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Tribuna

Jesús linares

Fundador y presidente de la asociación Sustenta

La caja de Pandora

Tanto la emergencia pandémica como la climática son las dos caras de la misma moneda: la degradación del estado de salud del planeta

La caja de Pandora La caja de Pandora

La caja de Pandora / rosell

Nos estamos cargando el planeta, y ahora la naturaleza nos pasa la factura por ello. El hombre ha entrado como un elefante en una cacharrería en el sistema climático. Hemos deforestado amplias zonas de la tierra y alterado el equilibrio natural de los ecosistemas. De hecho, estamos causando la sexta extinción masiva desde que existe vida en la Tierra. El ritmo de extinción de especies es nada menos que 1.000 veces superior a la natural. ¿Cómo no va ha haber consecuencias?

¿Cómo está relacionado el Cambio Climático con el Covid-19?

El Covid-19 es una zoonosis, es decir, una enfermedad infecciosa que se propaga entre los animales y los seres humanos. Ésta es una palabra que a partir de ahora, forma parte ya de nuestro vocabulario básico. Está demostrado científicamente que la biodiversidad nos protege pues limita el contagio y expansión de las zoonosis. La degradación de la biodiversidad no sale gratis. De hecho, el 70% de las enfermedades emergentes de los últimos 40 años han sido zoonosis. Por ejemplo, la gripe aviar, la gripe porcina, el ébola, el sida, y ahora el Covid-19. Según la OMS, conocemos mas de 200 tipos de zoonosis, que nos dejan de tarjeta de visita más de 1.000 millones de casos anuales. La zoonosis es la amenaza mas importante para la salud mundial en el futuro. De hecho, la OMS incluyó hace un par de años en su listado de patógenos infecciosos prioritarios a la "enfermedad X", un virus todavía no descrito capaz de causar una pandemia mundial. El Covid-19 es la crónica de una muerte anunciada, la enfermedad X. Lo malo es que no será la última de esta quiniela macabra.

¿De que otras formas afecta el Cambio Climático a los virus?

Citaré otros dos planos de acción. En primer lugar, el cambio climático amplía las zonas de acción de muchos virus y de sus vectores de transmisión, debido a la migración altitudinal y latitudinal de especies asociada al calentamiento global. De hecho, muchas enfermedades tropicales ya las tenemos en casa. Por ejemplo, el dengue, que ha sido traído por el mosquito tigre a la cuenca del Ebro. Mosquitos y muchos otros vectores de enfermedades infecciosas tropicales ya se estabilizan en nuestro país debido al calentamiento global. La reducción de días de helada que antes funcionaban como un escudo protector se lo ha puesto fácil a estos invasores incómodos. Otro gran ejemplo son los casos de muchas ciudades en Latinoamérica que fueron fundadas a una cierta altitud para que estuvieran por encima del umbral de mosquitos. Hoy en día ya no lo están. Con el cambio climático no sólo nos tienen que preocupar los artrópodos como mosquitos o garrapatas. También las aves, como se demostró con el virus del Nilo. El cambio climático provoca cambios migratorios y por tanto nuevos lugares de exposición.

En el tercer plano están los virus glaciales. El deshielo de los glaciales de montaña, es un patrón mundial contundente y acelerado del calentamiento global. Afecta gravemente al Himalaya, cuyos glaciales dan además de beber al 40% de la población mundial. Por si fuera poco, un equipo de científicos acaban de descubrir en el deshielo de un glacial en el Tibet 33 especies de virus diferentes de hace 15.000 años, de las cuales 28 se desconocían. ¿Puede un virus sobrevivir en letargo tanto tiempo? La respuesta es sí. Un grupo de científicos ha conseguido revivir un virus gigante (Pithovirus sibericum) congelado en el permafrost de Siberia durante 300.000 años. Éste es el virus más grande y más antiguo encontrado jamás a la fecha del descubrimiento. Según Chantal Abergel, coautora del estudio, "no podemos quedarnos tranquilos considerando que hay virus erradicados de la tierra, cuando podemos volver a contagiarnos de un Neanderthal extinto". El cambio climático ha abierto la nueva caja de Pandora de los paleovirus. O quizás mejor dicho, la caja de Pandora es nuestra relación toxica con el planeta.

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