El Gigante cumple 5 años

Puente a un futuro incierto

  • En estos cinco años el nuevo viaducto ha ido captando tráfico del Carranza. El parón económico por la pandemia es una incógnita para su crecimiento

Imagen del nuevo puente iluminado para una celebración. Imagen del nuevo puente iluminado para una celebración.

Imagen del nuevo puente iluminado para una celebración. / Julio González

Tal día como hoy, hace cinco años, Mariano Rajoy, entonces presidente de un Gobierno que parecía estable, inauguraba el Puente de la Constitución de 1812 en una ceremonia cargada de simbolismo. En el centro del viaducto, con Cádiz a una orilla y la península a la otra, el dirigente del PP habló de un ejecutivo que construía puentes, no fronteras. Aquella alusión manifiesta a las ínfulas independentista de Artur Mas y compañía no tuvo en cuenta que la megainfraestructura inaugurada, con un coste de más de 500 millones de euros, no podría convertirse en ese motor económico tan deseado para la Bahía de Cádiz por motivos tan imprevisibles como una pandemia universal que no es que haya provocado un parón en la economía, no, mucho peor que eso, la ha hecho retroceder en el tiempo a niveles de hace décadas.

Aquel 24 de septiembre de 2015, con buena parte de la clase política del país de testigo, con Susana Díaz como presidenta de la Junta, ministros populares como Ana Pastor, que fue quien en última instancia le dio el impulso necesario a la obra desde la cartera de Fomento; el alcalde de Cádiz, José María González, aún frotándose los ojos para cerciorarse de que no vivía un sueño, y Teófila Martínez haciendo lo propio para despertar de la peor de sus pesadillas –ver como después de tanta lucha no podía ser la máxima autoridad de la ciudad en uno de los días más importantes de su historia–, aquel día, digo, lo que sí empezó a cambiar fueron los hábitos en la movilidad de Cádiz y toda su área metropolitana.

Tan lejos quedaba aquel 28 de octubre de 1969 cuando se inauguró el puente Carranza, que ni los gaditanos más mayores recordaban cuando había que rodear la bahía para llegar hasta los puertos o Jerez. En aquella época en que la humanidad aún celebraba que Neil Armstrong había caminado por la superficie lunar, en Cádiz apenas podíamos creer que un gaditano hubiera pisado Puerto Real sin tener que pasar por San Fernando.

Desde entonces, el puente Carranza, ese puente de Carranza ¡qué bonito!, que le cantara Enrique Villegas, se convirtió en el acceso más transitado para entrar o salir de la casi isla trimilenaria. Y esa tendencia se mantuvo incluso con el segundo puente abierto, como si muchos se resistieran a cambiar de hábitos. Sin embargo, los cuatro carriles abiertos de par en par, que podrían haber sido seis si Magdalena Álvarez no hubiera tenido la genial idea de incluir una plataforma tranviaria para un tranvía que mucho nos tememos jamás cruzará sobre el mar de Cádiz, acabaron por enamorar a los conductores, seducidos por el nuevo puente, más joven, más bello, más rápido. Así que el Carranza empezó a perder flujo y su hermano chico, chico de edad se sobrentiende, lideró las estadísticas de circulación en la Bahía.

En la entrada a Cádiz, desde el año 2017, y según datos de la DGT a los que ha tenido acceso este medio, se observan que los accesos a Cádiz están bastante equilibrados entre los dos puentes, aunque la entrada resulta ligeramente superior en el acceso desde el Puente de la Constitución de 1812, que absorbe el 55% del tráfico de las dos entradas evaluadas. En ambos puentes, se producen los sábados y domingos incrementos del tráfico estival, siendo este incremento más significativo en los accesos desde el Puente José León de Carranza, donde los sábados y domingos de verano incrementa su tráfico por encima del 14% respecto de un día de fin de semana no estival. Esto es debido, obviamente, a la cantidad de veraneantes de otros puntos de la provincia y de otras adyacentes que acuden a la playa Victoria a pasar el día.

Imagen del segundo puente captada por un dron. Imagen del segundo puente captada por un dron.

Imagen del segundo puente captada por un dron. / Julio González

En cuanto a las salidas se observa un comportamiento similar del tráfico de salida de Cádiz, bastante equilibrado entre los dos puentes, y al igual que en las estradas evaluadas, ligeramente superior en la salida desde el Puente de la Constitución de 1812, que absorbe el 53,2% del tráfico de las dos salidas evaluadas, según dice la DGT.

Las salidas de Cádiz en verano también generan incrementos de tráfico más significativos los fines de semana, especialmente en el Puente José León de Carranza, con incrementos por encima del 7% respecto de los fines de semana no estivales.

La media de vehículos que el nuevo puente soporta cada día ha ido aumentando con el paso de los años. Por ejemplo, en 2017 un día laborable entraban por esta vía 12.720 vehículos; al año siguiente fueron 13.529; 14.128 en 2019 y 14.188 en 2020. En cuanto a las salidas, y en los mismos años, las cifras fueron de 12.548, 13.316, 13.996 y 14.178.

Todas estas cifras bajan considerablemente los fines de semana, cuando la mayor parte del tráfico de camiones se detiene.

En cuanto a las cifras totales, también habrá que tener en cuenta en este 2020 los efectos de la pandemia de coronavirus. Durante el confinamiento el número de vehículos que pasó por los dos puentes de Cádiz fue casi testimonial, con la excepción de trabajadores esenciales que debían realizar sus tareas.

El parón económico que ha provocado el virus abre muchas interrogantes ante una infraestructura construida no sólo para mejorar los accesos a la capital de la provincia sino para enlazar su puerto con el resto del país y relanzarlo. Esto, junto a la nueva terminal de contenedores, debía hacer que Cádiz se situara nuevamente en el mapa del tráfico portuario, pero todo nuestro mundo se está tambaleando por los efectos devastadores de un virus con una tasa de mortalidad del 1 por ciento pero con un poder de contagio desconocida.

Sólo han pasado cinco años, pero fueron muchos más los que Cádiz soñó con un puente como este, una joya de la ingeniería moderna concebida por Javier Manterola y hecha realidad por personas como Marcos Martín y Fernando Pedrazo, jefes de la obra en su arranque y su finalización cuyo compromiso en momentos muy complicados fue decisiva para que haga ya cinco años que pueda transitarse. Sólo con el paso del tiempo, echando la vista atrás, podrá entenderse en todo su esplendor la importancia que esta construcción habrá tenido para la Bahía de Cádiz. Mientras tanto, el puente de La Pepa se ha consolidado entre los mejores del mundo.

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