
El mundo de ayer
Rafael Castaño
Velero de dos velas
Cádiz/No sé si le ha pasado alguna vez, una congestión tal que tapona sus oídos aislándole del sonido del mundo y dejándole solo ante el mayor de los peligros, el propio ruido, el precipicio al vacío que es sentirse hueco. Como habrá adivinado, me encuentro en ese estado. Y desde ese barrera, no sé si auditiva o mental, he enfrentado una DANA, una alerta naranja y unas cuantas de cuestiones menores de política cultural y municipal; menores, digo, porque no hay nada como medirse con la pérdida de vidas humanas para poner todo en su lugar. Pero sí, qué impotencia, no enterarse de nada. No me enteré hasta bien entrada la noche del miércoles que el colegio de mi hija cerraba el jueves; todavía no me entero de quién tenía las competencias para evitar la tragedia de Valencia y quiénes han asumido las responsabilidades; no me enteré de cómo llegó Trump de nuevo al poder; ni quién está frenando el genocidio en Palestina. Si es que esta sordera...
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