Unas 'rebajas' para los más pacientes
La campaña de rebajas comienza en Bahía Sur con grandes colas en horas punta, tanto para poder aparcar como para comprar · Los escaparates se adornan con carteles de descuentos del 20 al 70%
7 de enero. Primer día de rebajas. Lugar: Bahía Sur. Objetivo: un abrigo camel, un trajecito cómodo, un par de camisetas para salir y algún capricho. ¿Presupuesto? No hay nada apuntado.
La agenda marcaba ayer que tocaba aprovechar los descuentos que especialmente el sector textil y del calzado ofrece una vez concluyen las fiestas navideñas. Aunque este año algunas tiendas optaron por hacer descuentos en los productos precisamente para las compras de diciembre y principios de enero. Por eso, hacía falta comprobar cómo se presentan las rebajas.
Primer intento. 12:30. Mezclamos trabajo y placer, aunque al final se convierte en un tormento. En días como éstos es mejor dejar el coche en el lado de la ciudad y cruzar la pasarela, pero la idea es comprobar cómo vive este día un comprador normal, que suele conducir hasta las instalaciones. Han pasado como 40 minutos y no ha habido suerte. Ni un hueco libre. Y los vehículos que transitan delante cogen las plazas de quienes van saliendo. El aparcamiento de arriba está cerrado. Nos vamos. Ya volveremos (quienes van a comprar tendrían más paciencia).
Segundo intento. 14:45. El río de coches que acceden a la superficie comercial es constante. Opto por intentar dejar el coche en el primer aparcamiento y es llegá y pegá. Ya podemos dejarnos llevar, aunque con el objetivo marcado.
En los pasillos el trasiego de gente es elevado, aunque sin agobios. Es posible caminar sin tener que sortear obstáculos. Los carteles de rebaja comienzan desde la entrada. Algunos no han quitado los que tenían antes de Reyes. "Hasta el 50%", reza el más repetido. Incluso se expone uno del 70% de descuento. Dentro de las tiendas se ve mucho el "ahora a 29,90".
Las colas son cortitas. Tampoco hay grandes filas para probarse la ropa. Muchos optan por devolver las prendas compradas antes y recomprarlas ahora con descuento. Ya saben la talla y cómo les queda y así es más fácil (y más barato).
No hay ni rastro del abrigo camel buscado en las dos primeras tiendas. En la tercera encuentro uno, pero está despeluchado. Este paseo nos ha permitido ver que ya hay ropa amontonada de manera exagerada, alguna por los suelos. En algunas tiendas ni caben de la cantidad que hay, lo que no significa que sean unas buenas rebajas.
En la cuarta franquicia a la que entro me voy acercando a los que quiero. Me pruebo dos abrigos. Uno no termina de encajar. Al otro le falta el cinturón. Podría llevármelo a casa y probarlo, pero la cola de caja es cada vez más grande y prefiero parar a comer. Antes de salir veo una gabardina, quizás la escoja en lugar del abrigo.
Tercer intento. 16:20. Vuelvo a la tienda. Encuentro el abrigo con cinturón, una chaqueta negra -de nueva temporada y que he estado buscando desde hace meses- y la gabardina. El abrigo queda horrible, la chaqueta no termina de gustarme, la gabardina es perfecta. Pero la cola es ya inmensa y no pienso esperar. No hace falta para esta crónica. Paciencia a los que sí esperan.
Antes de salir de Bahía Sur hago una parada más, y compruebo si hay dos prendas en dos tiendas. Ni rastro. Me encuentro una amiga que se queja de que no hay nada que merezca la pena.
17:20. Salgo algo mareada, con una posible compra entre ceja y ceja y con el capricho dado.
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