Alto y claro
José Antonio Carrizosa
¿Lágrimas por los ayatolás?
Juanma –no voy a ser yo el único que persevere en el Moreno Bonilla– ha confesado en El Hormiguero, ante un entregado Pablo Motos, su sueño de ver a Pedro Sánchez desaparecido de la vida política para poder alcanzar con el PSOE “bueno” acuerdos de gobierno semejantes a los que se establecen en otros países, de los que la tan decaída Alemania es el ejemplo fetén. No hay manera más paladina de decir que le aterroriza su destino inevitable: la negociación con Vox. No quiere ver, como bastantes pepelindos de su estirpe, lo que todos saben: a Sánchez lo elevaron las bases socialistas, sabiendo perfectamente quién era, para hacer lo que hace. Y mañana, siguiendo su tradición, elegirán a otro que nos hará añorar al hoy demonizado.
Juanma –así habré de llamarlo– me recuerda a esos alumnos que suelen sentarse en las primeras bancas, sonríen mucho y toman afanosamente apuntes. Creen que ya está hecho. No leen un libro ni pisan la biblioteca, desconocen las tutorías, jamás irán a una conferencia. Como Juanma –¡qué remedio!–, tienen un método seguro para ir tirando, para aprobar raspón, para no complicarse nunca. Lo que funcionó una vez en algún sitio, funciona siempre, pero hay que ser bueno y formalito. Juanma –¡qué bonito nombre!, me voy acostumbrando– es un producto neto del régimen del 78, añora el consenso y lo cree el bálsamo de Fierabrás. Si se hubiera criado bajo el franquismo, nunca hubiera ido más allá de los principios fundamentales del Movimiento; si comunista, su solución al derrumbe del Muro habría sido reforzar el poder de los soviets. Los chicos buenos y formalitos que no leen y carecen de imaginación son así, la mediocridad es su pecera y fuera de ella se asfixian y acongojan, como si tuvieran que vérselas con gente que cree en algo.
A algunos, por fortuna cada vez más, nos oprime la Andalucía mediocre de Juanma, incapaz de sacudirse la caspa acumulada por cuarenta años de régimen del PSOE “bueno”. “Que todo cambie para que todo siga igual”. El aforismo lampedusiano es cínico y brillante, pero Juanma –¡buen nombre para un ancho corazón!– lo ha mejorado a su manera: “que nada cambie para que todo siga igual”. Y, claro, tiembla ante el cambio que llega.
También te puede interesar
Alto y claro
José Antonio Carrizosa
¿Lágrimas por los ayatolás?
Con la venia
Fernando Santiago
La vida cañón
La Rayuela
Lola Quero
La vía andaluza en ‘prime time’
Crónicas levantiscas
Juan M. Marqués Perales
El Señor de la Columna
Lo último