Semana Santa de Cádiz 2020 Cofradías sin salir, un escenario desconocido para el Caído y el Despojado

  • Tanto la hermandad del Martes Santo en sus 60 años procesionales como la de Salesianos en los más de 10 no sabían hasta este 2020 lo que era no sacar la procesión a la calle

Así amanecerán este Martes Santo las imágenes del Caído Así amanecerán este Martes Santo las imágenes del Caído

Así amanecerán este Martes Santo las imágenes del Caído

El escenario es nuevo para todos. Pocos habrá con vida de aquel año 33 en el que la ciudad se quedó por última vez sin Semana Santa. Pero dentro del conjunto de las hermandades, hay dos casos que están viviendo de manera particular esta realidad de no salir a la calle estos días santos. El Despojado y El Caído están experimentando este 2020, por primera vez en su historia procesional, el sinsabor que supone no poder realizar su salida, aunque el contexto actual sea tan diferente al que hayan vivido años anteriores el resto de cofradías.

El caso más sorprendente, sin duda, es el de la hermandad del Caído, que en los sesenta años que se han cumplido desde su fundación nunca se quedaron un Martes Santo sin salir a la calle. Ha habido días que amenazaban agua, años en que el agua ha hecho acto de presencia cuando el cortejo se dirigía a la Catedral, otros en que la lluvia se ha presentado en los metros finales de la procesión. “Pero a la hora de salir nunca nos ha llovido, y siempre hemos salido”, afirma uno de los más veteranos, sino el que más, que forman las filas de hermanos el Martes Santo y que hasta hace unos meses era hermano mayor, Pedro Reynoso.

El Caído no tiene ningún tipo de norma escrita, ni no escrita, sobre esto de la salida y la lluvia. Y Reynoso, de hecho, señala que a lo largo de las décadas que él lleva vistiendo el hábito la situación ha cambiado. “En los últimos tiempos hay que mirar más por las imágenes, por el cortejo y demás. Hay que ser más cauteloso, porque los enseres de hoy no son los de hace 40 años”, explica. Aún así, en estos últimos años la inestabilidad del tiempo tampoco ha dejado a la hermandad en casa. “Alguna vez a la hora de salir ha estado nublado y con cierto riesgo, pero hemos salido y nos hemos recogido sin lluvia”, cuenta un cofrade que duda de si las decisiones tomadas en el pasado han sido actos de valentía, “o de arrojo”.

El Caído cuenta entre su anecdotario procesional que en la Semana Santa de principios de los 70 llegó a ser de las pocas en procesionar, o que en 2003 fue la primera Cruz de guía de la Semana Santa al llover el Domingo de Ramos y el Lunes Santo. Todo un histórico de salidas que se ha visto interrumpido este año.“El otro día le decía al hermano mayor (Eugenio Ricote) que nunca me había visto en la tesitura de anunciar la no salida de la cofradía, pero lo animaba porque es una decisión tomada por el bien de todos”, cuenta Reynoso, que se muestra “absolutamente tranquilo” pese a ser la primera vez que prueba el amargor de no procesionar su cofradía en Semana Santa. “Hay cosas peores que no salir el Martes Santo”, sentencia.

Con varias décadas menos de historia, la cofradía del Despojado presumía hasta este Domingo de haber podido lograr el pleno de salidas. Aunque, al menos, en este año 2020 pueden conservar el recuerdo del vía crucis que al principio de la Cuaresma presidió el Señor del Amor por las calles de la feligresía de San José. Un año tuvieron que volver aprisa desde la Catedral, y otro el viento tuvo incidencia en la procesión, pero en el Despojado siempre habían salido a la calle y llegado hasta el centro. Y su hermano mayor, Alfonso Cortés, reconoce que el Domingo de Ramos fue “un día bastante malo”, en el que salva el contacto que mantuvieron muchos hermanos por medio de las redes sociales y el seguimiento de la programación que desarrollaron tanto el Domingo de Ramos como los días previos.

“Espero no volverlo a pasar nunca”, confiesa Cortés, que recordaba cómo cada Domingo de Ramos, desde que es hermano mayor, “tomo café con Paco Moscoso a las nueve de la mañana y a las diez soy yo el que abro las puertas del pabellón”. “Esa sensación de no poder entrar en el pabellón y verlo a Él, me costó muchísimo trabajo asimilarlo”, cuenta el hermano mayor de un Domingo de Ramos para olvidar al que decidió poner fin a las diez y pico de la noche. “Y para colmo me desperté y al mirar el reloj eran las dos menos cinco de la mañana, que es la hora a la que tenía que estar entrando la cofradía. Todavía se me ponen los pelos de punta”, cuenta con estupor.

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