Llamamos mafia a cualquier cosa. Por ejemplo, hablamos de las mafias del Estrecho que cobran por hacer pasajes sumamente arriesgados en embarcaciones quebradizas de África a Cádiz. Dicho así podríamos figurarnos organizaciones supercomplejas altamente estructuradas y suelen ser vecinos del otro lado que han hecho de esto su negocio, pero con una técnica muy lejos de la mayor de las organizaciones criminales jamás inventada. También ocurre con algunas pequeñas bandas de tráfico de hachís del Campo de Gibraltar, algunas compuestas por mataos que se conducen con torpeza y a los que se pilla pronto. Para mafia la que se ha desarticulado en Roma, un tentáculo de la Camorra y que robaba el hachís a base de palizas a las mafias de aquí. Dirán con razón los traficantes de La Línea que si quieren conocer a la mafia vayan a hablar con los que me rompieron la cara y se quedaron con mis fardos por la cara.

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