San Fernando

Carta abierta al nuevo alcalde

CUANDO comenzamos estas letras no sabemos quién será nuestro nuevo alcalde. Puede que haya recibido nuestros votos. Los nuestros y los de otros muchos ciudadanos indignados de San Fernando. Sepa que esos votos indignados sólo tienen un valor numérico. Son votos pírricos, sin entusiasmo, agotados, formales. Es verdad, si es usted el alcalde es porque debe tener suficientes apoyos, pero, nos tememos que más de uno de sus votantes estamos tan desilusionados que ya no le creemos. Tiene usted su sillón, el cargo democráticamente conquistado y tiene la representación legal, pero, amigo, más de uno desconfiamos. Le escuchamos pero, ya le digo, estamos convencidos de estar oyendo medias verdades, medias mentiras, acusaciones a diestra y siniestra, sacudidas de culpas, asunción de méritos ajenos, imposición de medallas que no se merecen, defensa de intereses partidistas, etc., etc., etc. Teatro, esto es puro teatro. Entre usted y los ciudadanos que le hemos votado, puede que exista una distancia enorme. De ser cierto, eso no sería bueno.

Es posible -nos gustaría mucho- que fuese usted una de las honrosas excepciones que confirman la convicción generalizada de que la clase política es decepcionante. Nos gustaría que usted, nuestro alcalde, no fuese de esas personas que han olvidado la democracia real para conformarse con gestionar durante cuatro años un voto de escasa conciencia política. Nos gustaría que recordara que el objeto y el sujeto de la política es el ciudadano, no el partido que le sustenta a usted ni la ínfula de auto perpetuarse en el poder que suelen desarrollar todos los partidos que tocan poder.

Nos gustaría que fuese cortés y demuestre bonhomía. Que trate a los de la otra bancada como a rivales políticos, no como a enemigos. Y nos gustaría que reconociera abiertamente que entre todos -unos, votando y olvidando, y otros gestionando el voto como si tuvieseis el poder absoluto- tenemos hoy una sociedad profundamente injusta. Señor alcalde, baje al ágora. Véngase con los indignados de San Fernando, por ejemplo, al próximo desahucio de una familia que no pueda pagar la hipoteca de su casa, y desde el más escrupuloso respeto a la ley, colóquese debajo de una pancarta que diga: "SERÁ LEGAL, PERO ES INJUSTO". Y repita el gesto, aunque sea simbólico -ya sabemos que un alcalde poco puede hacer- allá donde perciba una injusticia… pero, la verdad, no sabemos si la dignidad de su cargo le permite percibir las injusticias que ocurren en la calle. Ya no lo sabemos…

¡Fíjese, señor alcalde! Se nos había olvidado, pero hay otra política posible, la que aparentemente no tiene poder ni reparte riquezas, la que nace a ras de calle, en las plazas, por encima de los partidos y fuera de los sesudos laboratorios de ideas, que más parecen diseñar torturas económicas que soluciones para la gente. Es la política que nos debería nutrir a todos. Baje al ágora, señor alcalde, y hablemos. Los indignados también somos el pueblo.

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