con 17 años. Cuando se fue, el primer año de Gutiérrez Trueba, el centro de la defensa del Cádiz lo formaron Migueli y Andrés.

Márquez Veiga traspasó a todos los que despuntaban. El Ayuntamiento de José León de Carranza le pagaba una ayuda de 100.000 pesetas, que le entregaban a plazos. Todo eso venía de dos malas operaciones. Porque el Cádiz perdió su estadio propio en el traslado del Mirandilla. Y el Ayuntamiento se quedó con la organización y beneficios del Trofeo, que fue una idea del presidente del Sevilla, Ramón Sánchez Pizjuán, que veraneaba en Cádiz, y se lo propuso al presidente cadista Juan Ramón Cilleruelo.

Francisco Márquez Veiga está casado con María Luisa Pedrosa. Fueron padres de seis hijos, de los que viven cinco. Aunque llegó a Cádiz hace 73 años, es tan gaditano como vigués. Y, sorprendentemente, un gran conocedor de los flamencos de Cádiz, desde que fue amigo del Beni y el Cojo Peroche, que estuvieron un tiempo llevando los balones del Español. Recuerda a Pericón, "el padre de Juman", y se tomaba copitas con Aurelio Sellés. Fue amigo de Chano Lobato, y conoció al joven Camarón en la Venta de Vargas.

Y es que los gallegos, como los gitanos, siempre han estado vinculados al barrio de Santa María y al muelle. Márquez Veiga vive en la calle Cobos, pero va por las mañanas al bar El Gran Lolo, de la calle Sopranis. Allí juega sus partidas de dominó con los amigos y comenta los últimos partidos. El fútbol todavía es su veneno, o quizá su pócima milagrosa para seguir siendo un chaval de 90 años.

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