Las Ventas | Corrida de la Prensa de Madrid Pablo Aguado, de la naturalidad a una cornada grave

  • El sevillano únicamente puede lidiar a su primer toro, que le hirió en la suerte suprema

  • El Fandi y López Simón, de vacío

  • Buen debut de Santiago Domecq en San Isidro

Momento de la cogida a Pablo Aguado. Momento de la cogida a Pablo Aguado.

Momento de la cogida a Pablo Aguado. / EFE

Al reclamo de la presencia en el cartel de la Corrida de la Prensa del sevillano Pablo Aguado se colocó el séptimo No hay billetes en el ciclo isidril en un festejo en el que compartió cartel con El Fandi y López Simón.

Pablo Aguado, el gran protagonista, cayó herido en la suerte de matar y tuvo que ser operado en la enfermería, sin posibilidad a lidiar su segundo toro. El sevillano desplegó naturalidad ante el tercero, un toro noble y con casta. Con el capote dibujó un par de verónicas con sabor y bordó una media tras un quite por chicuelinas. Con la muleta hubo retazos de torería como un pase por bajo coreado con un ole monumental, un suave pase de pecho, un trincherazo, un cambio de mano o tres naturales a pies juntos abrochados con el de pecho. Al entrar a matar fue cogido, sufriendo una cornada en el muslo derecho. Un agujero rodeado de sangre lo atestiguaba. El torero se volcó en una estocada. El toro no caía y el diestro propinó hasta cinco descabellos, escuchando dos avisos. Aguado recibió una fuerte ovación y, cojeando, pasó por su propio pie a la enfermería, donde fue operado y de donde le enviaron a un hospital.

El otro gran protagonista del espectáculo fue Zahareño, el sexto toro, que correspondía a Aguado y que lidió en su lugar El Fandi. Un gran toro de la ganadería de Santiago Domecq, debutante en este San Isidro y que lidió una corrida bien presentada y de juego desigual, destacando primero, segundo y sexto.

Este último, un colorao corniabierto, extraordinario en varas, empujó en un primer puyazo, derribó espectacularmente a cabalgadura y piquero en el segundo y acudió desde muy lejos para un tercer puyazo en el que se lució el picador Manuel José Bernal. El Fandi, variado en el capote, prendió hasta cuatro pares de banderillas. El toro llegó sin gasolina a la muleta en una faena que duró un suspiro, el comienzo de rodillas del granadino con la diestra, desacertado con la espada.

El Fandi se enfrentó en primer lugar a un colorao enorme, de ¡602 kilos!, alto y que tuvo como mayores virtudes la movilidad y la nobleza. El granadino jugó muy bien los brazos en el recibo a la verónica. Al salir tropezado de una chicuelina libró una cornada por reflejos, facultades y sangre fría, lanzando el capote al hocico del astado. En banderillas anduvo fácil. Y tras un comienzo explosivo en los medios, de rodillas, en una serie diestra interminable y templada, la faena fue en picado. El público se puso de parte del toro, que fue ovacionado; siendo silenciado el torero.

Con el sardo cuarto, deslucido, El Fandi de nuevo anduvo fácil en los dos primeros tercios y en la muleta concretó un trasteo que no caló en los tendidos.

Alberto López Simón apenas dejó huella ante su lote. El segundo toro: negro, salpicado, astifino, encastado, tuvo tendencia a tablas, aunque con recorrido y humillaba tras las telas. López Simón le cogió el aire al comienzo de una faena a menos, cuando en la media distancia logró muletazos largos con la diestra. Tras un metisaca en los bajos se tiró casi a topacarnero para una estocada de la que salió con la banda de la taleguilla rasgada. Todo quedó en un susto.

El quinto, colorao y corniveleto resultó manejable y ante el que López Simón realizó una labor entonada tras cumplir en los lances de recibo.

Lamentablemente, el espectáculo sumó otro herido en esta sangrienta feria isidril:el sevillano Pablo Aguado.

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