San Fernando El Pregón de Semana Santa que siempre querremos escuchar

  • Un diálogo con la Semana Santa que asombra por la sencillez del lenguaje y por el calado emotivo y sentimental de los temas que aborda, así es el Pregón que Daniel Nieto hubiera pronunciado hoy en el Teatro de las Cortes 

La cruz de guía de la hermandad de la Borriquita, la más esperada, en el Domingo de Ramos del año pasado. La cruz de guía de la hermandad de la Borriquita, la más esperada, en el Domingo de Ramos del año pasado.

La cruz de guía de la hermandad de la Borriquita, la más esperada, en el Domingo de Ramos del año pasado. / Román Ríos (San Fernando)

Los pregones de la Semana Santa tienen una vida propia que trasciende más allá del pregonero. Permanecen en ese imaginario colectivo de la ciudad cofrade para ser recordados por unos versos señalados, por un pasaje determinado, por su vínculo con una hermandad concreta o hasta por su puesta en escena, por alguna que otra anécdota o por el buen o mal tiempo que hizo ese año entre el Domingo de Ramos y la Pascua. Hay incluso pregones que están destinados a convertirse en una leyenda a recordar, perpetuar y evocar durante generaciones de cofrades. Y el de Daniel Nieto es uno de ellos. 

El Pregón de la Semana Santa isleña de 2020 será inevitablemente el Pregón que siempre querremos escuchar porque será el único que jamás se va a pronunciar en ese escenario predilecto de La Isla que es el Teatro de las Cortes. Será el Pregón que en la ciudad cofrade siempre querremos escuchar porque es el pregón que nunca se dijo en una mañana de Domingo de Pasión, porque siempre desearemos que Daniel Nieto siguiera ahí, feliz como un niño el día de Reyes porque el Consejo de Hermandades lo ha nombrado por segunda vez pregonero y dispuesto a comerse el atril en cualquier momento. Y será siempre el Pregón que hubiésemos querido que se diera porque siempre añoraremos esa Semana Santa insólita que nos aguarda a la vuelta de siete días y que no va existir, en la que no habrá penitentes derramando cera por las calles, ni marchas resonando con estrépito, ni incienso, ni mecíos… Ni ninguna de esas cosas de las que tanto se suele hablar en los pregones. 

Sería todo un ejercicio de literatura comparada analizar los dos pregones de Daniel Nieto, el que pronunció allá en el año 2001 -sí, ese que se recuerda por aquellos versos de los leones que rugían, ya saben que los pregones tienen vida propia- y el de esta malograda Cuaresma por partida doble. Aunque la simple lectura del Pregón que el Consejo de Hermandades y Cofradías ha publicado en su versión digital en este Domingo de Pasión (puede descargarlo aquí) evidencia ese camino recorrido a lo largo de 20 años de vivencias y emociones cofrades, el tránsito de la entusiasta juventud a la madurez de un hombre que abraza en sus versos la Semana Santa más pura con un estilo que asombra por su sencillez y, a la vez, por el calado sentimental y emotivo de las cuestiones que aborda. 

El Pregón de Daniel Nieto tiene esa virtud que todo pregonero y todo poeta añora, la de ponerle palabras a lo inefable, la de hablar de la Semana Santa que tanto queremos con la misma sencillez con la que la sentimos y nos entra por los sentidos. El texto destaca especialmente por su calidad literaria. Ya se sabe, que Dani Nieto era un orador consumado, fogueado en las trincheras de la política, que siempre elevaba el nivel. Sus últimos pregones, el de la Exaltación de la Cruz o el dedicado a María Santísima del Buen Fin, lo ponían ya de manifiesto. Y su segundo Pregón de la Semana Santa supone, en cierto modo, el culmen de ese recorrido que, huelga decir, muchos cofrades esperaban escuchar en este Domingo de Pasión. 

El Pregón de Dani Nieto no es sino un diálogo con la Semana Santa que tiene la virtud de escarbar en las emociones para sacar afuera eso que todo cofrade piensa y añora. Y ese es, precisamente, el éxito de su fórmula pregonera, que lo que él piensa se identifica con lo de otros tantos que hacen de esto de las cofradías una forma de vida: 

"Tú qué quieres que te cuente si lo que vengo a contarte eres tú precisamente. Eres la Semana Santa de La Isla y siendo tú somos todos nosotros. Si vengo a algo, vengo a eso, a ser nosotros. A ser el nosotros de las cofradías, esa arquitectura sentimental de la ciudad y la obra predilecta de la que –sin duda- nos sentimos más orgullosos. Y qué quieres que te diga… si vayas a donde vayas seré de los que te sigan". 

Así comienza el texto de este veterano cofrade de la Misericordia, que conduce luego a ese lector que debería haber sido oyente por un recorrido sentimental a lo largo de sus pasiones y devociones cofrades. Los fragmentos que dedica a su hermandad de la Misericordia y al Cristo de la Vera Cruz son, quizá por eso, pasajes especialmente significativos de ese Pregón que vislumbra la Semana Santa más desnuda y auténtica. 

Por su Pregón deambulan también los "personajes" de la Semana Santa en uno de los fragmentos más simpáticos y sinceros del texto que no esconde el profundo cariño con el que se refiere a todo aquello que cuenta. Están, entre esos personajes, "el místico, el picao de las bandas, la novia harta, el disgustado por algo, el que reparte los cirios, el que llora, el que canta bien (y el que  canta malamente), el cargador veterano que dice que ya es la última vez y es  mentira, el  cargador jovencito modelo Pertegaz… los antiguos de la Hermandad abroncando al pobre Jefe de Procesión". 

Y casi como una premonición de lo que estaba por pasar en esta aciaga Cuaresma, Nieto nos recuerda en los inicios de su Pregón: "Quiero comenzar por lo importante, proclamando el gran anuncio de nuestra vida: Dios nos ama y resucita por nosotros.  Ese es el verdadero pregón. Conviene recordar que aunque hoy no hubiera pregón ni pregonero, habría Semana Santa; digo más, aunque no hubiera Semana Santa tal y como la vamos a conmemorar, habría Domingo de Resurrección".

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