EDITORIAL
Cambio de rumbo en Ayesa
Pocos minutos antes del cambio de año y del fin del plazo del contrato de exclusividad se confirmó la venta por 480 millones de euros de la división digital de la multinacional andaluza Ayesa a un consorcio vasco que integran la Fundación BBK, el fondo Indar –creado por Kutxabank–, el Gobierno regional a través del Instituto Vasco de Finanzas (IVF) y el grupo Teknei como socio industrial. El acuerdo implica la división de Ayesa en dos compañías: la tecnológica, que pasa a manos vascas, y la de ingeniería, cuya venta al canadiense Colliers International Group aún no está cerrada, aunque todo apunta a que será el comprador. Esta resolución supone un cambio de guion: la familia Manzanares, cuyo patriarca José Luis Manzanares Japón fundó la compañía, dejará definitivamente el capital de ambas empresas. Aunque la vocación era permanecer en la compañía cuando el socio mayoritario desde 2021, A&M Capital (AMCE), planteó en 2025 la venta de su 70%, la operación fuerza la salida del capital andaluz. Los Manzanares recibirán cerca del 30% de los más de mil millones de euros en que se valoran ambas ventas. Un éxito financiero para AMCE y los fundadores, pero una pérdida estratégica para Andalucía. La división digital trasladará su domicilio social de Sevilla al País Vasco, aunque la mayoría de su plantilla está en Andalucía: 3.500 de los 10.300 empleos directos; otros 2.900 están en Madrid, 1.800 en Euskadi y el resto en Cataluña. Tras una etapa de transición, en la que seguirá como CEO José Luis Manzanares Abásolo, la dirección quedará en manos de la nueva propiedad. Con ello, el tejido productivo andaluz pierde una gran empresa y la región ingresos fiscales. La incógnita es si afectará a medio plazo al empleo autonómico. Queda por cerrar la venta de la rama de ingeniería, previsiblemente en enero. Es probable que mantenga su sede en Sevilla, pero es seguro que ya no tendrá accionistas andaluces. Andalucía pierde influencia en sectores clave tras una operación política con acento vasco. Cabe preguntarse qué planes tiene la Junta para evitar perder empresas estratégicas como Ayesa.
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