Madrugada: La Isla revive su 'noche'

La imagen de Jesús Nazareno enfila la calle Real tras salir de la Iglesia Mayor. Son casi las tres de la madrugada.
La imagen de Jesús Nazareno enfila la calle Real tras salir de la Iglesia Mayor. Son casi las tres de la madrugada.
Arturo Rivera /San Fernando

04 de abril 2010 - 01:00

La madrugada del Viernes Santo comenzó a los sones de la marcha real, pero no de la que interpretó Lágrimas a la mítica salida de Jesús Nazareno, sino la que sonó cuando Tres Caídas llegó al palquillo, poco después de la medianoche. Era la primera vez que la hermandad se disponía a pasar por Carrera Oficial. Y, por ello, lo hizo con todos los honores: el presidente del Consejo de Hermandades se encargó de dar la levantá, tras la que sonó el emblemático himno. El Caído no escatimó en mecíos ni en marchas. Ni en Carrera ni en ningún rincón de su largo recorrido. Era su primera salida y el entusiasmo, la emoción, los nervios y el sentimiento estaban por encima de todo. El público lo notó, lo agradeció y lo respaldó. No tardó mucho en hacer suya la nueva hermandad que procesionó en la noche más larga de toda la Semana Santa.

Una madrugada que enlazó con una magnífica tarde de Jueves Santo y que tuvo su continuidad en la hermandad de San Francisco. El palio de María Santísima de la Esperanza brilló en la oscuridad de la noche con su candelería entera encendida. A pasitos cortos, mecíos suaves y marchas clásicas: de lo mejor de la noche.

El Cristo, sobrio sobre su monte del calvario, fue el contrapunto en una noche de derroches y alardes cofradieros. No pasó desapercibida la presencia de la escolta de guardiamarinas. Todo un detalle que recordó la vinculación histórica de la hermandad con la Armada.

No fue ni el reloj ni las campanadas de la Iglesia Mayor las que anunciaron la salida del Nazareno pasadas las dos de la madrugada. Fue el estrépito de una larguísima ovación que partió de la plaza de la Iglesia y recorrió toda la calle Real. Como siempre, no cabía un alfiler. Desde lejos, desde los palcos de la Carrera Oficial, se adivina la expectación que causa una mítica escena: la del Nazareno que se demora en la rampa de la Iglesia. Una imagen describe lo que fueron estos momentos que La Isla vivió intensa y multitudinariamente: no había un balcón vacío en el hotel Salymar. En todos ellos, había público asomado para presenciar un momento realmente único de la Semana Santa isleña.

La hermandad se tomó su tiempo a la salida. Era tan sólo el comienzo de la madrugada del Viernes Santo, de la llamada Noche del Nazareno, y todavía queda una larga velada por delante para disfrutar de la cofradía. Hasta pasadas las tres, el paso del Nazareno no enfiló la tribuna y la recta final de la Carrera Oficial para dar e l giro en una plaza del Rey, también -por supuesto- completamente llena de gente.

Acompaña al paso del Señor una nutrida escolta de la Policía Nacional, hermana honoraria de la cofradía. También procesiona delante del Señor el alcalde. La banda -Lágrimas- no escatima en marchas procesionales. Resuena la agrupación con toda la potencia de la que es capaz, que es mucha. No paran las marchas. No paran los aplausos.

En esos momentos, el palio de María Santísima de los Dolores estaba en la plaza de la Iglesia. La candelería lucía en todo su esplendor, completamente encendida. No hay viento. Pero hace frío. Es la típica noche del Nazareno.

Le precede en su recorrido -varias calles adelante- la hermandad de las Tres Caídas. En esos momentos en los que el Nazareno enfilaba Las Cortes, la nueva cofradía de la Bazán bajaba por la calle Ancha. Buscaba ya la plaza Sánchez de la Campa para emprender el regreso definitivo hacia su barrio. En Ancha había gente. Incluso había bulla delante de un paso que no escatimó en mecíos, en quietos y en pasos atrás para arrancar los aplausos.

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