Desarrollo

El paraíso del yoga en la Sierra pone freno a la desertificación

  • Suryalila, considerado uno de los centros de retiro más atractivos del país, ubicado en Villamartín, apadrina el proyecto Danyadara, de permacultura, que ha plantado en tres años 5.000 árboles para luchar contra la erosión del suelo

La sala de yoga de Suryalila, dentro de una gigantesca cúpula geodésica. La sala de yoga de Suryalila, dentro de una gigantesca cúpula geodésica.

La sala de yoga de Suryalila, dentro de una gigantesca cúpula geodésica. / Ramón Aguilar

Desde la carretera que une Villamartín con Prado del Rey se ve en el horizonte una gran cúpula geodésica, color blanco, que a más de uno le llama la atención. Entre las suaves ondulaciones del paisaje, enclavado entre tierras de labor y un mosaico de olivos centenarios, ese gigantesco domo llamativo forma parte del complejo Suryalila, uno de los centros de retiro de yoga más atractivo a nivel nacional.

De hecho, este complejo turístico dedicado a la práctica del yoga, que se levantó hace ocho años en el antiguo cortijo La Fábrica, en el término municipal de Villamartín, y que se extiende por 20 hectáreas de terrenos, está en una posición destacada en distintos mercados europeos. Razones no le faltan a tenor de las numerosas visitas, sobre todo internacionales, que recibe desde que se abrió en 2012 pues está en el ranking de preferencias en los ámbitos anglosajón y centroeuropeo.

Suryalila es el sueño hecho realidad de Vidya Jacqueline Heisel, la directora de este centro de retiro y una de las socias fundadoras del proyecto. Esta mujer, que creció en Inglaterra y ha vivido en distintos destinos como la India, Bali y Estados Unidos, ha enseñado esta práctica milenaria por medio mundo hasta que recaló en la Sierra de Cádiz, donde dirige desde hace años programas de formación de profesores bajo la denominación ‘Frog Lotus Yoga Internacional’.

Visitar Suryalila en como entrar en un vergel y en una particular torre de Babel, pues se hablan diferentes idiomas. Burritos, caballos, exóticas llamas conviven con clientes que han recorrido miles de kilómetros para llegar allí y disfrutar de estancias muy cuidadas donde se ofrecen clases especializadas de yoga, una alimentación saludable y la opción de disfrutar de actividades de ocio y naturaleza en la Sierra gaditana. Así, este centro, con unas vistas y unas puestas de sol privilegiadas, ofrece habitaciones de distintos precios en el mismo cortijo rehabilitado, que durante años funcionó como almazara. Cuenta además con yurtas, construcciones ecológicas, piscina, pagoda, entre otras distintas estancias. Pero, además, Vidya Heisel, como alma mater de este sitio y su equipo se han marcado como reto trabajar por frenar la amenazante desertificación, apadrinando el proyecto sin ánimo de lucro denominado Danyadara, puesto en pie desde 2016, para mostrar que otra agricultura es posible.

“Es un reto transformar el paisaje árido y monocultivo del interior de la provincia de Cádiz, revirtiendo el proceso de desertificación de estas tierras”, explican sus promotores. Danyadara se mueve bajo el prisma “de no dañar y cuidar aquello que se nos otorga” para legarlo a las generaciones venideras. Por tanto, a través de esta iniciativa se han plantado ya unos 5.000 árboles en la finca y se están utilizando herramientas como la permacultura para experimentar otra manera de cultivar el espacio y canalizar las aguas abriendo en la tierra surcos, con un modulado en 3D, para maximizar la lluvia que cae para que quede fijada al suelo y no se deslice. Este proyecto de agricultura ecológica, que dirige el inglés Jacob Evans, junto a un grupo de participantes, se financia a través de las donaciones de los clientes que acuden al centro, a través de cursos de formación que prestan a colegios y a particulares y a través de una campaña internacional de apadrinamiento de árboles (wwwdanyadara.com).

“Estamos intentando imitar la agricultura de nuestros antepasados y los sistemas de la naturaleza con todo lo que nos ofrece para crear biodiversidad, en vez de promocionar el monocultivo, que es un manual para la desertificación de España”, cuenta Laura, una de las integrantes de este proyecto, que ha logrado ya en varios años cambiar a verde la fisionomía de esta extensa finca. Lo primero que se hizo fue trabajar para crear una capa verde para regenerar suelo. En todo este proceso, Suyalila cuenta con ganado al que mueve de un sitio a otro para contribuir en el proceso de creación de materia orgánica. Además, se utilizan técnicas para reaprovechar las aguas residuales, los baños secos instalados en varios puntos, la mezcla de variedades de plantas, entre otros. “Por cada porcentaje de materia orgánica que se consigue incrementar en el suelo, se conservan 144.000 litros de agua, con lo que se van creando unas bolsas subterráneas, que en este clima con sequía es fantástico”, añade Laura.

En Suryalila se ha creado, también, un ‘bosque comestible’, que provee de una amplia gama de verduras, frutas, hierbas aromáticas y flores comestibles a las cocinas del complejo de retiro de yoga, del que dan buena cuenta los huéspedes. “Tenemos vocación de estudiantes y de compartir lo que vamos aprendiendo y ensayando. La idea es saber cómo podemos cuidar de esto, que en 30 años haya aquí un bosque mejor que un puñado de piedras. La idea es dejar la tierra mejor de lo que nos lo hemos encontrado. Esperamos que se pueda conseguir. No tenemos fórmulas mágicas, pero hemos avanzado mucho en estos tres años con miles de árboles de diferentes variedades que hemos plantado alrededor, con el estudio y el mejor aprovechamiento del agua, que sigue siendo un reto”, añade Jon, otro miembro implicado en esta iniciativa agraria. “El objetivo del proyecto es rescatar formas de hacer que regeneren lo que más de medio siglo de agricultura industrial ha hecho, que es dejar el suelo sin capacidad de absorber el agua por la erosión”, afirman.

Dicen que la visión de Danyadara (tierra bendecida en sánscrito) es servir de “punta de lanza de un creciente movimiento de concienciación acerca del peligro inminente que supone la rápida desertificación del planeta, y cómo la implementación de técnicas de agricultura regenerativa pueden cumplir dos objetivos simultáneos: aumentar la productividad del terreno y revertir la desertificación”, confían sus promotores. Además, aspiran a demostrar a largo plazo que es posible emplear la siembra de otro modo rentable y sostenible. “Si las nuevas generaciones de jóvenes están equipadas con nuevas técnicas agrícolas gracias a la labor educativa del proyecto, su regreso a la tierra, a la España vaciada, servirá doblemente como un generador de empleo y una importante fuente de producción de recursos”, apostillan.

Una de las grandes fortalezas de Danyadara, añaden, es que está bajo el abrigo de este importante centro de yoga, lo que le permite un amplio espacio de tiempo para la experimentación y el ensayo que demuestre que hay otras maneras de hacer.

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