Cierre por Coronavirus

La Sierra se queda ‘compuesta y sin novio’ este puente ante su cierre

  • Las reservas hoteleras y de casas rurales caen en tromba por la clausura de los pueblos. El sector critica la medida de la Junta por “precipitada” y habla de pérdidas cuantiosas

Un hombre anda solo de camino a la plaza del Cabildo en Arcos Un hombre anda solo de camino a la plaza del Cabildo en Arcos

Un hombre anda solo de camino a la plaza del Cabildo en Arcos / Ramón Aguilar

Como un castillo de naipes las reservas en hoteles y restaurantes de la Sierra para el puente de Todos los Santos, que se avecina, iban cayendo en tromba. Sin remedio. Por imperativo legal. Pocos minutos después de que el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, anunciará en la tele la noche del miércoles que la Sierra gaditana se cerraba a cal y canto ante la apabullante subida de contagios en la zona, los teléfonos empezaron a sonar en recepciones de alojamientos rurales de Grazalema, Arcos, Setenil, Zahara de la Sierra, El Bosque… Y la mañana de ayer no fue menos. Las cancelaciones venían por todos lados: vía telefónica, a través de plataformas de reservas, páginas webs de los propios negocios…

Una de las calles del conjunto monumental de Arcos casi vacía. Una de las calles del conjunto monumental de Arcos casi vacía.

Una de las calles del conjunto monumental de Arcos casi vacía. / Ramón Aguilar

“Las perspectivas eran muy buenas para este puente de los Santos. Acompaña el buen tiempo y no me imaginaba que se nos iban a cerrar los pueblos, que no se iba a poder entrar o salir salvo causa justificada”, confiesa Cati, propietaria de la Hospedería Casa de las Piedras, en Grazalema. La mujer no esconde su desazón ante esta decisión y su “angustia por el futuro inmediato”. Dice que los de su sector han hecho inversiones para tenerlo todo preparado para recibir a los visitantes como limpiezas más a fondo, aprovisionamiento de género en hoteles y restaurantes que tendrán que guardar lo que se pueda salvar o consumir de prisa antes de que se estropee, y habían apalabrado personal para ayudar. “Todo eso ahora para atrás ¿Por qué no nos han avisado antes? ¿Por qué no se han esperado hasta pasado el puente para que nos hubiera dado tiempo a reorganizarnos? Estábamos sobreviviendo con los fines de semana de octubre y ahora, ¿qué pasa?”, se interroga la mujer.

Dos personas observan el paisaje antes del cierre perimetral en la Sierra Dos personas observan el paisaje antes del cierre perimetral en la Sierra

Dos personas observan el paisaje antes del cierre perimetral en la Sierra / Ramón Aguilar

Sobre la mesa está el gran aumento de positivos que se han dado en los últimos días en pueblos como el de Cati, que es Grazalema, con la tasa más alta de la provincia de contagios, más de un millar por 100.000 habitantes o como Arcos, que casi está a las puertas de los 500 contagios.

Y a nadie escapa el escenario que se pintó el último puente del Pilar, que dejó imágenes de avalanchas de turistas en calles y accesos a senderos de los pueblos más turísticos, haciendo difícil o casi imposible mantener las distancias interpersonales en algunos momentos. “Pero se había puesto un dispositivo de seguridad para este mismo puente para evitar esas aglomeraciones. No sé por qué, ahora, hay este cambio. Aquí no tenemos miedo al visitante porque los contagios son de gente que conocemos y estaba todo muy controlado”, dice Cati.

La gerente de uno de los negocios de Arcos La gerente de uno de los negocios de Arcos

La gerente de uno de los negocios de Arcos

Loli Castro, la gerente de la Taberna Jóvenes Flamencos, en Arcos, y su equipo han tenido que llamar a proveedores deprisa y corriendo para reducir las provisiones en puertas de un puente que califica ya “de malísimo” ante la ausencia de turistas de fuera. “Estas semanas atrás ha venido gente de Jerez, Cádiz... Ahora ni eso”, apostilla disgustada, también, por la situación. Como a otros hosteleros esta pandemia la está poniendo a prueba, pero ella no quieren claudicar. “No queremos cerrar porque somos cinco familias junto a los dueños. Así que daremos meriendas y nos reinventaremos como podamos. Pero este cierre perimetral de los pueblos de la Sierra nos va a afectar un montón”, resume.

En su taberna, la pandemia se ha cobrado ya tres empleos, así que dice la mujer que se han planteado “vivir el día a día, a ver qué pasa” en un sector cada día más mermado y con reducción de horarios. Y este puente es, junto con el diciembre, de los que salvaban las cuentas de cara al invierno.

Muy cerca de esta taberna se las ingenia el panadero Antonio Márquez para ir dejando los pedidos que les han encargado los bares del casco antiguo de Arcos. Su facturación ha caído hasta un 30% con respecto a la hostelería y claro, ha tenido que despachar, también, a personal.

El panadero Antonio Márquez surtiendo a la hostelería de cara al puente El panadero Antonio Márquez surtiendo a la hostelería de cara al puente

El panadero Antonio Márquez surtiendo a la hostelería de cara al puente / Ramón Aguilar

En Setenil, otro de los pueblos que vive del turismo, el cierre ha caído como una losa. Muchos son conscientes de que las pérdidas serán cuantiosas pero, también, hay voces que predican con que es necesario un equilibrio entre salud y economía. “Sé que habrá muchas pérdidas, que este anuncio del cierre ha sido muy precipitado, que ya los bares y restaurantes habían hecho muchas compras. De hecho a mí me afectará de lleno. Se me han caído todas las reservas. Pero durante el puente del Pilar este pueblo estaba colapsado y pese a ello, nos ha salido bien porque no han aumentado los contagios. Hemos tenido suerte. Pero ¿y si hubiera sido al revés? Yo no estoy en contra de esta medida. Hay que entender que la salud es tan importante como la economía”, defiende una propietaria de una casa rural de esta zona.

Un proveedor de suministro Un proveedor de suministro

Un proveedor de suministro / Ramón Aguilar

Un argumentario parecido defiende Nieves, técnica ceramista que cuenta con la galería de arte llamada Arx-Arcis, en pleno casco antiguo de Arcos, y es presidenta de la asociación de artesanos Entrepeñas. Como a todos, la pandemia les ha cambiado la forma de trabajar puesto que muchos han desplazado el trabajo a casa para evitar contagios en los propios talleres. “Queremos trabajar sin riesgos porque tenemos familias que proteger”, asume.

Rosi León, la presidenta de los hosteleros de Arcos, comprende que al coronavirus hay que pararlo, pero no a costa del sector más castigado, dice. “Es un mazazo para los hoteles que dependen de los de fuera, que no pueden entrar. El que tiene un bar puede pasar algo con los locales, pero los compañeros están bien fastidiados. Si ésta es la decisión más acertada, pues no lo sé. Nuestro sector no se recupera de una, cuando le viene otra”, piensa.

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