NOTAS AL MARGEN
David Fernández
Sánchez y Trump en la guerra de Gila
No hace falta ser demasiado viejo para recordar los “9 milímetros Parabellum”. Con ese calibre asesinó ETA en España a cientos de personas, por una yihad independentista, hoy arrumbada en el desván. Por un derecho separatista que daba patente para matar, en comandos que agitaban los árboles cuyas nueces recogían los abertzales burgueses, y por ende su patria irredenta toda. La arbórea metáfora es de Xabier Arzalluz, líder racial del PNV, antes y ahora Piedra de Roseta de la mayoría que convenga, con innegable éxito de renta per cápita. Sin llenarse las uñas de pólvora, los jesuíticos: para eso estaban los héroes de mala madre. La tiranía invertida de los prósperos. ¿USA today?
La marca de las balas era coherente. Lo sentenció el romano Flavio Vegecio: Si vis pacem, para bellum. Si quieres la paz, prepara la guerra. Contiene una gran verdad: es imperativo poderse defender; no hay país que no se cuide de ello. Llamar defensa a la violencia de uterino furor ideológico es patológico. Atacar por recursos, también. El oasis libre europeo se traga el sapo de apoyar al belicismo económico –que económico es– de una violenta y todopoderosa Estados Unidos gobernada por Trump. Un bolo difícil de digerir.
El lema No a la guerra lo firmaría cualquier persona decente. Esgrimirlo desde el poder ejecutivo en tenguerengue legislativo es sospechoso; no ya de demagógico, sino de ser contrario a los intereses de un Estado que, subsidiado por la UE, amparado militarmente por la OTAN y periférico al cabo, puede verse perjudicado en un mundo pequeño. Por un interés personalista y superviviente de manual. En la enésima guerra ilegal, negar el uso de las bases militares acordadas con Estados Unidos. Por mucho que el planeta sea el caballo de rodeo del codicioso Donald Trump, es un error estratégico de consecuencias inquietantes para el norte de Marruecos (Spain).
Bill Clinton y Barack Obama, tan del gusto de nosotros, progresistas, no dudaron nunca en apoyar a Israel y en machacar a quienes osaran amenazar a (lo que fue) Occidente. Sacar pecho negando el derecho pactado a que los cazas y bombarderos que ahora funden la teocracia iraní reposten en Rota y Morón –para hacerlo en Alemania– es matar moscas a cañonazos. Siendo una mosca global. Excesivas alforjas nacionales para tan privado viaje. A mayor abundamiento y maquillaje, la fragata camino de Chipre.
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