Alto y claro
José Antonio Carrizosa
¿Lágrimas por los ayatolás?
S OMOS encrucijada, estamos donde la aguja de la brújula gira y da vueltas, entre Europa y África, entre Mar y Océano, y quizás sea esa la razón por la que no encontremos el rumbo.
Andamos perdidos, con la aguja mareá, no recordamos quienes somos, parece que fuimos grandes y que cada vez que ocurrió ese prodigio vino por el mar, y que todo lo bueno entró en barco bordeando la Alameda hasta llegar a nuestros muelles.
Hoy algo está llegando y no lo vemos, no son fenicios, ni romanos, ni Colón de vuelta de América, están llegando pero tenemos la casa patas arriba y las puertas cerradas, andamos sin planificar, cada uno por su lado, peleados y con miedo a que nos roben las ideas, vendiendo lo fácil y dejando lo que nos hace diferentes a un lado.
Es hora ya de sentarnos, organizarnos, arreglar la casa, ponerla bonita, dejarnos de peleas y de remar cada uno por su lado, hay que abrir las puertas, remozar fachadas, arreglar monumentos, abrirlos al mundo, pensar que de nuevo por el mar pueden llegar nuevas oportunidades, nuevas naves con buenas nuevas.
Cansa tanta lamentación, demos ejemplo y pongámonos a ello, seamos ocurrentes e imaginativos ¡Vamos Gaditanos!
Os propongo reedificar la puerta del mar para dejarla abierta.
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