La Corredera

Antonio / Morillo / Crespo

Los hombres negros

11 de marzo 2014 - 01:00

HACE muchos siglos, dicen algunos científicos, todos éramos negros, mejor dicho eran negros nuestros antepasados. Nacidos en África, allí con la melanina, la piel se ennegreció para evitar los rayos solares. De manera que cuando el Homo Neardental atravesó el Estrecho, la Península se llenaría de hombres negros. Siglos y siglos después Tarik y Muza, blancos y negros atravesaron el mismo Estrecho y se esparcieron hasta llegar a los Pirineos. Y más tarde otros africanos, los almohades y luego los benimerines hicieron lo mismo. Y así se repite la historia, porque el hombre siempre busca las mejores tierras y clima.

Hoy día también huyen del hambre, de la miseria, de los sátrapas y de las guerras fraticidas, verdadero azote y epidemia en estas naciones subsaharianas. Tras la independencia, golpes de Estado, luchas entre etnias con las mayores atrocidades posibles entre unos y otros. Y huyen, emigran hacia el norte, buscando pasar a España (miles en la frontera) paraíso divino que les encadila desde la televisión que ven en sus propias aldeas y sueñan en vivir aquí, como sea, pero aquí. Algunos lo logran y prosperan. Dominan deportes , maratón, baloncesto y no hay equipo de fútbol donde no estén presentes.

¿Qué pasaría si de la noche a la mañana viéramos entrar en nuestro pueblo o ciudad doscientos africanos hambrientos y al día siguiente otros doscientos? La solidaridad humana, la defensa de los derechos, la conciencia de que todos somos iguales, la democracia... ¿Cómo se compaginan ambas cosas? Nuestros guardias civiles se hallan en el centro de la contienda, ellos también tienen conciencia y dignidad. Y Europa, ¿ se lava las manos? ¿Sería preciso acudir a los países de origen con medios económicos y hasta con tropas para ayudarles?

¿Nosotros qué hacemos? Cuando un negro va por la calle con su bandeja al brazo llena de chirimbolos o cuando en un semáforo nos ofrece un paquete de pañuelos... todo para comer un bocadillo, no podemos olvidar el drama que viven y del que salieron ilesos después de mil peripecias. Aunque esto sea el chocolate del loro. Y hemos de pedir a nuestros diputados nacionales que se entiendan y a los europeos que se mojen...

P.D. El asunto tiene mandanga.

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