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Isabel Sola

Así pinté el cartel de la Semana Santa de Cádiz 2026

Buscando en el bello patrimonio de la ciudad pude advertir la sobrecogedora expresión, llena de ternura y compasión, de Jesús hacia Su Madre en el Nazareno de la Hermandad de Afligidos

Bruno García y Juan Carlos Jurado, tras descubrir el cartel de la Semana Santa de 2026.
Bruno García y Juan Carlos Jurado, tras descubrir el cartel de la Semana Santa de 2026. / Julio González

20 de enero 2026 - 18:13

DIECIOCHO años han pasado ya desde que el Nazareno del Valle, Nuestro Padre Jesús con la Cruz al Hombro, hoy mi hermandad en Sevilla, con su mano extendida me evocara el profundo valor del sacrificio por amor e inspirara una escena en la que la vida y la inocencia, encarnada en la imagen de un niño, bajo la bendición y protección de Cristo, representaban el mensaje que Jesús dio a sus discípulos con una frase rotunda: “Os aseguro que el que no reciba el Reino de Dios como un niño, no entrará en él.

Buscando en el bello patrimonio de la ciudad de Cádiz, en su arte sacro, resulta difícil elegir, pues sus imágenes no solo están dotadas del valor de la belleza como creaciones artísticas, sino de aquel que impregna en ellas la devoción. Pero, recordando aquel gesto que tanto me había impresionado, pude advertir la sobrecogedora expresión, llena de ternura y compasión, de Jesús hacia su Madre en el Nazareno de la Hermandad de los Afligidos; hermandad que surge de la devoción a un cuadro que representa el encuentro de Jesús con su Madre, camino del Calvario.

El autor de las imágenes, Peter Sterling, era de origen holandés. En el siglo XVIII el esplendor de Cádiz atrajo a artistas de toda Europa, especialmente genoveses que dejaron un legado propio a nivel iconográfico en su Semana Santa. María, en su desconsuelo, con la mirada elevada al firmamento, ruega por su Hijo. En sus ojos navega el recuerdo del niño que un día tuvo entre sus brazos y encuentra ahora, hecho hombre, malherido por la ausencia de amor en el corazón humano. Jesús con un brazo sostiene la cruz sobre su hombro y con el otro posa su mano sobre su Madre, entendiendo su profundo dolor, el que vaticinó Simeón al decirle que una espada traspasaría su alma.

El cartel de la Semana Santa de Cádiz 2026
El cartel de la Semana Santa de Cádiz 2026 / Julio González

Un corazón roto de dolor, coronado por flores que simbolizan su pureza y amor maternal, que, a pesar del sufrimiento, siempre está abierto a la verdad de Dios. En la escena, aparece traspasado por el sufrimiento de los niños afligidos a causa del dolor de las guerras, la desigualdad o el maltrato, como eco de las palabras de Jesús al encontrarse con las mujeres que lloraban por Él –“No lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos… pues si esto hacen al leño verde, ¿qué no harán con el seco?”– poniendo de manifiesto la necesidad de protección de los más indefensos, iluminados por la luz del corazón de Jesús, luz del mundo.

Los niños y niñas gaditanos y los ángeles representan la voz de la infancia que ruega con esperanza por la paz y la igualdad. María es simbólicamente el espejo en el que nos debemos mirar; como el mar, símbolo de su amor infinito, se convierte en espejo del cielo sobre el que el nombre de la ciudad se va fundiendo con los elementos del paisaje: la Catedral, Santa Cruz, la torre Tavira…

La letra inicial con forma de horquilla hace referencia a este característico elemento de la Semana Santa gaditana. Ese juego de transparencias se completa con un angelillo que marca el acento sobre la letra A con una cañaílla en su mano. Esta variedad, bolinus brandaris, guarda un valor simbólico que va más allá de su relación con la gastronomía, pues de ella se extraía el color púrpura, más preciado que el oro y que se convirtió en el color de la realeza, los emperadores, senadores y generales romanos. El color del manto que pusieron sobre los hombros de Jesús al coronarlo de espinas los soldados, asociándose posteriormente a la penitencia. Producido y comercializado por los fenicios (en Tiro), cuyo nombre viene de la palabra púrpura en griego, que fueron los fundadores de la ciudad de Cádiz y su descubrimiento está relacionado con Hércules.

Algunos pintores, entre ellos Rubens, han representado la escena en la que, caminando por la playa, su perro muerde un caracol y su hocico queda teñido de púrpura, pidiéndole la ninfa Tiro a Hércules, fascinada por el descubrimiento, que le entregue un vestido de ese color.

Los ángeles se ordenan sobre una estructura triangular, símbolo de lo divino, y otra exterior que evoca la forma de la nebulosa llamada El Ojo de Dios, dando forma al rompimiento de gloria en la parte inferior.

El motivo del corazón tiene un doble significado, pues también representa el amor por Cádiz, una ciudad donde la luz dibuja el horizonte del alma, las horquillas sostienen el paso y el peso de la existencia, donde los espejos permiten ver el camino aún en la oscuridad y las caracolas guardan el tesoro del tiempo que quedó atrás impregnado en las entrañas de la tierra. Donde la voz y el canto son la sal que sana las heridas y da sabor a la vida, es la fortaleza de la resiliencia y la búsqueda incansable de la libertad. Ciudad a la que el inmenso océano del tiempo abraza como un niño desconsolado que busca el calor de su belleza, con el anhelo de un futuro de esperanza.

Luz y sal es Cádiz y su Semana Santa para quienes la miran con la ilusión del alma niña y siguen manteniendo el sueño que despierta el latir de los corazones de quienes le cantan con pasión a la vida.

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