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No lo llame turismo, llámelo negocio

Anuario de Turismo 2026

Parece que poner de manifiesto esto nos sitúa dentro de la esfera de los detractores de una industria tan importante para nuestra economía

Candados de viviendas de uso turístico. / 77
Mari Ángeles Gallego
- Catedrática de Turismo y Finanzas de la Universidad de Sevilla

20 de enero 2026 - 18:54

Cuando escuchamos que podemos llegar a los 100 millones de visitantes extranjeros en nuestro país, parecería que es un objetivo que todos estamos deseando que llegue. El turismo, como comprende a varios tipos de empresas, parece que no es un negocio que pertenezca a nadie. Y ahí es donde nos están engañando a los ciudadanos, que somos los que estamos realizando la inversión que necesita ese negocio, los que estamos soportando las consecuencias (en precios, vivienda, sanidad ….) de su intencionado descontrol y los que estamos de atrezo y figuración en el negocio. La realidad es que el número de turistas que visitan una ciudad se podría controlar, y que seguir aumentando el número de millones de visitantes que recibe nuestro país, ya saturado de turistas, muy lejos de ser deseable está generando muchos problemas a sus habitantes.

Cualquier otro sector tiene su regulación y sus límites, la inversión corre a cargo de los/as empresarios/as, no pueden generar problemas de salubridad y convivencia, se tiene que encargar de su transporte, y un largo etcétera que parece no incumbir al turismo. En este sector, parece que todo eso debe ir a cuenta del ciudadano. Y es porque a esto que nos está pasando no hay que llamarlo turismo, hay que llamarlo negocio. Porque, ¿se ha parado usted a pensar qué es lo que vende ese negocio del turismo? Pues vende las calles de la ciudad en la que usted vive, la vivienda que usted habita, sus costumbres, sus transportes públicos, su forma de vida…. Todo eso que usted está viendo poco a poco desaparecer para beneficio de unos pocos.

¿Se imaginan que cualquier otra industria les dijera que tienen que cederles sus terrenos para situar su negocio? Pues una parte importante de la industria turística ha florecido en las viviendas de los ciudadanos (que ya no están en el mercado para el uso que fueron construidas), expulsándolos y elevando el precio de la vivienda de tal manera en esas ciudades (y por contagio en las adyacentes) que están comiéndose el futuro de los jóvenes. ¿Se imaginan que en su ciudad le pusieran al lado de su casa una empresa que produce vertidos, ruidos y otros agentes contaminantes? Pues los turistas producen basuras, ruidos y otros agentes contaminantes sin que nadie los controle ni les diga nada. Parece que todo les está permitido.

¿Se imagina que cualquier otra industria se nutriera de los servicios que pagan los impuestos de los ciudadanos? Pues le acaban de subir la tasa de basura a muchos españoles para atender ciudades cada vez más sucias por el exceso de turismo. Y no es el único impuesto con el que usted subvenciona el negocio, todos aquellos impuestos municipales que van encaminados a mantener nuestra ciudad y sus servicios básicos, están financiando las instalaciones de esta industria que son, sencillamente, esa ciudad que usted sufraga. También los impuestos con los que usted sufraga una sanidad pública cada vez más deteriorada (que también está yendo a manos privadas, pero esa es otra cuestión), da para atender a los turistas que así lo requieran (y que muchas veces vienen a hacer turismo para acceder a servicios sanitarios que no tienen gratis en su país). Si usted tiene la mala suerte de trabajar en algún lugar cercano a una parada de autobús que haya sido reseñada en google o etiquetada por el/la influencer de turno, olvídese porque no va a poder cogerlo. Así que también le financiamos el transporte público.

Para que los turistas tengan experiencias “auténticas” (que hasta hace poco era lo que venía siendo su vida cotidiana), estamos perdiéndolo todo: la cervecita en la tasca de su barrio, las ofertas de cada supermercado y las horas de conseguirlas, el paseo por las calles de su barrio (cualquier rincón agradable de cualquier barrio de su ciudad que descubra una agencia o un influencer será objeto de venta y colonización) y los empleos cualificados, que no son los mayoritarios en el sector.

Parece que poner de manifiesto esto, que no es sino una realidad, nos sitúa dentro de la esfera de los detractores de una industria que es muy importante para nuestra economía y que genera empleo. Y no hay nadie que haga nada. Los políticos miran para otro lado, en parte porque forman parte de estos intereses (y porque lucen unas magnitudes económicas que dan apariencia de una riqueza que solo disfrutan los negocios) y en parte porque la política está siendo ocupada por personas que no tienen la capacidad de hacer nada, que es lo que conviene a los que están arriba para poder mantenerse.

Así que, si quiere recuperar el futuro de sus hijos/as, su vivienda, sus calles, el rédito de sus impuestos, su sanidad, su intimidad y todo aquello a lo que los turistas no deberían tener acceso pero que están esquilmando, muévase. Sólo la sociedad civil unida va a poder parar esto. Exijamos a los políticos que se sienten con nosotros a poner límites a esta industria que es un negocio y no otra cosa. Repensemos el futuro de nuestra ciudad para que sea lo que los ciudadanos que la mantenemos queramos, no lo que interesa a los que se están llevando los beneficios. Y pongamos un cupo a los turistas, que así serán muy bien bienvenidos y que, como en todos los negocios, tendrán que disfrutar de sus espacios, no de los nuestros. Ellos son los que deben ser observados como elemento ajeno a la ciudad, y no usted o yo cuando nos sentamos a tomarnos un café en nuestro trabajo y nos hacen una foto sin nuestro permiso como si fuésemos monos de feria a su disposición.

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