Las 9 playas de Cádiz que pueden desaparecer en los próximos cien años

Cádiz es una de las provincias con más riego de perder un gran número de playas en los próximos años por el crecimiento del mar

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Vista de la playa Victoria, en Cádiz.
Vista de la playa Victoria, en Cádiz. / Miguel Gómez

Al nombrar Cádiz es inevitablemente pensar en sus playas, su arena dorada y sus atardeceres. Sin embargo, ese paisaje que define a la provincia podría cambiar de forma radical en las próximas décadas. Los últimos informes sobre el impacto del cambio climático en el litoral andaluz sitúan a nueve playas gaditanas entre las más vulnerables a la subida del nivel del mar y a la erosión, hasta el punto de que podrían perder gran parte de su superficie o incluso desaparecer antes de que termine el siglo si no se toman medidas urgentes.

Los estudios elaborados dentro del Plan Andaluz de Acción por el Clima alertan de que muchas playas del sur de España podrían perder entre cinco y veinticinco metros de anchura antes de 2050, una tendencia que se acentuaría aún más de cara a 2100. En el caso de Cádiz, una provincia cuya economía, turismo y forma de vida están estrechamente ligados al mar, este retroceso no solo supondría un problema ambiental, sino también social y económico.

A esta amenaza se suma, según Greenpeace, una gestión del litoral que no avanza al mismo ritmo que la realidad climática. La organización ecologista advierte de que el aumento de las temperaturas, la subida del nivel del mar y la presión urbanística están empujando a muchas playas a un punto de no retorno, mientras las políticas de protección siguen siendo insuficientes para frenar una dinámica que ya se deja notar tras cada temporal.

Estas son las 9 playas de Cádiz que están en peligro

Son un total de nueve playas las que podrían desaparecer con el paso de los años debido al cambio climático. En Cádiz capital destacan la playa de La Victoria y Cortadura, dos playas emblemáticas de Cádiz ciudad, se enfrentan a un futuro incierto. Su carácter urbano y su exposición directa al Atlántico hacen que cualquier subida del nivel del mar tenga un efecto inmediato sobre la línea de costa, con un retroceso que, según los expertos, podría ser especialmente visible en las próximas décadas.

En Rota, las playas de La Costilla y Galeones figuran entre las más expuestas al oleaje del Atlántico, lo que provoca una pérdida constante de arena que se intensifica con cada episodio de fuertes mareas. La orientación de este tramo de costa y la escasez de aportes naturales de sedimentos hacen que su recuperación sea cada vez más complicada.

En Chipiona, la situación no es muy diferente. Cruz del Mar y Camarón, dos de sus playas más conocidas, están en la lista de las más amenazadas. La combinación de corrientes marinas, temporales más intensos y una franja de arena cada vez más estrecha ha provocado que estos arenales pierdan superficie año tras año, reduciendo su capacidad para absorber el impacto del mar.

Uno de los casos que más llama la atención es el de La Barrosa, en Chiclana de la Frontera. Considerada una de las playas más largas y populares de la provincia, su tamaño no la libra del riesgo. Los modelos climáticos apuntan a que también podría perder una parte importante de su anchura si continúan las actuales tendencias de calentamiento y subida del nivel del mar.

En El Puerto de Santa María, las alertas se centran en Santa Catalina, Levante y Valdelagrana. Estas playas, situadas en un entorno muy condicionado por la actividad humana y la dinámica de la Bahía de Cádiz, podrían ver reducida de forma notable su superficie útil, afectando tanto al disfrute ciudadano como a los ecosistemas que dependen de ellas.

La lista la completa Roche, en Conil, una zona de gran valor paisajístico que también aparece como uno de los puntos más frágiles del litoral gaditano. La erosión y la subida del nivel del mar podrían transformar por completo su perfil en las próximas décadas, poniendo en riesgo uno de los enclaves más apreciados de la Costa de la Luz.

Una pérdida irreparable para el ecosistema

La posible desaparición de estas playas va mucho más allá de una pérdida estética. El litoral actúa como barrera natural frente a temporales, es clave para la biodiversidad y sostiene buena parte del turismo y la economía local. Por eso, los expertos insisten en que frenar el cambio climático y adaptar la gestión de la costa ya no es una opción, sino una necesidad urgente para que Cádiz no pierda una parte esencial de su identidad.

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