Su propio afán

Enrique García-Máiquez

Ubi sunt?

18 de mayo 2025 - 03:08

Una de las siete plagas de la postmodernidad es el igualitarismo. Cualquier reconocimiento se ve como un insulto al resto. Cuando lo que más necesita la masa es la excelencia de algunos que haga de levadura de todos. Sin embargo, rara vez se alaban los méritos ni se otorgan honores, salvo los políticos entre ellos, que sí se conceden cruces, quizá para desprestigiarlas más.

Un pequeño caso muy significativo es la práctica desaparición de las oposiciones a catedrático de instituto. Ubi sunt?, ¿qué se fizieron?, ¿qué fue de tanta dama y galán?, ¿qué de tanta invención que truxieron?, como diría Jorge Manrique. En Andalucía no se convocan desde el siglo pasado (1998), salvo para Música y Artes, que son una reserva espiritual, por lo visto. Pero en general, se quitó la tarima del profesor para que no quedasen ni unos centímetros de la autoridad del magisterio y se ha dejado morir la condición de catedrático porque también conllevaba un marchamo al saber ex cathedra. Se mutila el derecho a la promoción profesional del profesorado y se priva a los alumnos del privilegio de tener maestros oficialmente reconocidos y, por tanto, investidos de una autoridad mayor. Con lo estimulante que resulta cualquier contacto con una jerarquía.

Se ha confiado en la tecnología para elevar la calidad de la enseñanza. Vale. Pero se ha renunciado a una reverencia paralela a la tradición. Y eso que el coste económico de recuperar a los catedráticos sería mínimo, porque cobraban un complemento casi simbólico. En cambio, el mensaje de confianza en los profesores, de amor al oficio, de respeto al saber, de búsqueda total de la excelencia y de rechazo a la nivelación absolutista resultaría contundente y, paradójicamente, novedoso.

No es fácil enfrentarse a una mentalidad imperante, pero España necesita cambiar de mentalidad imperante, inclinarse ante el mérito y fijarse modelos ascensionales. Ya he defendido en otros sitios la conveniencia de conceder títulos nobiliarios, de aplaudirnos más y mejor, de premiar lo verdadero, etc. Quilón de Esparta, uno de los Siete Sabios, advirtió de que “un buen Estado debe sostenerse sobre dos piernas: el castigo y el premio”. Aquí llevamos demasiado tiempo a la pata coja de las envidias, las multas y los impuestos. Muchas de mis propuestas tienen un alma quijotesca, sí, pero no el cuerpo de catedráticos. Haría de anticuerpos contra el agachonamiento generalizado.

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