Brindis al sol
Alberto González Troyano
Malos tiempos para la Política
La imagen la hemos visto todos. Un grupo de pastores evangélicos, todos ellos blancos, a excepción de uno, comparten oración en el despacho oval, invocando a Dios por la suerte de las tropas. En el medio del cuadro, sentado en su escritorio, está el presidente Trump, con los ojos cerrados. Los pastores le imponen las manos. No encontramos símbolos cristianos en la escena. Banderas marciales, un retrato de Reagan al fondo, cortinas doradas y algunos libros. Si no se es nativo, la foto provoca extrañamiento. De teocrática la han calificado, apresuradamente, algunos. El hecho religioso de los USA ha causado siempre perplejidad, sobre todo a los europeos. El viajero Tocqueville quedó fascinado por cómo allí el apoyo a la separación entre la Iglesia y el Estado era paralelo al fervor religioso de sus gentes. Algo impensable en los revolucionarios franceses. Años más tarde, Marx, en La Cuestión Judía, deja también por escrito su sorpresa ante esta realidad. La religión no es allí el espíritu del Estado, nos dice, es la esencia de la diferencia, aunque no habrá, vaticina, mayor florecimiento religioso que el que se dará en la secular América. Pero, ¿es realmente la religión esencia de la diferencia? El presidente Madison pensó el futuro religioso de su país como un mercado de religiones protestantes, sin que una pudiera imponer su primacía a la otra. Otro padre fundador, el más racionalista Thomas Jefferson, presagiaba por el contrario un futuro de convergencia unitaria. Parece haberse cumplido el pronóstico del primero. No obstante, volvamos a la foto. En ella vemos cómo una pluralidad de pastores de confesiones, digamos indígenas, acuden a la llamada presidencial. La imagen denota esa conciencia sobre la predestinación de la nación que es propia de las grandes creaciones religiosas norteamericanas, como el mormonismo. Fue Harold Bloom quien sostuvo la tesis de que, tras la pluralidad evangélica, hay un hecho post-cristiano, una creencia gnóstica, cercana al orfismo, en un Dios individual que habla directamente a los norteamericanos. Los USA, decía, no son ya una nación construida sobre la pluralidad cristiana, poseen una religión unitaria y oculta. Bloom, eso sí, murió sin ver un hecho extraordinario. La minoría religiosa más perseguida en la historia del país, los católicos, es hoy la creencia mayoritaria de la nación. La temían porque, apostólica y romana, esta Iglesia podía ser un contrapoder político y moral. Vuelvan a la foto. No encontrarán ningún sacerdote católico. El papa León XIV nació en Chicago.
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